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Sobre donaciones, impuestos, solidaridad y Amancio Ortega

Amancio Ortega lo ha vuelto a hacer, ha donado parte de su riqueza para, esta vez, que se construyan siete residencias de mayores en Galicia, por un valor de 90 millones de euros. Y como es costumbre, el fundador del Grupo Inditex ha recibido numerosas críticas por parte de los socialistas de todos los partidos, con los mismos argumentos de siempre: si pagase los impuestos que debería no harían falta sus donaciones; lo solidario es cumplir la ley; que lo hace para limpiar su imagen; las donaciones que realiza le salen gratis porque se lo desgrava; Amancio Ortega es un explotador y todo lo que haga no tendrá justificación alguna…

Para empezar por lo más sencillo, no parece tan evidente que el empresario gallego realice donaciones por la buena publicidad que esto genera, puesto que cada vez que sale una noticia de este tipo se suceden las críticas a su figura, y quizá cabría preguntarse si realmente merece la pena someterse al escarnio público por parte de algunos, sobre todo sabiendo que es una persona que es bastante recelosa de su intimidad. Además, que lo haga por las posibles ventajas fiscales es cuanto menos cuestionable: es cierto que puede deducirse en torno a un 35% de lo aportado, es decir, dejará de pagar a Hacienda unos 32 millones de euros, pero el coste neto de tal ayuda sigue siendo considerable.

Además, Amancio Ortega sí que paga impuestos, y no pocos precisamente, aunque aquí hay que diferenciar las cuentas de Inditex de las cuentas personales del empresario. Por un lado, las cuentas de la sociedad arrojan un beneficio antes de impuestos de 4.428 millones de euros, de los cuales 980 millones fueron a pagar el Impuesto sobre Sociedades, soportando un tipo efectivo de más del 22%.

Es cierto que no toda esa cantidad de dinero tiene como beneficiaria a la Agencia Tributaria, ya que la empresa de Arteixo genera beneficios en todo el mundo, los cuales se someten a tributación en terceros países, y para evitar la doble imposición, dichos beneficios minoran la base imponible. Por su negocio en España, Inditex generó un beneficio antes de impuestos de 1.650 millones de euros, del que resultó un pago en concepto de IS de 360 millones de euros, o lo que es lo mismo, soportó un tipo efectivo del 21,8%, aportando en torno al 2% de la recaudación de este tributo.

También debemos tener en cuenta que una empresa no solo paga impuestos sobre sus beneficios, sino que debe hacer frente a cotizaciones a la Seguridad Social, impuestos que gravan el consumo, propiedades… En total, Inditex ha generado ingresos tributarios en España por valor de 1.692 millones de euros, de los cuales 928 tienen como sujeto pasivo a la propia empresa, es decir, en total Inditex ha soportado un esfuerzo fiscal sobre beneficios antes de impuestos del 56%.

Pero vayamos ahora a Amancio Ortega. Aquí es difícil saber realmente lo que paga en impuestos, puesto que para ello habría que conocer exactamente cuánto patrimonio y cuántos ingresos recibe al año. Sin embargo, solo teniendo en cuenta los ingresos que percibe de Inditex, podemos conocer que Amancio Ortega pagó al fisco español unos 320 millones de euros; ya que en 2018 Inditex repartió en dividendos 2.335 millones de euros, de los cuales un 59% corresponden a Amancio Ortega, es decir, unos 1.380 millones de euros, a los cuales se le aplica un tipo del 23% por IRPF.

Es conveniente hacer una aclaración, y es posible que tanto Inditex como Ortega traten de eludir impuestos, pero como todo el mundo hace cuando, por ejemplo, presenta la declaración de la renta, porque es posible aplicarse deducciones y exenciones que acaban por minorar la carga fiscal total. Otra cuestión es si hablásemos de evadir impuestos, lo cual sí supone un delito, pero en este caso, la carga de la prueba corresponde a la acusación.

Vayamos con el argumento de que Inditex es una empresa explotadora. Es cuestionable criticar a alguien que genera en todo el mundo 175.000 puestos de trabajo (50.000 en España), mientras hace funciones imprescindibles como son la de arriesgar su capital y renunciar a consumo presente por consumo futuro, al mismo tiempo que aporta un valor incalculable para la sociedad a través de la fabricación de textil a precios asequibles.

Pero vayamos a las condiciones laborales de sus trabajadores. Ahora que es cada vez más relevante el papel de la igualdad de género, el 75% de los empleados y el 79% de los puestos directivos son ocupados por mujeres, con una brecha salarial a su favor del 0,8%. Asimismo, el 73% de sus empleados tienen un contrato indefinido. De media, cada empleo obtiene un salario anual de 21.000 euros, y todos ellos están cubiertos por UNI Global Unión, una federación de sindicatos a nivel mundial que tiene como objetivo el garantizar unas buenas condiciones laborales para todos los trabajadores de las empresas con las que colaboran; y sus proveedores se someten a auditorias continuas para garantizar el cumplimiento de los derechos más básicos en materia laboral.

Por último, vayamos a la cuestión ética y de fondo de este debate, y es el papel que debe tener o no el Estado como ente que impone por la fuerza valores y moral. Realmente, el hecho de pagar impuestos no tiene nada de loable, simplemente implica cumplir la ley, y cumplirla no siempre es lo mejor en términos éticos, porque quien hace la ley puede que no sea un ser bien intencionado; es decir, pagamos impuestos porque nos obligan, por lo que el acto en sí no tiene nada de meritorio, y el fin al que se destina no siempre es algo honorable consistente en ayudar a los más desfavorecidos, ¿acaso los 90 millones de euros que ha donado Amancio Ortega se hubieran gastado en residencias de mayores en caso de que se hubieran pagado en impuestos? ¿Qué prefieren, una sociedad deshumanizada que es incapaz de preocuparse del prójimo porque eso ya lo hará la burocracia? Con esto no quiero decir que no deba existir una red de seguridad para aquellos que no se pueden valer por sí mismos, simplemente pienso que las acciones voluntarias son mucho más morales, justas y honradas que aquellas que se realizan a la fuerza, sin un verdadero deseo altruista.