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¿Somos responsables de lo que votamos?

Soy bastante crítico con la población en general. No me gusta centrar las críticas en políticos, partidos, empresarios o instituciones porque creo que es necesario combatir la costumbre de culpar a los demás que todo ser humano adopta cuando las cosas van mal.

Por ejemplo, mientras mucha gente recuerda los errores de Zapatero durante los primeros años de la crisis, yo recuerdo a muchas personas de mi entorno que se mostraban sorprendidos por la incapacidad de los políticos de prever la burbuja (porque era su responsabilidad preverlo) o confiaban la solución de la crisis al gobierno (que los que saben resuelvan el problema).

La conclusión obvia que se saca observando a la sociedad en su conjunto, y no solo a su clase política, es que sus miserias no se deben a unas políticas más o menos acertadas, sino que son el simple resultado del comportamiento de millones de personas que a duras penas saben convivir de forma civilizada.

Se puede pensar, entonces, que soy de los que afirman que las personas somos responsables de lo que votamos, y que, por tanto debemos apechugar con la responsabilidad de lo que hagan nuestros representantes en el gobierno.

Pues la verdad es que opino exactamente lo contrario: no somos responsables de ninguna decisión que tome un gobierno. Y no lo somos por una razón muy sencilla: cuando se vota no se decide sobre una medida legal concreta, sino simplemente se le da carta blanca a un determinado político (o a unas siglas políticas) para tomar decisiones bajo el amparo de nuestro voto.

Vamos a ser realistas; un Estado como el español maneja un presupuesto de 400.000 millones de euros (más o menos). ¿De verdad el ciudadano común puede tener la información mínima para conocer el 1% de decisiones que hay que tomar para administrar ese gasto? Ya no digamos la información necesaria para desarrollar las leyes que regulan el resto de la economía que no maneja directamente el gobierno, y que afectan a sectores tan diversos que el ciudadano común ni siquiera conoce la existencia de la mayoría.

Y aunque redujéramos el número de temas de los que decide un gobierno a su mínima expresión, es improbable que tantas personas se pongan de acuerdo en tal número de temas durante cuatro años, así que el sistema se basa simplemente en votar con el que más se simpatiza, para luego sentirse personificado en todas sus decisiones, a no ser que sean tan radicalmente distintas a las tuyas como para repudiarle y esperar cuatro años para votar a otro.

Por lo tanto si un gobierno toma unas medidas con consecuencias nefastas lo lógico es pensar que es el sistema que ha aupado a ese gobierno al poder, y sobre todo el que le proporciona ese poder a cualquier gobierno, el que es responsable, y no la población que ha votado al partido o partidos que gobernaban.

Por supuesto, los sistemas no funcionan solos, ni los ha impuesto un ser ajeno a la población del país donde rigen. Pero es bastante distinto culpar a los votantes de un determinado partido político de los males del país, que culpar a la sociedad en su conjunto. En el primer caso se responsabiliza a una parte de la ciudadanía, que aunque es ligeramente mayoritaria, se le opone claramente otra parte. Dando así la impresión de que hay una alternativa errónea y otra acertada dentro de la sociedad.

Por otro lado es otro error poner el foco en un acto que los ciudadanos realizan cada 4 años, en vez de señalar a las ideas erróneas que sostienen durante cada día de sus vidas.

Por ejemplo si en la España de un universo paralelo el asesinato fuera tolerado por el conjunto de la sociedad, tendríamos diferentes partidos presentándose a las elecciones proponiendo diferentes tipos de asesinatos: por riqueza, por raza, por actitudes sociales minoritarias, etc. Provocando así el caos y llevando al país al desastre.

Si un observador de esta dimensión tuviera que emitir un juicio sobre cuál es el problema de dicha España, obviamente diría que es el poco respeto por la vida ajena que manifiesta la sociedad. A nadie se le ocurría culpar a los votantes del partido que apoya matar a las personas con ingresos superiores a 100.000 euros, cuando podían haber votado a los que proponían matar a los inmigrantes, o haberse abstenido por pensar que ningún partido de los existentes asesina lo suficiente.

Por lo tanto, sí, mirémonos al espejo a la hora de buscar culpables a las crisis que vivimos como sociedad, pero no caigamos en la trampa de pensar que la solución pasa por reflexionar qué papeleta escogemos cada cuatro años. Son los actos y las ideas que expresamos cada día los que dan forma a la sociedad en la que vivimos. Si no nos gusta lo que vemos, significa que muchas cosas tendrán que cambiar en cada uno de nosotros antes de que unas urnas sirvan de algo.