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Tan insaciables que hasta nos dan sueño

El deseo de políticos y burócratas de controlar nuestras vidas es insaciable, y los ciudadanos lo tenemos tan interiorizado que a nadie le sorprende y, por supuesto, las quejas sonadas hace tiempo que dejaron de escucharse.

Recientemente, nuestro Gobierno ha modificado la Ley de desplazamiento de trabajadores en el marco de una prestación de servicios trasnacional y la Ley de Infracciones y Sanciones del Orden Social, a través de un Decreto-Ley con el que queda transpuesta la Directiva 2014/67/UE. En dichas modificaciones se establecen nuevas exigencias -las que ya existían no eran pocas- para las empresas extranjeras a la hora de informar a la Administración de lo que hacen con sus trabajadores desplazados, tipificando con nuevas infracciones administrativas su incumplimiento.

Ni que decir tiene que, salvo del color de la ropa interior del trabajador -o de la trabajadora-, la empresa tiene que informar de absolutamente todo: datos de la empresa, información personal y profesional del trabajador, identificación de los centros de trabajo donde el trabajador va a prestar sus servicios, fechas de inicio y duración previstas, determinación de la prestación concreta del servicio que va a prestar el trabajador, persona de contacto que va a servir de enlace con la administración, etc.

La presentación de la comunicación de desplazamiento con posterioridad a su inicio está tipificada como falta grave, y como muy grave “la ausencia de comunicación de desplazamiento”. El importe máximo de la multa, para el caso de las infracciones muy graves, puede llegar a 187.515 euros, más de treinta millones de las antiguas pesetas.

No estamos hablando ni te tráfico de personas, ni de emplear a gente sin visado o permiso de trabajo, ni de vulnerar los derechos de los trabajadores; sólo de una falta de comunicación administrativa.

Lo peor es que estamos tan acostumbrados que nos da pereza hasta comentarlo. Total, paga otro.

Comentarios

Anónimo

Qué caló!

Es fascinante lo que es capaz de tragar la gente con tal de que llegue de Bruselas.
Nadie rechista.
He who pays the piper calls the tune...

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