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Tiempo de elecciones en Polonia

Uno de los ejercicios intelectuales más estimulantes para un extranjero en su país de acogida consiste en analizar las similitudes y las diferencias que existen con el propio. Aun con todas las limitaciones que un individuo tiene para comprender el mundo que le rodea (incluído el más cercano sobre el que ha acumulado más conocimiento) la curiosidad innata de los seres humanos nos lleva muy pronto a trazar comparaciones que nos permiten asimilar las nuevas experiencias en función de las pasadas y las interpretaciones que vamos desarrollando sobre las mismas.

A lo largo de los años que llevo viviendo en Polonia he seguido esa pauta tan común entre los emigrantes, explorando con igual empeño, en mi caso particular, tanto los aspectos más cotidianos como los más trascendentales de la vida en este país. Así, he ido confirmando y desechando algunos prejuicios que traía de España, al mismo tiempo que iba enriqueciendo mi conocimiento con otros detalles casi imposibles de percibir sin contar con unas vivencias directas. En algún caso, como la dificultad de aprender el polaco para las personas criadas fuera de la cultura eslava, he descubierto que mis suposiciones se quedaban francamente cortas: un proceso de aprendizaje que no pase por una inmersión lingüística absoluta tardará una decena de años en alcanzar un nivel comunicativo avanzado, siempre que, además, se mantenga de forma constante. Por lo demás, y, a pesar de la relativa difusión del inglés y otros idiomas en las zonas urbanas, no creo que haga falta insistir demasiado en la conveniencia de expresarse y comprender la lengua local para cualquiera que quiera afincarse por estas tierras.

 Descendiendo a la realidad política, social y económica, servirá para hacernos una primera composición de lugar que el Índice de la Libertad Humana de 2015 sitúa a Polonia en el puesto 27 de una lista de 152 países, en la que España ocupa diez puestos más abajo. No resulta especialmente preeminente ese lugar, pero sí bastante encomiable si tenemos en cuenta que hace apenas veinticinco años el régimen comunista aceptaba su progresivo desmantelamiento y se formaba el primer gobierno de transición presidido por Tadeusz Mazowiecki.

Tras un periodo de ocho años de gobiernos de coalición de Platforma Obywatelska (plataforma ciudadana) y el minoritario Polskie Stronnictwo Ludowe (Partido Popular de Polonia –continuador del Partido Campesino–), el próximo domingo 25 de octubre los polacos han sido citados en las urnas por la primera ministra Ewa Kopacz. Esta política sucedió el año pasado al actual presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, cuando éste dimitió, afectado por escándalos, como las estafas de la financiera Amber Gold y la compañía aérea OLT Express, ambas del empresario Marcin Plichta para quién trabajaba su hijo, así como la publicación de las escuchas telefónicas a algunos membros de su gobierno en un conocido restaurante de postín de Varsovia, que revelaron las luchas por el poder y las miserias del partido gubernamental.

Aunque calificado de “liberal y centrista”, en 2013 el gobierno de Tusk no tuvo empacho en confiscar la mitad de los activos de los fondos privados de pensiones como trampa para maquillar el déficit público. Por otro lado, si bien el crecimiento de la economía ha sido bastante palpable durante estos años, el descontento y la insatisfacción no han hecho sino extenderse entre amplias capas de la población.

De esta situación ha sacado ya provecho el principal partido de la oposición (Prawo i Sprawiedliwość -PiS- Derecho y Justicia) un partido socialista de derechas que en las pasadas elecciones presidenciales de mayo, consiguió colocar a su candidato, Andrzej Duda, en la jefatura de una República que mantiene algunos poderes de iniciativa y veto legislativos. El programa y la retórica de este partido solo se pueden explicar por la particular historia polaca. En él se amalgaman un pasmoso populismo, que le lleva a defender el mantenimiento de las minas del carbón estatales deficitarias (apoyado por los restos del legendario sindicato Solidaridad) o chequés bebé para promover la natalidad, con un nacionalcatolicismo intolerante. Un ejemplo de como la derecha tradicionalista puede atacar la libertad fue su propuesta de prohibir la apertura de las tiendas y centros comerciales los domingos con el argumento de que es un día que debe dedicarse a la familia y acudir a misa. No obstante, en los últimos tiempos ha tratado de moderar ciertas aristas de su imagen, manteniendo en un segundo plano a su líder, el polémico Jarosław Kaczyński. De hecho, presenta como candidata a primer ministro a otra mujer, Beata Szydło, una catedrática de Etnografía.

Asimismo, en las pasadas elecciones presidenciales surgió un movimiento liderado por el antiguo cantante de rock Paweł Kukiz, que se proclamó contra la partitocracia, proponiendo reformas de la ley electoral como la reducción de los mandatos de los cargos electos, sazonadas con diatribas contra las multinacionales extranjeras y apelaciones nacionalistas. El relativo éxito de la candidatura de su líder catalizó la formación de un partido nuevo que se presenta a las elecciones parlamentarias, que se vislumbra como potencial aliado postelectoral del principal partido de la oposición.

Completan el arco político otros partidos minoritarios. Así, Zjednoczona Lewica (Izquierda Unida) resultado de la fusión, entre otros, de un partido perteneciente a la Internacional Socialista, el cual pretende establecer un debate político dividido entre izquierda y derecha al modo de otros países europeos. Sin embargo, no conisgue superar la losa del pasado comunista de alguno de sus líderes como el antiguo primer ministro Leszek Miller. La Unia Polityki Realnej (Unión Política Real) del polemista Janusz Korwin-Mikke, que combina una suerte de liberalismo clásico en lo económico, contrario a la Unión Europea, con posturas muy conservadoras e intervencionistas en materia de costumbres, emigración e igualdad de los sexos. Por último, cabe destacar la formación recientemente de Nowoczesna (Moderna) liderado por Ryszard Petru -un colaborador del ministro de economía Leszek Balcerowic en la fundación FOR- que propone un plan de liberalización de la economía, reducciones de impuestos moderadas y simplificación de trámites administrativos.

Las encuestas prevén una mayoría minoritaria de alrededor del 35 por ciento de los votos para el principal partido de la oposición, quien podría llegar a formar gobierno con el apoyo del partido de Kukiz y, acaso, de Korwin Mikke. No obstante, una debilitada Platforma Obywatelska, con un porcentaje en torno al 25 por ciento podría aglutinar una coalición de partidos más amplia.