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Un problema, una oportunidad

“The progress of freedom depends more upon the maintenance of peace, the spread of commerce, and the diffusion of education, than upon the labors of cabinets and foreign offices” – Richard Cobden

En mi artículo del mes pasado critiqué el excesivo optimismo entre los liberales, apuntando a ciertas razones por las que deberíamos estar preocupados. Por ello, este mes me propuse escribir un artículo optimista, un reconocimiento de los logros que las ideas liberales han alcanzado, desde la reducción de la pobreza y de las tasas de mortalidad hasta las mejoras en materia ecológica que hemos presenciado en Europa en los últimos años. Pero me encontré con un problema prácticamente insalvable: no me interesaba. No solo porque ya existan libros tratando esta cuestión, como Progreso de Johan Norberg o En defensa de la Ilustración de Steven Pinker, sino porque realmente es un tema que carece de emoción.

Reflexionando sobre esta falta de interés acerca del tema del que me disponía a escribir caí en la cuenta de una lección que considero de vital importancia. El optimismo tiene un problema fundamental: la gente no cambia su opinión por una lista de cosas buenas sino por reacción a problemas. Realmente esto no es más que un claro ejemplo de sesgo de negatividad, fenómeno por el cual, a igual intensidad, las ideas negativas tienen mayor impacto sobre nuestro estado mental que las positivas. Es por eso que los periódicos están llenos de noticias negativas y sensacionalismo. Pero incluso más importante es darse cuenta del corolario, y es que el cambio social no ocurre como consecuencia de buenas noticias, sino propulsado por grandes problemas. En Podemos esto lo tienen muy claro, desde sus orígenes siempre han centrado su discurso en torno a señalar los problemas sociales del momento. Al fin y al cabo, una época se define principalmente por sus grandes retos.

Fijémonos como ejemplo en uno de los momentos de mayor importancia para las ideas liberales, la primera mitad del siglo XIX. En particular en el Imperio británico tuvieron lugar dos de las mayores victorias liberales: la abrogación de las Corn Laws o leyes del cereal y la abolición de la esclavitud. Entre otros factores, la clave del éxito liberal fue centrarse en los principales problemas de la época y crear una narrativa basada en los principios liberales. En la cita que abre este artículo, Richard Cobden, miembro de la llamada escuela de Manchester y fundador de la Liga contra la Ley de Cereales, señala precisamente las preocupaciones que se encontraban en la mente del inglés como pilares de los que depende la libertad. El mensaje es claro y efectivo, une el progreso de la libertad con la solución a todos los desafíos que encontraba la sociedad de la época. La Liga contra la Ley de Cereales y la Sociedad contra el esclavismo, dos organizaciones centradas en resolver problemas concretos aportando soluciones liberales sentaron las bases para una segunda mitad de siglo en la que el liberalismo dominaría la política británica. De una manera similar, el movimiento 15-M o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca fueron la pértiga con la que Podemos asaltó la política española. De ambos casos se extrae una lección clara: dar respuestas concretas a los problemas de la época abre las puertas a controlar la narrativa.

Hemos de ser realistas, el liberalismo en España no marca la agenda política. No estamos en posición de determinar los debates. Hemos de aprender las lecciones que nos ofrece la historia y centrarnos en los problemas que definen este momento político: la covid, la okupación, el medio ambiente y el nacionalismo. Quien gane esos debates marcará el sentido de la política de los próximos años. Basta ya de estar a la defensiva, es el momento de poner nuestras soluciones sobre la mesa, de centrarnos en los problemas. Ser optimista es importante a nivel personal, pero a la hora de comunicar es mucho más efectivo centrarse en lo negativo pues es esto lo que la gente va a procesar con mayor detalle. La felicidad es reconfortante pero efímera, la preocupación y la ansiedad, sin embargo, son capaces de mantener a alguien en vilo.