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Una reflexión a favor del centralismo en España

Nuevas elecciones, pero viejos debates: centralismo, autonomías, nación de naciones y el cada vez más olvidado municipalismo. Conceptos repetidos por todos, pero poco entendidos por la sociedad en general.

El centralismo es el viejo enemigo para una parte del liberalismo español, mientras que para el otro es el caballero blanco que nos puede salvar del nacionalismo antiespañol.

Los que criticamos el centralismo lo hacemos por dos motivos, uno teórico y otro práctico. 

El primero se basa en la creencia, bastante razonable, de que, si divides a un Estado democrático en unidades administrativas autónomas pequeñas es más probable que algunas de ellas terminen con gobiernos liberales que atraigan población y recursos del resto (voto con los pies), obligándolas a imitar a la exitosa para sobrevivir.

El segundo es una mera aceptación de la realidad social española, que por no hacer extenso este texto voy a resumir con un ejemplo: si parte de la solución al problema independentista catalán pasa, como creen algunos, por intervenir la competencia de educación. ¿Con qué profesorado piensan aplicar dicha intervención? ¿Se van a movilizar a miles de profesores de otras partes de España, como si fueran policías, para esta función?

Y si fuera posible trazar algún plan a largo plazo menos traumático, y que tuviera algún efecto. ¿Cuánto iba a tardar la izquierda española en tirarlo abajo? Y es que a una parte de la derecha se pasa toda la vida hablando de lo mala que es la izquierda, pero luego, sorprendemente, se quieren embarcar con ella en una travesía que, si ya pinta muy mal haciéndose en solitario, es totalmente disparatada con semejante compañía.

Pero para ser honrado intelectualmente, la misma aceptación de la realidad social en España que hacen al centralismo español inviable, hacen inviable al actual Estado de las autonomías y seguramente harían inviable cualquier descentralización fiscal que se base en él. Y en mucha mayor medida cualquiera que se base en los municipios.

Es importante entender que la descentralización solo funciona si se parte de la premisa de que los territorios autónomos tienen capacidad de decidir su fiscalidad. Si son meros entes administrativos que gestionan los recursos que le son entregados por un organismo superior (nacional o supranacional), no solo no valen de nada, sino que se convierten en máquinas de competir por incrementar su tamaño (su gasto), culpando de todos los males provocados por su incompetencia al ente que sí decide la fiscalidad.

Por si alguien no lo sabe, la España de las autonomías es exactamente eso. Solo se salvan el País Vasco y Navarra. Y una España de los municipios sería eso multiplicado por varios miles, ya que es imposible que hoy en día se permita a un ayuntamiento decidir (a la baja) impuestos como el IRPF o el IVA (ya no digamos Sociedades).

Un inciso: todo esto no quita para que no se pueda defender (de forma realista) ciudades (realmente) autónomas allí donde sea posible. Por ejemplo, Ceuta y Melilla serían dos sitios donde esto sí sería posible a medio o largo plazo si alguien en la derecha de allí pusiera interés en ello.

¿Y cuál es la razón de que las CCAA actuales no puedan ser fiscalmente autónomas? Aquí podemos teorizar o podemos fijarnos simplemente en cómo el PSOE, y parte del PP, llevan dando la tabarra años con unos impuestos tan absurdos para ellos (recaudan poco) e impopulares como lo son Sucesiones y Patrimonio. La idea clara que tiene la clase política dominante en España es que podemos ser un Estado federal de nación de naciones, siempre y cuando en temas fiscales nadie se mueva un milímetro de lo establecido centralmente. O, dicho de otra forma; el Estado puede crecer hacia abajo con total libertad mientras todo el mundo tenga claro que lo de crecer (gastar) no es opcional.

Y sí, comunidades como Madrid han conseguido arrastrar a otras a bonificar en los principales casos (que no en todos) Sucesiones y eliminar en la práctica Patrimonio. Además, han conseguido que trámites como pasar la ITV sea más ágil y barato o que el IRPF sea ligeramente más bajo para sus ciudadanos. Pero tan cierto es esto como que si en 40 años de autonomía sólo pueden destacar eso en su currículum es un resultado muy pobre. Por no hablar de los efectos perjudiciales que esto tiene en otras comunidades cuya población productiva emigra en masa, dejando sus gobiernos locales en manos (votos) de una población que cobra sueldos públicos que salen mayormente de fondos estatales (funcionarios, trabajadores de empresas públicas y pensionistas) y por tanto son inmunes a los efectos de la competencia fiscal. Ahí está el éxito de Miguel Ángel Revilla para que nadie pueda hacerse el despistado en este tema. ¿O es que el problema en Cantabria es también el nacionalismo?

Así que el panorama es este: el centralismo es imposible, la España de las autonomías naufraga sin remedio y profundizar en ella de una forma sostenible (competencia fiscal) cuenta con la oposición frontal de casi todo el mundo. 

En mi opinión solo hay dos tipos de personas que no están de acuerdo con que estemos en este escenario: los que se agarran a las autonomías, bien porque viven de ellas, bien porque como toda alternativa parece imposible es mejor disfrutar de lo que hay mientras dure (y negar la realidad pueda hacer que dure más), y los que siguen agarrados a una España que no existe nada más que en sus cabezas, y que tienen demasiada fe en unas administraciones jerárquicas que no están de su lado, y que aunque lo estuvieran no serían suficientemente poderosas para revertir la situación creada durante décadas en muchos territorios.

Los primeros han dominado y dominan el discurso político, pero el problema del independentismo catalán les está complicando la vida a marchas forzadas. En pocos meses, o años, se va a tener que abordar qué va a pasar con Cataluña. Existe la posibilidad remota de independencia y la posibilidad muy real de autonomía fiscal similar a la vasca. Esta no va a suponer un peligro de competencia para el resto de CCAA en cuanto los catalanes sigan escogiendo a una clase política mayoritariamente socialdemócrata, pero sí va a suponer que muchas autonomías van a ver sus servicios recortados (el lector que no esté de acuerdo con esto que investigue un poco sobre financiación autonómica fuera de la prensa conservadora).

Y todo esto sí puede debilitar a los partidarios de las autonomías porque se van a dar situaciones que las van a hacer muy impopulares: aquellas CCAA que son ricas van a ser saqueadas por el Estado central para intentar mantener al resto, y aun así esto no va a ser suficiente para mantener el actual nivel de gasto que tienen, por lo que se van a tener que recortar servicios en todas ellas.

En un escenario como este (que en este caso sí puede ser discutible, pero parece probable) solo existen dos opciones: o huir hacia delante mientras se termina de degradar el sistema o buscar alternativas realistas.

A mí particularmente me gustaría que una de estas alternativas sea descentralizar realmente España y alcanzar el mayor número posible de territorios fiscalmente autónomos. Y quién sabe, lo mismo todo se desarrolla de tal modo que esto tenga alguna posibilidad real de ser posible. Pero lo más probable es que los amigos del centralismo tengan más bazas para llevar la ascua a su sardina. Así que la reflexión que hago es que, en vez de oponerse frontalmente a su planteamiento, sería más inteligente reconducirlo de tal modo que se llegue a una vía que pueda ser útil para todos.

¿Y qué modo puede ser este? Por ejemplo, olvidarse de centralizar todos aquellos territorios que no quieran ser centralizados, siempre que les quede claro que fuera de la centralización están fiscalmente solos en aquellos servicios que vayan a estar obligados a prestar. Dicho de otro modo, crear una super autonomía fusionando las existentes (algo que, por cierto, es constitucional) y dejar que esta, y el resto que no se hayan fusionado, se igualen al País Vasco, Navarra y la futura Cataluña en sus competencias fiscales.

Aquí es importante entender, y eso es su principal problema, que no se trata de refundar España con menos territorios y en forma de autonomía. La nueva administración no puede crearse en base a la nación española, y la centralización de esta. Se tiene que basar en el abandono de la creencia de que hinchar unas características históricas (o rescatar un idioma marginal) hacen que seas fiscalmente capaz de pagar servicios públicos muy caros. Así que hay que escoger entre reducir dichos servicios o delegar la decisión de su gestión a la población que los paga, y que va a estar agrupada (si la estupidez política actual de impedir la competencia fiscal se mantiene) en los pocos núcleos de población que hayan alcanzado el tamaño mínimo para soportar un alto nivel fiscal sin dejar de crear riqueza.

Evidentemente lo de la super autonomía es una idea como otra cualquiera, y no tiene la menor importancia. Lo que sí es importante es tener claro que las opciones que están encima de la mesa en la actualidad no llevan a ninguna parte. Las administraciones públicas que no se financian con impuestos que recaudan son inviables a largo plazo (y ya estamos agotando el nuestro). Y las que llevan años demostrando que son perfectamente autónomas fiscalmente, son imposibles de centralizar.

Podemos discutir eternamente si en teoría un país funciona mejor cuando está centralizado o no, o podemos dejar que dentro del marco constitucional actual los diferentes territorios decidan qué quieren hacer, pero pagando las consecuencias de su bolsillo.