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Venezuela: el reto de superar la nada

Venezuela anda de elecciones este domingo 6 de diciembre. Todas las voces apuntan a una victoria de la oposición a Maduro. Hasta la izquierda chavista reniega de un presidente que ha dado grandes muestras de una ineptitud difícil de superar.

Tal y como cuenta el presidente de CEDICE Libertad, Trino Márquez, en una nota publicada en la página de RELIAL (la Red Liberal de América Latina), los dos principales contrincantes son el oficialista Gran Polo Patriótico Bolivariano, liderado por el PSUV, y el MUD, que es una mezcla no muy amalgamada de "todo lo demás". No faltan los pequeños independientes incluidos lo propiciados por el propio gobierno en un intento de capturar el descontento frente a sí mismo. Esa actitud de "denuncien mi poder absoluto pero bajo mi tutela y dirección" es una muestra del espíritu de apisonadora de la libertad que lleva gobernando el país desde 1999.

Se trata de unas elecciones que tienen lugar en un país donde ha habido sangre de la oposición en las calles, donde se encarcela a los políticos opositores y donde no hay libertad de expresión, sino amenaza permanente. El miedo, la desinformación, la impotencia y la rabia han tomado posesión de una ciudadanía que ya no tiene nada que perder. Y esa es otra cara de la moneda: la económica.

Todo lo que se diga de la caída en picado de la economía venezolana, siendo un país con unos recursos naturales privilegiados, es poco. No hay dónde mirar. Nadie puede hacer planes de inversión, ni de consumo, ni gestionar normalmente un presupuesto cuando la inflación es del 200%. Las barreras a la competencia, las expropiaciones, el tipo de cambio múltiple, las aberraciones económicas comenzadas por Hugo Chávez y llevadas por Maduro y Diosdado a su máximo esplendor, han dejado a la población en una situación de miseria que hiere la sensibilidad de todo aquel que tenga ojos en la cara. Por ello, a pesar de todo, es muy posible que gane la oposición. Y lo haría muy a pesar de todo, donde "todo" incluye fraude electoral, amenazas, violencia, abusos, distorsión de la información, y todos los recursos que cualquier capo de la mafia dispondría y que son los métodos habituales del oficialismo bolivariano venezolano, desde que Chávez, el hombre carismático que aún desde la tumba mantiene engañados a muchos, dio una patada a la Constitución para perpetuar su mandato. Eso es lo que tienen los políticos mesiánicos, que se creen imprescindibles, sabedores de las necesidades de los demás y dispuestos a vivir de esa mentira a costa del dinero ajeno.

No importa qué vigilantes internacionales van a supervisar que el proceso sea limpio. Obviamente, no van a dejar rastros. Igual que cuando se disponían paneles en la Olimpiada de Pekín en el año 2008 para ocultar las zonas más pobres de la ciudad a los ojos de los turistas internacionales. Así es como se ha mantenido el poder bolivariano en el gobierno. Y sin embargo, a pesar de todo, parece que esta vez es la buena y que la oposición ganará a un chavismo que ya amenaza con violencia en las calles.

Supongamos que sucede. ¿Y entonces? ¿Quién va a gestionar esa patata caliente que es una economía arruinada y una población tan empobrecida que no va a pasar ni una? No se van a abastecer los supermercados como por arte de magia. Quienes viven actualmente de la economía informal no van a estar dispuestos a abandonar su medio de vida así como así. Habrá una resistencia a cambio casi por inercia por todos los estómagos alimentados por las arbitrariedades del régimen oficialista.

El reto es superar el abismo de la nada. Disponer de un plan B que esa mezcla heterogénea donde ángeles y demonios comparten enemigo político pueda llevar a cabo es un reto para el que no sé si Venezuela está preparada. Componer un gobierno que empiece a limpiar, reconstituir una justicia agujereada por la corrupción, y con los chavistas en la oposición política y la violencia en las calles va a ser una tarea realmente difícil. La creencia generalizada de que cualquier cosa no puede ser peor desafía la realidad. No es impensable que la situación se solucione solamente bajo un gobierno autoritario. Pero así es como llego, precisamente, Hugo Chávez al poder. No me parece la más confiable.

Los políticos de la Mesa de la Unidad Democrática han de mostrar una seriedad y talento político que no sé si tienen, de otro modo, un nuevo abismo se abrirá en el futuro cercano de los venezolanos, como los temblores de recuerdo tras un gran terremoto hasta encontrar el suelo firme en el que vivir prósperamente y en paz. Vayan por delante mis mejores deseos y mucho cariño para mis amigos venezolanos.