Usted está aquí

Venezuela: el viernes rojo

El 18 de febrero de 1983 pasó a ser conocido en Venezuela como el viernes negro. Después de haber gozado de años de derroche y haber vivido como un verdadero emirato, los venezolanos experimentaron en carne propia cómo su moneda, el bolívar, reducía su valor de 4,30 bolívares por dólar a 7, 50 bolívares por dólar. Este anuncio tuvo como justificación la creciente fuga de divisas que sufría el país. Para evitarlo se acompañó la medida de un control de cambio y una restricción a la salida de divisas.  Una situación tan especial volvería a vivirse en 1989, menos de una década después, cuando el presidente Carlos Andrés Pérez, empujado por las circunstancias sometió de nuevo al país a una serie de medidas de ajuste, entre ellas otra devaluación, esta vez de 142,85%, conjuntamente con otras serie de decisiones en materia económica que pasaron a ser conocidas como “el paquetazo”. En este último caso, las medidas obedecieron a un conjunto de acuerdos con el Fondo Monetario Internacional destinados a sincerar la economía y reducir el intervencionismo. Estas acciones se complementaron con un plan de descentralización y reforma del Estado. A partir de la interrupción del Gobierno de Pérez comenzó la larga agonía de la democracia.

El paquete rojo de Maduro anunciado este viernes 17 de agosto no se enmarca dentro de un plan destinado a abrir la economía nacional al sector externo, liberar las fuerzas del mercado, descentralizar al Estado o desmontar el régimen de corte comunista inaugurado por Hugo Chávez. El paquete madurista es de corte centralizador y acentúa la destrucción de la economía venezolana. Después de haber generado una devastadora hiperinflación y provocado la pérdida de la mitad del producto interno bruto (PIB), ahora el régimen reconoce que hay un descomunal déficit fiscal alimentado por sus insostenibles medidas populistas. Después de haber acusado a los empresarios de una supuesta guerra económica, admite el régimen que su mejor referencia para fijar el valor de su moneda virtual, el petro, y el devaluado bolívar es el portal Dólar Today, antes perseguido, bloqueado y demandados sus dueños ante una corte de Estados Unidos, en octubre de 2015, exigiéndoles que dejaran de publicar el valor del dólar no oficial, bajo el argumento de que afectaba su capacidad para manejar la economía del país y causaba un alza exagerada de la inflación. Los gastos de la demanda representaron una cifra superior a los 3 millones de dólares.

Durante muchos años se persiguió a  empresarios, bachaqueros, ciudadanos comunes, banqueros y cualquier persona que osara comerciar con dólares a precio del mercado paralelo. Estos chivos expiatorios fueron usados para generar odios y movilizar al país enfrentando a unos contra otros. Se prohibía en medios de comunicación mencionar la existencia de un dólar paralelo y se decomisaban divisas en los aeropuertos bajo amenaza de prisión e incautación de la moneda extranjera. Hasta hace poco se mantuvo en prisión a antiguos dueños de casas de bolsa bajo acusación de actividades criminales relacionadas con la compra venta de divisas. Esta vez la devaluación es del 1.300%, y ahora resulta que es beneficioso para el país derogar la Ley de Ilícitos Cambiarios que permitió al Gobierno cometer todos estos atropellos.

Las medidas del viernes anunciadas por Maduro se enmarcan dentro de la ya larga historia de medidas populistas inauguradas por Chávez, a partir de 1999, que se han convertido en una especie de toma de oxígeno del régimen para ganar tiempo y seguir adelante. No es casual que en el peor momento de la administración madurista, cuando se vive una situación de hiperinflación, con un alcance difícil de precisar, se presente ante el país, como única alternativa, un paquete de medidas de corte eminentemente populista, considerando que los objetivos anunciados son irrealizables. Aciertan los estudiosos del populismo cuando aseguran que no es lo mismo una estrategia populista para llegar al poder, que un régimen populista que toma medidas irresponsablemente sin que el alcance de sus consecuencias sea motivo de preocupación. El escritor y periodista cubano Carlos Alberto Montaner, cuando se refiere al régimen cubano, asegura que no son incompatibles comunismo y populismo de izquierda. Los culpables de los fracasos propios no son los errores y la ideología anacrónica que orienta las acciones del régimen, son los oligarcas, la guerra económica, los acaparadores, el enemigo externo, es decir, los otros, los que son diferentes al pueblo. Tampoco ha sido casual que previamente a la toma de estas medidas hayan inventado un atentado de comiquita, y la culpa es de la oligarquía colombiana y los planes se fraguaron en el imperio. El populista necesita el circo, pero también necesita el pan para mantener su clientela. Por eso repite Maduro: “Qué hubiera pasado si no inventamos los CLAPS para mitigar el hambre creada por la guerra económica”, cuando realmente esta es apenas una limosna vergonzosa para aliviar la escasez creada por sus propias acciones que han generado ruina, desempleo e hiperinflación.

El paquete de medidas maduristas reconoce tácitamente que el dólar no tenía el precio que el Gobierno decía, que para sincerarlo había que acudir a las odiadas ciberpáginas, que la población había sido engañada pero que esto sería resarcido dolarizando los sueldos. El odio es lo que orienta estas medidas, basta revisar cuando Maduro le envía un mensaje muy claro a los empresarios: “Ustedes dolarizaron los precios y yo petrolizo o dolarizo los salarios”. Maduro lamenta que los ingresos petroleros se agotaron y no alcanzaron para eliminar a todos sus enemigos. Pero hay que seguir mintiendo para no reducir el conflicto y mantener la movilización y la falsa esperanza.

Uno de las promesas de dudosa seriedad que, asegura Maduro, tomará con mayor empeño es la del objetivo de “déficit cero”. Una propuesta inédita en un país dominado por la ideología marxista. Aunque el déficit fiscal es del 20% y el régimen asegura que no reducirá gastos sociales y tendrá que gastar 3.500 millones de dólares para pagar la nómina ante los nuevos sueldos, los cuales han sufrido un arbitrario y ruinoso ajuste para las pequeñas empresas del 5.900% (pasan de 3 millones de bolívares a 180.000.000). Este anuncio es desastroso para el país. Las menguadas empresas nacionales que han sobrevivido a expropiaciones, controles de precios y cierres arbitrarios, ahora deben afrontar esta agresiva medida que no obedece a modificaciones en la productividad del trabajador, sino a imposiciones estatistas y de marcado carácter político e ideológico.

No conforme con estas devastadoras medidas, anuncia nuevos impuestos, pero conjuntamente con aumentos en los gastos corrientes del Gobierno, lo cual pone en serias dudas la consecución del déficit fiscal cero. Dichos gastos no podrán ser sufragados ni siquiera con los ingresos obtenidos por el aumento de la gasolina. Adicionalmente, se suben el impuesto al valor agregado (IVA) en cuatro puntos porcentuales, se crea un impuesto sobre las ventas del 1% como adelanto del impuesto sobre la renta, más un 2% en el impuesto a las transacciones financieras.

La hiperinflación alcanzará niveles nunca antes conocidos porque el Gobierno no podrá mantener la  disciplina en el gasto a fin de evitar el financiamiento monetario del Banco Central.

Según la firma Ecoanalítica, la brecha entre ingresos y gastos es de 16.000 millones de dólares. Todas las medidas anunciadas por el Gobierno por el lado de los ingresos generarán, en el mejor de los casos, 10.200 millones de dólares. Pero al mismo tiempo, los nuevos gastos generarán erogaciones por un monto de 2.120 millones de dólares. Es decir, el saldo neto será de 8.000 millones de dólares, o sea, la mitad de la brecha fiscal.

Maduro le recuerda a la ciudadanía que ahora ha establecido un supuesto acuerdo de precios justos con empresarios afines al régimen. Como si los precios justos no fueran aquellos establecidos entre compradores y vendedores en un mercado libre de la intervención y la amenaza oficial. Mientras tanto, habrá cárcel, expropiaciones y cierres para los que violen las reglas.

A la fecha, a lo largo de casi 20 años de régimen chavista, ya suman 43 los aumentos de sueldos. Este ha sido el más notorio. Para la fecha en que se anunció el ajuste, 16 de agosto, este era de 30 dólares, en una semana ya es de 15 dólares. Se lo comió la inflación.

Este paquete rojo es populista. Crea en la ciudadanía una falsa sensación de prosperidad. Los trabajadores vivirán una provisional ilusión monetaria que crea falsas expectativas porque pretende atacar la crisis acelerando la demanda en lugar de estimular la oferta. Es cuestión de tiempo que la economía recupere los cinco ceros que le ha quitado el régimen a la moneda. La nueva carga impositiva para las empresas, los crecientes costos laborales y la macrodevaluación arruinarán aún más a las ya golpeadas empresas y las condenarán a la quiebra y al cierre, con sus nefastas consecuencias sobre el empleo y la calidad de vida del venezolano. Si los tres ceros que quitó Chávez a la moneda fueron recuperados en tres años, con una inflación moderada, ahora se presume que con la hiperinflación actual y los nuevos eventos que impulsan aún más los precios, en un año se habrá esfumado el efecto de los cinco ceros del nuevo cono monetario. Hoy estamos en pleno proceso de reajuste de precios, las empresas cerradas esperan señales de mercado para tomar decisiones. Otras, lo más probable es que hayan cerrado para siempre.