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Venezuela: mucho petróleo y poca gasolina

Uno de los rasgos más visibles del populismo consiste en justificar sus fallas y sus carencias achacándoles a otros sus propios errores. Siempre la culpa será del imperialismo, la oligarquía, los saboteadores internos y externos, pero nunca reconocerán sus propios fracasos, los cuales siempre ponen en evidencia que sus políticas se inspiran en el odio, la envidia y el resentimiento.

Entre los socialistas y comunistas latinoamericanos siempre se ha tratado de señalar al imperialismo del rotundo fracaso de sus propias políticas económicas. Los comunistas cubanos y sus defensores llevan más de medio siglo atribuyendo su fracaso a las sanciones económicas que ha impuesto Estado Unidos a la isla. Pero basta revisar solo superficialmente la historia económica de Cuba y comparar los resultados antes y después de la revolución. Con solo explorar las cifras de producción de azúcar podemos visualizar cómo los Castro convirtieron a su país, luego de haber sido el mayor exportador mundial de azúcar, en un importador de ese alimento desde fines del siglo XVIII. No fueron los enemigos internos ni mucho menos los externos los que arruinaron todas las empresas expropiadas y convirtieron a un país exportador de alimentos en una nación empobrecida que necesita importar el 80% de los alimentos que consume.

El caso más reciente del fracaso de las políticas populistas de izquierda en el continente lo constituye Venezuela. Al igual que Cuba, un país monoproductor con uno de los ingresos per cápita más altos del continente. Desde el inicio de su gestión, el presidente Hugo Chávez atribuyó a los poderes extranjeros y a la “oligarquía criolla” las fallas de la economía nacional. A medida que sus políticas expropiadoras fueron haciéndose más drásticas y radicales, los índices de desabastecimiento, aparición del mercado negro y devaluación de la moneda fueron haciéndose cada vez más notorios. Por supuesto, las fallas del sistema para crear instituciones exitosas que sacaran adelante al país había que atribuírsela a alguien: en este caso se acusó a los empresarios de estar gestando una guerra económica para colapsar la economía y debilitar al Gobierno.

Entre los agentes desestabilizadores se mencionaba el portal web Dolar Today, quien publica los precios de la divisa desde que Chávez implantó el control de cambio. Sin embargo, después de casi 20 años de régimen chavista, el dólar corre libremente como medio de pago y el Gobierno admite que su precio en el mercado paralelo es el mismo que publica la página “criminal”, como la calificaba el régimen.

A partir de 2014 el país ha visto descender su PIB estrepitosamente al registrar una contracción del 50% y la producción petrolera, igual que el azúcar cubano, es de cerca de 800 mil barriles por día cuando hace apenas una década era de 3,2 millones de barriles diarios.

Ante estos desastrosos resultados, el régimen trata de convencer a sus seguidores de que los mismos son consecuencia del “bloqueo” de Estados Unidos, que a partir de 2015 ha venido estableciendo sanciones a personas vinculadas al régimen y acusadas de lavado de dinero y violación de los derechos humanos. Estas sanciones afectan a las propiedades y los activos financieros asociados, específicamente, a algunos funcionarios, y no al país en general.

Es a partir de enero de 2019 cuando EEUU prohíbe la importación de petróleo venezolano, lo que hizo realidad los deseos de Chávez cuando amenazaba a los norteamericanos con no enviarle ni un solo barril de petróleo si seguían conspirando contra él y su Gobierno.

Esto desmiente la versión que ha tratado de imponer el Gobierno de que la crisis venezolana se debe a las sanciones. La crisis venezolana se siente con toda su fuerza a partir de 2014. Pero la devastación del país venía desarrollándose desde que el propio presidente Chávez intentó imponer sus planes socialistas y de extirpación del tejido privado de la economía.

La manifestación más reciente del manejo errático del país se manifiesta en la crisis de la gasolina que avergüenza a todo un país. No tener gasolina en Venezuela puede ser como no tener azúcar para el café en Cuba o una crisis gasífera en Rusia. Sin embargo, esa es la realidad. La gasolina más barata del mundo puede ser la más cara cuando una persona debe permanecer tres días en una cola para que le regalen 30 litros de gasolina. Por primera vez en su historia, el país ha tenido que recurrir masivamente a la compra de gasolina importada para cubrir su demanda interna. Las colas en algunas estaciones de servicio pueden ser de hasta 7 kilómetros y no hay ninguna garantía de que se vayan a recibir los prometidos 30 litros. Los chóferes dejan los vehículos en las colas y se van a dormir, para continuar el siguiente día con la misma espera, hasta lograr recibir el líquido. Mientras tanto, ha surgido el mercado negro donde venden los envases de 20 litros por 20 dólares.

El economista José Guerra, diputado y vocero económico de la Asamblea Nacional, afirmó que si bien el país estaba en capacidad de refinar diariamente más de un millón de barriles de petróleo, actualmente solo se refina una cifra cercana a los cien mil. De ahí la escasez.

La falta de mantenimiento, la desinversión, el despido de personal calificado y la corrupción han llevado a las refinerías venezolanas al borde del colapso. En la actualidad operan al 25% de su capacidad y algunas ya están cerradas.

Es irresponsable señalar que las sanciones, al igual que la guerra económica, son responsables de una crisis que fue provocada por el empeño de imponer un esquema de producción regido por una ideología que ha demostrado reiteradamente que solo trae como resultados la miseria y el atraso. No tienen la culpa el imperio ni los empresarios de que el régimen venezolano haya impuesto durante 17 años un estricto y discriminatorio control de cambio, un control de precios de carácter policial y la expropiación de más de cinco millones de hectáreas de las tierras más productivas del país. Las sanciones fueron una respuesta geopolítica a una devastadora crisis humanitaria que ya vivía el país para ese momento, acompañada de flagrantes violaciones a los derechos humanos. Las sanciones fueron un clamor del país ante la brutal insistencia de un régimen, que por medio del terror, trata de imponer una ideología utilizando la tortura, la prohibición, la cárcel y la represión.