Usted está aquí

Volver a lo obvio ante cualquier crisis

En pleno circo parlamentario, Juan Ramón Rallo publicó un artículo describiendo las distintas estrategias que estaban siguiendo los principales partidos del Congreso resaltando que, curiosamente, coincidían con sus mejores opciones de alcanzar el poder.

Al parecer para algunos este tipo de artículos no son más que una pérdida de tiempo ya que todos sabemos que los políticos buscan el poder, y volver a explicarlo no sirve para nada.

Lo cierto es que en plena crisis política y social intentar explicar lo obvio es una tarea de lo más desagradable. Las personas que no estén afectadas emocionalmente por la crisis no te van a leer, y el resto se van a ofender estén en el lado del que estén.

¿Qué sentido tiene, entonces, seguir haciéndolo?

Pues principalmente porque el cerebro humano tiene sus limitaciones a la hora de funcionar. Por ejemplo, casi todos sabemos que ante un accidente de tráfico en una vía de alta velocidad (carretera, autovía) lo primero que debemos hacer es señalizar el accidente para evitar que otros vehículos se vean afectados y agraven la situación. ¿Lo hacemos? No en un gran número de accidentes. ¿Por qué? Principalmente porque el estrés del momento nos hace olvidarnos de lo obvio y nos dejamos llevar por las circunstancias, que en muchas ocasiones nos alejan con mucha facilidad de nuestra seguridad.

Es por eso por lo que los organismos de emergencias y los reguladores de tráfico dan la matraca de continuo con siglas como PAS (protege, avisa, socorre). Lo curioso es que a todos nos parecen bien estas campañas, pero a poca gente le parece bien las obviedades cuando a política se refiere.

Seguramente se deba a que es más fácil aceptar que tu cerebro pueda funcionar mal durante unos segundos después de un accidente, a que pueda estar manipulado después de varios días de bombardeo mediático ante una crisis social.

También influye que unas reglas claras de actuación después de un accidente en el que tú eres el actor principal parecen más útiles que unos recordatorios sobre la realidad cuando eres un simple observador de los acontecimientos. Sobre todo cuando no dejarte llevar por alguno de los polos no ayuda precisamente a tu integración social.

Pero no hay que dejarse llevar por las apariencias. Una sociedad donde los ciudadanos mantienen la calma ante una crisis, y dan dos pasos hacia atrás para recordarse a sí mismos lo que consideraban obvio antes de que los acontecimientos les bombardearan, siempre va a ser mejor que su alternativa; una sociedad que reacciona en caliente ante las circunstancias y que no quiere oír hablar de lo que hasta hace unos instantes daban por cierto.