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Adiós a Thomas Sowell

Pues ya está. Thomas Sowell, a la tempranísima edad de 86 años, ha decidido desencadenarse de la columna semanal que escribía desde hace 25 años y en la que aplicaba sus enormes conocimientos sobre economía, cultura y hasta béisbol a los asuntos del día a día. Aunque ojalá me equivoque, es probable que no añada muchos más volúmenes ya al medio centenar de libros que ha publicado a lo largo de su vida. Hace décadas que casi no se le ve por radios y televisiones, así que parece que quienes hemos disfrutado de su sabiduría durante años ya no podremos hacerlo más.

Tengo una gran deuda con Javier Rubio, que fue el primero en hablarme de quien era hasta el martes el más importante intelectual en activo. Porque Sowell no es sólo un economista, aunque estudiara en Chicago y fuera considerado poco menos que como su sucesor por el mismísimo Hayek. Sí, es cierto, tiene trabajos extraordinarios en ese campo, como Knowledge and Decisions, y sus libros de divulgación económica se han vendido como churros en Estados Unidos. Pero donde más ha aportado y con mayor originalidad ha sido en el estudio de las ideas políticas y de las consecuencias de la cultura –entendida no como alta cultura sino como forma de vivir– en el bienestar de las sociedades y los distintos grupos que las componen.

Sowell explica que, no ya diferentes posturas políticas sobre temas determinados, sino ideologías completas, descansan en lo que llama visiones, que son formas completamente opuestas de entender cómo funciona el mundo. Son nuestra forma de pensar, vaya, los mapas que nos permiten hacernos la ilusión de que podemos comprender un mundo demasiado complejo para que nuestra pequeña mente pueda abarcarlo. Y aunque podamos desencantarnos de teorías o ideologías por la fuerza de los hechos, es muy difícil cambiar nuestra forma de pensar, sea cual sea. El diálogo entre personas con distintas visiones del mundo es casi siempre estéril, porque ni la forma de razonar ni siquiera la definición de muchas palabras es compartida. Aprender sobre las dos visiones que nos detalla Sowell ayuda, en primer lugar, a entenderse a uno mismo, y en segundo lugar a entender a quienes piensan de una forma incompatible con la nuestra. Quizá por ello su Conflicto de visiones es posiblemente el ensayo que más me ha marcado e influido.

Sowell ha dedicado parte de su producción a un estudio profundo y desapasionado de las ideas, sí, pero tanto en sus columnas como en muchos de sus libros ha preferido quitarse el birrete y ponerse el casco para soltar mamporros uno detrás de otro. A lo largo de los años ha ido acumulando frases ingeniosas y certeras sobre política, economía y el mundo en general, en especial en las columnas que titulaba Random Thoughts on the Passing Scene y que podían entenderse como una recopilación de tuits, si Sowell supiera qué es Twitter o le importara. Esto son algunos ejemplos:

  • El socialismo en general tiene un historial de fracasos tan evidente que sólo un intelectual podría ignorarlo o eludirlo.
  • Nunca he entendido por qué querer quedarte con el dinero que has ganado es avaricia, pero en cambio no lo es cuando lo que te quieres quedar es el dinero de otro.
  • Todo aquel a quien le gusten las reuniones debería ser apartado de cualquier puesto de responsabilidad.
  • Es asombroso que la gente que piensa que no podemos permitirnos pagar médicos, hospitales y medicinas en cambio cree que sí podemos pagar médicos, hospitales, medicinas y una burocracia funcionarial para administrarlos.
  • Creo desde hace tiempo que la visión de una mujer hermosa resta 20 puntos de cociente intelectual a cualquier hombre, lo cual es un problema para aquellos que no puedan pasar sin esos 20 puntos.
  • Una de las consecuencias del concepto actual de ‘derecho’ es que gente que no ha contribuido nada a la sociedad sienta que la sociedad le debe algo, aparentemente solo por el hecho de ser tan majos como para honrarnos con su presencia.
  • Cuando quieres ayudar a alguien le dices la verdad. Cuando quieres ayudarte a ti mismo le dices lo que quiere oír.
  • Buena parte de la historia de Occidente durante los últimos 30 años ha consistido en cambiar lo que funcionaba por lo que sonaba bien.
  • Es difícil imaginar una forma más estúpida y peligrosa de tomar decisiones que ponerlas en manos de quienes no pagan ningún precio por equivocarse.
  • Si has votado a políticos que te han prometido darte cosas gratis a costa del dinero de otros, no tienes derecho a quejarte cuando te lo quiten a ti para dárselo a otros, incluyéndose a sí mismos.
  • La mayor parte de los casos de identificación errónea se dan en intelectuales que tienen ciertos problemas en recordar que no son Dios.
  • La primera lección de la economía es la escasez: nunca hay suficiente de nada para satisfacer por completo a todos los que lo quieren. La primera lección de la política es ignorar la primera lección de la economía.
  • El hecho más fundamental sobre las ideas de la izquierda es que no funcionan. Así que no debería sorprendernos encontrar a los izquierdistas concentrados en aquellas instituciones donde las ideas no tienen que funcionar para sobrevivir.

Sowell ha decidido retirarse tras darse cuenta de lo feliz que era sacando fotos en su querido parque de Yosemite sin leer un periódico ni ver las noticias durante unos días. Teniendo cuarenta y cinco años menos que él, lo difícil no es comprenderlo, sino intentar entender por qué no se ha jubilado antes. Pero eso no significa que no vayamos a echarlo de menos quienes tanto hemos aprendido y disfrutado de su sabiduría. ¡Hasta siempre, maestro!