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Ecomarxismo

Las asociaciones ecologistas más combativas tienen un componente totalitario decisivo. De ahí que, en lugar de elegir para sus campañas eslóganes en clave positiva ("defendamos a la culebra parda", o "Ama la naturaleza, coño"), prefieran otros mensajes más contundentes, como el cachondo "Murcia no se vende", que patrocina cierto conglomerado ecomarxista regional.

Bien, en primer lugar es necesario desbrozar si la oración se ha de entender en sentido reflexivo o imperativo. Dado que Murcia no existe como sujeto jurídico, difícilmente puede venderse a sí misma, así que tendremos que entender el eslogan como una orden tajante a todos los propietarios de bienes raíces, para que eviten hacer uso de su derecho de propiedad sin el visto bueno de estos supremos vigías de la ortodoxia rojiverde.

El manifiesto que hicieron público el pasado domingo es, en sí, una pieza literaria, más interesante por lo que sugiere que por lo que expresa. Entre lo lacrimógeno y lo amenazante, el texto desgrana un completo memorial de agravios muy poco coherentes. Por ejemplo, nos advierten de que en los últimos diez años se han construido más viviendas en Murcia que "en toda la historia de esta región milenaria" (sic). Hombre, cualquier persona sensata encontraría en ese aserto un motivo de satisfacción, por lo que supone para el desarrollo y el bienestar de los murcianos. En cambio, para la cosmovisión ecomarxista, se trata del efecto nocivo de un modelo económico inaceptable, no por el daño medioambiental, dado que la mayoría de urbanizaciones sospechosas están en secarrales indómitos, sino porque hay gente que está haciendo mucho dinero y ese es el mayor pecado para una mentalidad socialista, que tiene su razón de ser en lo que Fernández de la Mora llamó "la envidia igualitaria".

Si se detecta algún caso de corrupción, al juzgado caiga quien caiga. Mientras tanto, dejen a los ciudadanos hacer uso de su propiedad libremente, como si estuviéramos en un Estado de Derecho.