Usted está aquí

El complicado análisis de las elecciones británicas

Hoy mismo se decide el futuro de la presidencia de nuestro país vecino, el Reino Unido. En las últimas elecciones del año 2017, el Partido Conservador obtuvo un ajustado 42,3% frente al 40% del Partido Laborista. Solamente han pasado dos años y, sin embargo, el panorama de estos comicios se antoja completamente diferente. Varios candidatos se estrenan. La mirada al Brexit es diferente, más cansada, con menos sabor a emergencia y más a hartazgo. Ese cambio ha sido, precisamente, la palanca del último vídeo promocional de Boris Johnson, uno de los candidatos nuevos, que ya se ha hecho viral. Parodiando una escena de la famosa película navideña 'Love Actually', el candidato llama a la puerta de una votante, supuestamente indecisa, para explicarle que su voto es importante, que solamente les hace falta 9 escaños para tener la mayoría necesaria. ¿No es hora de pasar página y seguir adelante?, le pregunta. La cara de la votante expresa el estado de ánimo de muchos británicos y no británicos que han contenido la respiración demasiado tiempo, presos del miedo ante un Brexit abrupto.

Sin embargo, como saben los amantes del cine de terror, no se puede mantener al espectador en un constante estado de pánico durante 90 minutos. Es necesario dejar que se relaje y volver a la carga. Los políticos, activistas y periodistas no parecen saberlo y llevan amenazando con las consecuencias del abandono de la UE desde hace demasiado. Ya ha pasado el tiempo de acusar a quienes votaron a favor del Brexit de racistas, incultos, viejos, irresponsables, y de todo lo demás. Ya ha pasado el tiempo de ganar la batalla en el Parlamento tal y como está constituido hoy en día. Ya ha pasado el tiempo de la inacción. Hay que tomar medidas tanto si se trata de afrontar un Brexit duro como uno blando. Tampoco una victoria de los “remainers” sería gratuita. En el improbable caso de que al final se repitiera el referéndum o de que se pidiera la revocación del Brexit, y que la Unión Europea aceptara, esta solución no iba a ser indolora. De ahí que el vídeo de Boris Johnson sea tan potente. “Let’s move on”.

Pero más allá de este tema, ¿qué diferencia la propuesta de Boris Johnson de la de Jeremy Corbyn? Tradicionalmente, en el Reino Unido, el Partido Conservador y el Partido Laborista han mostrado identidades perfectamente definidas, claras, incluso si alguno se permitía hacer una incursión en el terreno ideológico o político del otro, unos eran más partidarios del libre mercado y los otros de la intervención del gobierno. No obstante, las cosas parecen haber cambiado. Explica Helen Dale en un magnífico artículo publicado en 'Law and Liberty' que, hace poco tiempo, Boris propuso que, tras el Brexit, el Gobierno debería dedicar gasto y recursos para ayudar a las empresas británicas, una medida que, al parecer, no está permitida por las normas de la UE. “Corbyn sugirió exactamente esto hace un año y los conservadores lo rechazaron. Cómo cambian los tiempos”. Efectivamente, como sugiere el profesor e historiador político Stephen Davies, si algo está claro es que gane quien gane, la diferencia tradicional entre los dos partidos principales se ha difuminado. Y ese fenómeno es tal que quienes van a perder son los defensores de la libertad de mercado. El rescate de escaños en el Parlamento por parte de los conservadores ha sido posible precisamente por este giro.

Es muy interesante el análisis de Lord Ashcroft a este respecto. La decisión de los votantes no se refiere exclusivamente a si quieren a Johnson gestionando el Brexit, sino si prefieren eso o que Corbyn se haga cargo de los presupuestos del país, con todo lo que implica la negociación para quedarse en la UE, la desaceleración europea y la previsible guerra comercial entre Estados Unidos y China. Y Corbyn no inspira tanta confianza. En general, dado que no hay una identificación entre quienes apoyaban o rechazaban las medidas económicas de contención del gasto y los pro-anti Brexit, las llaves de las elecciones las tienen los 'brexiters' no típicamente conservadores, esos por quienes el Partido Conservador está defendiendo un discurso más socialista y menos liberal. Esa es la votante a la que Boris Johnson visita en el video electoral.

Las consecuencias económicas del Brexit ya no son tan alarmantes. Es cierto que la economía británica ahora mismo está bloqueada ante las elecciones. Pero esa situación no es diferente a la de la economía española, o la alemana, donde la amenaza de recesión planea sobre los ciudadanos. Ha pasado tiempo suficiente como para que los agentes económicos afectados por la salida de la Unión Europea hayan descontado el peor escenario. Ha pasado demasiado tiempo para pensar que quedarse en la UE no iba a tener también efectos negativos. Parte del coste del Brexit ya se ha producido.

Las encuestas dejan claro que, a pesar de la propaganda que presenta un futuro distópico fuera de la Unión Europea, muchos británicos confían en Jeremy Corbyn como opositor, pero no como gestor de los presupuestos. Tal vez las propuestas laboristas han tratado de alinearse demasiado con la agenda de izquierda radical mundial, muy escorada para la mentalidad británica. Esa percepción junto con las concesiones conservadoras, que definitivamente han abandonado el legado de Thatcher, puede llevar a Johnson a la victoria.

Todos estos factores explicarían un resultado favorable a Boris, por más que su imagen no sea la mejor. Personalmente, creo que la prensa se equivoca al pintarle como un payaso, lo sea o no. Después de la experiencia de Trump, deberíamos haber aprendido que el hartazgo de la gente conduce al poder a los personajes más insospechados, especialmente si sus adversarios directos no son convincentes. Hillary no lo era. Corbyn no parece que lo sea.