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El gran reinicio, la refundación del capitalismo y otras hierbas

Como si no tuviésemos materia suficiente para alimentar la imaginación conspiradora, el Foro Económico Mundial, así llamado, ha puesto sobre la mesa la necesidad de poner en marcha el gran reinicio (the great reset). El dramatis personae de este nuevo teatro lo forman la Unión Europea, con Ursula von der Leyen al frente, los Estados Unidos con la nueva Administración estadounidense (“tendremos de nuevo un amigo en los Estados Unidos, ha dicho Ursula), la Fundación Gates y otros grandes empresarios, John Kerry como epítome de los votantes de Biden que han emergido de sus tumbas, más otros simpáticos rostros que, con serenidad y confianza, nos van a convencer de que hemos vuelto a fallar a nuestros dirigentes, pero que ellos están dispuestos una vez más a guiarnos hacia la plena felicidad que todos anhelamos.

Lo que nos ofrecen es un gran reinicio. Porque estamos sumidos en una situación desesperada, hemos perdido el sentido de las cosas y deambulamos por las calles sin orden ni concierto, cada uno haciendo lo que le da la gana. Y así no se puede. Nos lo dice Ursula: “Con tanta gente haciendo tantos sacrificios, creo que es necesario transmitir un sentido de dirección y un sentido de esperanza”. ¿Quién nos va a transmitir esos sentidos? Ellos, naturalmente. La clave está en estas palabras de Ursula: “Estamos redescubriendo el valor de la cooperación global”. No la cooperación internacional, pues ella implicaría a las naciones y, en aquéllas que fueran democráticas, a sus respectivos pueblos. No. La cooperación global, la de aquellas instituciones que, liberadas del yugo democrático, pueden marcar nuestro camino con total libertad. ¿No es la libertad el más preciado descubrimiento de la sociedad occidental? Pues estamos a punto de alcanzarla.

Necesitamos un gran reinicio porque apenas podemos elevarnos sobre las cenizas, porque nuestra desesperación hace que nuestro corazón pese como el plomo, porque nuestros ojos se han olvidado de mirar de tanto llanto acumulado. Sumidos como estamos en una sima de desesperanza, enfrentados sin fuerzas ante un monstruo que nos devora con nuestra insensata colaboración, sólo Ursula y sus amigos nos pueden sacar de este atolladero. Habla Ursula: “hay una vieja palabra, que hace mucho que ha desaparecido del diccionario, y que retrata exactamente dónde estamos”. Se trata del término inglés ‘respair’, que “significa la vuelta de la esperanza tras un período de desesperación”.

La propia Ursula reconoce que el término es muy antiguo y que su uso se ha perdido en el habla. Y yo me pregunto si eso no tendrá que ver con que todo el asunto del gran reinicio no es más que una gran mentira. Que la incidencia del COVID 19, que es lo que justifica este discurso, no se puede comparar con las guerras europeas que asolaron el continente y que daban sentido al término ‘respair’. Y también puede que el sentido de urgencia (no tenemos que esperar a la siguiente crisis, “porque no está claro que para entonces hayamos aprendido las lecciones”) no es nuestro, sino suyo por dominarnos. Y que no es cierto que estén ante “una oportunidad sin precedentes”, porque hay infinidad de precedentes en los que la clase política aprovecha para marcarnos el paso. Y que el adanismo de nuestros dirigentes se disuelve a sí mismo, porque ponen el contador de la historia a cero varias veces al año.

Es interesante que John Kerry haya dicho que en este mundo loco “todo se ha vuelto más rápido, a excepción del Gobierno”. Quizás sea cierto, y puede que la interpretación más razonable sea que todo buen gobierno lo gestiona todo mal, pero que siempre tenemos el peligro de tener malos gobiernos. Pero su punto de vista es distinto. Los gobiernos actúan maniatados por la incapacidad de los pueblos de darse cuenta de los grandes retos a que nos enfrentamos. Es necesaria una actuación decisiva y acelerada. Necesitamos un reinicio del sistema de gobierno, que permita que una propuesta de la ONU se convierta en acción del Ejecutivo sin las bellas ineficiencias del sistema democrático.

Y no sólo la democracia, es nuestra libertad económica. Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial y director del mismo, ha dicho que el gran reinicio pasa por abandonar lo que él llama el “neoliberalismo”. “El fundamentalismo del libre mercado”, dice Schwab, “ha erosionado los derechos de los trabajadores y la seguridad económica, ha desencadenado una carrera desreguladora hacia el fondo y una competencia fiscal ruinosa, y ha permitido el surgimiento de nuevos monopolios globales masivos”. Como un dirigente de ERC, Schwab no acepta la competencia fiscal. Una competencia fiscal que protege a los contribuyentes y que sólo es “ruinosa” para los gobiernos, insaciables de nuestra renta y riqueza. Ya sabemos, pues, de parte de quién habla Schwab.

Yo sólo quiero recordar que, cuando fue la Gran recesión con que comenzó el siglo, Nicolas Sarkozy dijo que iba a “refundar” el capitalismo, y que fue el capitalismo el que lo refundó a él: la crisis económica, que es la cura de los males causados por la intervención en el mercado, impidió que siguiese en los Campos Elíseos.