Usted está aquí

El recurso al MEDE nos hace fuertes

El MEDE, Mecanismo Europeo de Estabilidad, no es un recurso financiero de emergencia cuyo objetivo es ayudar a los países cuando sucede una catástrofe o una situación extraordinaria como, por ejemplo, una pandemia. Se trata, más bien, de un procedimiento que pretende evitar la inestabilidad financiera y su contagio entre los países cuya moneda es el euro, debido a cualquier circunstancia.

Por esa razón, desde su origen, la concesión de fondos del MEDE va asociada a medidas para asegurar que la fuente de inestabilidad desaparece y el país recupera su capacidad para crear riqueza y caminar por sí solo.

Además del MEDE, la UE cuenta con un Fondo de Solidaridad Europeo, que sí asiste a los países ante situaciones inesperadas. De hecho, se ha ampliado el ámbito en el que se pueden emplear estos fondos de manera que incluya emergencias sanitarias, como el Covid-19.

El gasto estimado en medidas de emergencia para apoyar a los ciudadanos europeos y limitar la propagación de la enfermedad es de más de 1.500 millones de euros (a precios de 2011), o más de 0.3 de su ingreso nacional bruto. Pueden solicitarse dentro de los 4 meses posteriores a la fecha en que el país tomó su primera medida pública para abordar la crisis.

Sin embargo, en los últimos días, han proliferado artículos en la prensa nacional en los que se señala negativamente la posibilidad de recurrir al MEDE. Se menciona a la troika y los “hombres de negro”, que es como se conocía al consorcio formado por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, cuando diversos países se declararon insolventes, como si fueran el hombre del saco.

Es cierto que Grecia lo pasó terriblemente mal. Pero su situación económica previa y su verbena política eran excepcionales. Tampoco está de más recordar que el gobierno griego, ocupado por los amigos de nuestro vicepresidente Iglesias, desafió a Bruselas y se negó a pagar.

Portugal o Irlanda, por el contrario, salieron del agujero y no estuvieron diez años tutelados por la troika, sino muchos menos. A día de hoy, la situación de Portugal e Irlanda es mejor que la nuestra, que nos resistimos al rescate total.

En cualquier caso, la troika no es más que un grupo de tecnócratas que actúa como una auditoría. Por eso choca el lenguaje, convenientemente peyorativo, empleado por algunos autores en varios artículos de prensa, como el que emplea el Investigador principal para economía política internacional del Real Instituto Elcano, Miguel Otero, en alguno de ellos.

Por ejemplo, afirma que “la troika fue de lo más antidemocrático que ocurrió en nuestro continente en mucho tiempo”. Efectivamente, el objetivo de este consorcio era establecer las condiciones de los préstamos y asegurar que se cumplieran: el FMI proporcionaba los fondos, el BCE se ocupaba de que los bancos funcionaran de manera que se distribuyeran adecuadamente y la Comisión Europea atendía a las reformas económicas. Incluso si se puede discutir si en el caso de Grecia fueron demasiado estrictos, no sé qué democratización cabe.

El “estigma” de apelar al MEDE del que habla Miguel Otero es real para quien no entiende que no es Cáritas. Es una institución surgida a partir de un tratado, firmado por España, voluntariamente, en el que nos comprometimos a garantizar la estabilidad financiera de la zona del euro. Y, por extraño que pueda parecer a sus detractores, el MEDE es bueno para nuestra economía.

Como señala el último informe de la Comisión Europea, que el propio Miguel Otero emplea en varios de ellos, en la memoria publicada en febrero del 2020, la Comisión concluyó que nuestro país adolece de preocupantes desequilibrios macroeconómicos: la elevada deuda pública y privada en el contexto de una economía con un alto nivel de desempleo con consecuencias que traspasan nuestras fronteras. Probablemente, la ayuda del MEDE nos ayudaría a resolver estos desequilibrios que, por sí solo, este gobierno bicéfalo no tiene ni capacidad ni voluntad de resolver.

Porque un año antes, en julio del 2018, con Sánchez estrenando gobierno, el Consejo de Europa había recomendado a España reducir el ritmo de crecimiento del gasto primario neto del gobierno, recomendación que nuestros gobernantes desoyeron.

Así las cosas, las necesidades financieras para hacer frente al Covid por parte del gobierno se han disparado y las previsiones más benévolas son terribles, tanto en aumento del gasto público, caída del PIB, aumento del desempleo (incluso sin tener en cuenta los ERTEs), destrucción empresarial, caída de exportaciones, desplome de las actividades relacionadas con el turismo.

En el mismo informe, la Comisión anima a que se eliminen “las estrictas restricciones a la propiedad y al mercado que han tratado de garantizar el suministro de bienes y servicios estratégicos durante la crisis pandémica” y propone una mejor coordinación de los diferentes niveles de gobierno para que las políticas de recuperación sean más efectivas.

Es cierto, como afirma Miguel Otero que, para la Comisión Europea, la salida económica de nuestro país pasa por mejorar la inversión pública y privada, teniendo como objetivos prioritarios la digitalización y las energías limpias. Pero esa es sólo parte de una de las cuatro recomendaciones. Las demás se centran en nuestro mercado de trabajo, en la solución al desempleo y, cuando la situación económica lo permita, en aplicar políticas fiscales que aseguren la sostenibilidad de la deuda.

Este espíritu está en linea con el MEDE y en contra de quienes consideran que las condiciones de los memorandos de entendimiento, que vinculan los créditos del MEDE a reformas, son una pesadilla colectiva y un arma arrojadiza de la oposición, incluso si es verdad que el PSOE restregó a Luis de Guindos la petición de ayuda europea para salvar las cajas de ahorro.

Si quien gobierna pretende hacer lo opuesto a flexibilizar el mercado de trabajo, coordinar los diferentes niveles de gobierno, asegurar la sostenibilidad de la deuda, incentivar la contratación, ayudar a los autónomos y situar a España en la senda del crecimiento sostenido y la creación de riqueza, entonces sí. Entonces el MEDE es el verdugo de los recortes, el azote del dispendio.