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Enfermedad liberal

Marisa Rufino y Pedro J. Linares, altos directivos de UGT y CC OO, hablaron en Cinco Días de los graves problemas que para la salud laboral produce… el neoliberalismo.

La utilización política de los trabajadores es una vieja marca del antiliberalismo de izquierdas y de derechas, y esta distorsión continúa, como se ve en la fantasía según la cual la libertad contractual siempre es mala para los trabajadores, incluso los enferma y los mata.

A partir de ahí, lógicamente, se impone la conclusión de que los trabajadores y los empresarios no pueden ser libres para contratar, y toda su relación habrá de ser condicionada y limitada por el poder político y los grupos de presión. Eso sí, los sindicalistas nunca reflexionan sobre las consecuencias negativas de ese intervencionismo, empezando por el desempleo y terminando con su propia corrupción.

Utilizar el argumento de los accidentes laborales para promover aún más recortes de libertades y derechos es algo que merecería mayor consideración, y no la precipitación habitual que atribuye siempre la siniestralidad a la libertad y su disminución a su disminución.

Otro tanto cabe decir, hablando de salud, sobre los diagnósticos que formulan los sindicalistas. Así, por ejemplo, doña Marisa y don Pedro J. afirman que la ley de prevención de riesgos laborales

respondía a una organización del trabajo heredera del contrato social alcanzado en Europa en la segunda mitad del siglo XX y que se caracterizaba por la contratación indefinida, la estabilidad en la empresa y la centralidad de la negociación colectiva en las relaciones laborales. Un modelo que no significaba otra cosa que la introducción de la democracia en las relaciones laborales producto de una larga lucha por parte del movimiento obrero.

Nada de esto se sostiene. No hubo ningún "contrato social" en la Europa de entonces (ni en ninguna parte nunca), y el intervencionismo en las relaciones laborales no tuvo nada que ver con la democracia, puesto que se generalizó en todo el mundo, democrático o no. Identificar el intervencionismo, como hace siempre la izquierda, con el resultado de la "lucha obrera" haría sonreír a los numerosos partidarios que ha tenido y que estaban lejos de ser de izquierdas, empezando por el canciller Bismarck y terminando por Franco, pasando por Mussolini, Perón y muchos otros.