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La Comisión Europea al rescate

La cosa era difícil, pues la empresa portuguesa veía en esa filial su futuro, por lo que no quería venderla. Así que la primera tuvo que subir y subir su oferta, hasta que los dueños de la portuguesa quedaron convencidos de que ganarían una pasta vendiéndola. De hecho, nuestra protagonista estaba dispuesta a pagar por la filial casi tanto como lo que valía todo el grupo.

Sin embargo, cuando ya todo pintaba feliz, apareció el presidente de Portugal. Este señor tenía poderosos hechizos que le permitían vetar las operaciones que desearan hacer los accionistas con sus propiedades. Y decidió lanzar su "acción de oro" contra ambas partes, que se quedaron por el momento anonadadas y sin saber cómo responder.

Afortunadamente, no todo estaba perdido. Había también en los alrededores una bruja, con sus propios poderes mágicos. Esta bruja consultó su bola de cristal y decidió que el mago no podía usar el hechizo "acción de oro". Así, la Comisión Europea acudió al rescate, y comenzó una lucha de magia, también de incierto resultado, pues el mago portugués tal vez guardara más recursos en su arsenal.

Mientras tanto, la empresa española, la portuguesa y, en general, el público, contemplaban con cierto estupor el combate. ¿Cuáles eran las razones por las que la bruja acudía al rescate? La misma bruja que unos días antes sostenía que los operadores no compiten en roaming y sigue siendo necesario regular sus precios; que cree que hay compartir la fibra óptica que uno desplegare (futuro del subjuntivo, sí) con todo aquel que lo solicite, o que acaba de invocar al mundo de los vivos al BEREC, tingladillo para regular el mercado europeo de las teleco. ¿Cómo podía ser? ¿Era ahora la Comisión Europea la defensora del libre mercado?

Quizá haya que buscar las razones del rescate en rincones más sórdidos. Dejemos ya los cuentos de hadas y volvamos al mundo real. Y, en éste, los gobiernos no defienden la libertad, mucho menos la económica. Si la Comisión Europea quiere eliminar la "acción de oro" que algunos gobiernos mantienen sobre algunas empresas estratégicas no es para facilitar el libre intercambio y la circulación de capitales, aunque ésta sea una de sus consecuencias.

No, lo que busca la Comisión Europea es eliminar a sus rivales por el poder, quitar poderes a los gobiernos de los Estados Miembros, sea en telecomunicaciones, en moneda o en laboral. Pero no para devolvérselos al individuo, sino para quedárselos ella. La Comisión Europea quiere, sí, un mercado libre... europeo, en el que ella sea la que mande. El día que lo consiga, será ella quien ejercite la "acción de oro" sobre los operadores paneuropeos con que sueña y que no pierde oportunidad de promocionar.

Ese día, la libertad en Europa habrá retrocedido, pues nos enfrentaremos a un gobierno con poder sobre un mayor territorio. Nuestro voto "con los pies" habrá perdido valor respecto a la situación actual en que unos pocos kilómetros nos separan de un régimen opresor distinto (en España, dicha distancia está a punto de reducirse).

Así que, bueno, disfrutemos, sobre todo Telefónica y los accionistas de Portugal Telecom, del combate entre mago y bruja, pero que nadie se confíe en la aparente buena voluntad de ésta última. Cuando llegue el momento, se volverá contra nosotros. Y comprenderemos el verdadero por qué de su rescate.