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La filigrana del pacto entre Rajoy y Rivera, ¿quién paga?

En apenas siete meses, los titulares que tratan de reflejar la actitud del Partido Popular frente a Ciudadanos en temas fiscales, han pasado de emplear términos como “el rodillo PP-PSOE” a usar otros como el “desbloqueo del pacto” entre los populares y Ciudadanos.

Rivera explicaba que el Partido Popular no tiene ninguna razón para seguir negándose a alcanzar un consenso fiscal con su grupo político, y parece sensato, dadas las previsiones al alza que el gobierno ha presentado recientemente en su cuadro macroeconómico. Garicano, la cabeza visible de los asuntos económicos de Ciudadanos, por su parte, se ha ocupado de explicar a través de su cuenta de Twitter lo más relevante de la propuesta al PP. No se entiende muy bien la foto si no se explica que ha habido un encuentro entre el ministro Guindos y el propio Garicano, que parecen ser los interlocutores propicios de ambos bandos.

La acción principal ha consistido en una charla en un café con las bendiciones del presidente Rajoy, sorprendentemente, porque días antes Montoro, el encargado de las cuestiones fiscales del gobierno popular, había pronunciado un sonoro “NO” al pacto con Ciudadanos.

Muchos analistas apuntan que tampoco es una torsión brutal de la voluntad fiscal de Montoro ni de nadie. Se trata de una filigrana muy bien pensada, de una parte, para no herir lo que Ciudadanos tiene de socialdemócrata o progresista, y por otra, ha sido un gesto suficiente para diferenciarse del PP y del PSOE. No hay que olvidar que está en el programa del partido naranja desde el año 2015 repensar el sistema impositivo para darle coherencia y realinear incentivos. Un ejemplo es la novedad de la mejora fiscal para las personas con familiares dependientes o familia numerosa a su cargo, sustituyendo la subvención por estas causas, ya que podían generar incentivos perversos.

Pero pensando en términos de estrategia de negociación, ¿cómo queda el reparto de medallas?

El ampliar el tramo de exención del IRPF de un mínimo de 12.000 euros a 14.000 euros de ingreso anual, siendo una buena noticia, no implica sacrificio alguno para el PP porque nuestra economía está creciendo más de lo previsto y hay margen para asumir esa disminución de la recaudación.

Punto positivo para el Partido Popular, que aparece conciliador, no hace concesiones reales, y además compensa la imagen ofrecida pocos meses atrás cuando pactó con el Partido Socialista una subida de los impuestos. Efectivamente, el pasado diciembre, los dos partidos tradicionales aprobaron el Real Decreto de medidas tributarias que incluía, entre otras cosas, un aumento en la recaudación del Impuesto de Sociedades, los Impuestos Especiales al tabaco y al alcohol, los Impuestos Medioambientales y la subida de las bases máximas de cotización a la Seguridad Social, además, el PSOE cedía a la distribución de los objetivos de gasto de los populares, una traición en toda regla al ideal socialista según Podemos.

También entonces el PP no se esforzó más que lo mínimo ya que se trataba de un compromiso con la Unión Europea, apoyándose en el cual el partido del gobierno, débil en número en el Parlamento, se mostró muy hábil distanciándose de Ciudadanos y provocando que Podemos descalificara a los socialistas. Un pleno al quince.

En el presente pacto, los populares no han salido tan favorecidos. Ciudadanos se ha adueñado de la puesta en escena y Montoro, una vez más, ha quedado ante los ojos del público como el perdedor, desautorizado por su jefe, y con su liderazgo mermado por su rival más fuerte dentro de sus pares, Luis de Guindos.

Eso no favorece la imagen del partido. O no del todo. Porque si bien están intentando presentarse como los líderes de la nación, capaces de pactar con todos los partidos, abiertos y dialogantes, diferenciándose de las formaciones que están en la oposición, es cierto que se vislumbra de nuevo la vieja grieta entre Montoro y Guindosy la ambigüedad de Rajoy, que no acaba de decantarse ni por un criterio fiscal, ni por una formación afín.

Ciudadanos, la otra parte firmante del pacto, además de la escenografía, se ha adueñado del relato y ha expresado, tanto a través de Rivera en vivo y en directo ante la prensa, como de Garicano en su cuenta de Twitter, las dos ideas fuerzas que les benefician: una, somos coherentes con nuestro programa y lucharemos como David frente a Goliat para cumplirlo, y la segunda, el Partido Popular ha tenido que hacernos caso, es decir, siguiendo la metáfora, David se está haciendo grande, y eso quiere decir que Ciudadanos tiene capacidad y mentes entre sus miembros para elaborar un plan complejo, y la fuerza para hacer recular a Rajoy y pasar por encima de Montoro.

Una historia preciosa. ¿Quién queda fuera del relato de los dos partidos? Los sufridos pagadores de impuestos españoles, a quienes no se les ha dejado nada claro cuánto oxígeno implica para ellos todo esto. Es verdad que algún grupo como los autónomos ya ha sacado la calculadora para ver qué hay de lo suyo. Pero, en general, en el argumentario los contribuyentes no dejamos de ser parte del mobiliario.

Incluyo el discurso de Rivera en el que explicaba que los españoles pasamos la mitad del año trabajando para el Estado (los diputados no sé, la verdad). Me quedaría más tranquila si hubiera explicado cuántos días menos de trabajo para el amo implica tan proclamado pacto fiscal. Pero ni uno ni otro se han tomado esa molestia. Lástima.