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La revolución fiscal

Las últimas declaraciones de Pedro Solbes, Ministro de Economía y Hacienda, sobre la reforma fiscal del IRPF han sido una llamada a la "línea moderada". Reducción en el número de tramos, minúscula rebaja del tipo mínimo y máximo y, por otra parte, aumento de otros impuestos. Unos cambios ridículos que siguen castigando el trabajo, ahorro, gasto e inversión de todos nosotros. El gobierno sigue creyendo que sabe mejor que nosotros cómo manejar nuestro dinero.

Evidentemente no se puede esperar más de un socialista que considera que sólo él es el legítimo responsable de la distribución de la riqueza. Conceptos como “pragmatismo” y “moderación” han sido el camino de los políticos para expropiar los recursos del ciudadano en favor del estado. ¿Acaso sabe dónde van sus impuestos? ¿Estaría de acuerdo que la totalidad de sus impuestos se usen para financiar a RTVE, o sirviesen para beneficiar a aquellos que sólo viven de ayudas estatales porque no quieren trabajar, o que se usen para financiar a dictadores sudamericanos o grupos terroristas de oriente medio? Indudablemente al estado no le interesa que nosotros sepamos donde va a parar el dinero que nos han sacado; y es que el estado es la organización menos transparente que existe.

Una reforma fiscal ha de tener un único fin: liberar al hombre del yugo que inflinge el estado. Con los impuestos que recaudó el estado el año pasado sobre el tabaco, se podría haber pagado el presupuesto de defensa. No se necesita tanto para que el estado mantenga sus “servicios legítimos”, los de la fuerza. Aunque como otros autores han demostrando (Rothbard, Benson, Hoppe, Block…), incluso si privatizamos los servicios del estado, éstos pueden ser más baratos y dar un mejor servicio y variedad.

Si el estado trabajase de verdad para la gente su reforma fiscal sólo podría ser una: eliminar todos los impuestos. Cuando alguien nos quita mediante las amenazas y la coacción nuestro dinero nos está robando; da igual que pretenda ser nuestro defensor, o que diga que lo hace para nuestro bien. Los impuestos no son un acto voluntario, sino que son un acto de agresión contra la libertad individual.

Pero no podemos pretender que un político, que vive de la extorsión, sea quien acabe con un sistema que le beneficia, sino que hemos de tomar nosotros la iniciativa dejando de alimentar al tirano.

Si usted considera que pagar impuestos es injusto, no los pague. Cuando una empresa “evade” su legítimo dinero para que no sea confiscado por el estado está actuando correctamente; si alguien le ofrece un servicio o producto y le da la opción de cobrárselo con factura o sin ella, no lo dude, ¡hágalo sin factura!; tanto usted como él saldrán ganando.

No podemos esperar que los políticos realicen cambios para nuestro beneficio porque eso es una contradicción. La historia ya nos ha demostrado que ningún político, por más liberal que se haga decir, jamás ha hecho nada por nuestra libertad individual. El insumiso fiscal es un héroe al que se le tendría que hacer un monumento. El “elegido” no es ningún político, sino usted. No esperemos a que los burócratas nos liberen, empecemos nosotros antes.