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Los carteles de Carmena

Los madrileños han echado a Manuela Carmena del Ayuntamiento. Este hecho tiene diversas interpretaciones, claro está. Una de ellas es que su obsesión por limpiar el aire del distrito centro, ya que no sus calles, le ha llevado a olvidarse de sus votantes periféricos, que le han pagado su desdén con una juiciosa abstención. Otra interpretación es que la democracia, palabra cuyo significado es el de la izquierda en el poder, ha vuelto a perder frente al fascismo. Estas diferencias entran dentro de lo esperable. Unos creen en la democracia y otros asumen que puede haber alternancia en los gobiernos, en función del resultado en las urnas.

Por supuesto que esta visión de la democracia no es la de todos los partidarios de Carmena; no hay más que ver la reunión de amigos que se manifestó frente al Ayuntamiento para que Carmena desoyese las urnas y siguiese como regidora de la Villa y Corte. Pero el desencanto es genuino y hondamente sentido. Una parte muy importante de los madrileños echa de menos soñar con la revolución pendiente, sintagma con vigencia en la política española no hace tanto, apenas iniciada con la venerable juez en el Palacio de Comunicaciones.

Sin duda, entre quienes más desencantados están se encuentran los propios responsables políticos, que tendrán que volver a sus antiguas ocupaciones, de las que les arrancó su acendrada voluntad de servicio público. Para refocilarse en la melancolía, sentimiento que entiendo perfectamente, el equipo saliente ha publicado un site en el que cuelga varios de los carteles publicados en estos cuatro años, en alta resolución. A mí me parece una idea excelente, aunque personalmente no vaya a recoger la sugerencia de imprimirlos y colgarlos en mi casa. Tiene la melancólica ventaja, además del disfrute estético, de proseguir con la labor comunicadora del carmenismo. ¿Tienes un invitado en casa? Le atizas una visita al cartel en el que el Ayuntamiento reconoce que Suerte es tener un barrio limpio, único ejercicio de autocrítica del equipo de Carmena. Que no todo va a ser propaganda.

Los carteles tienen mucho interés, más allá de las propuestas estéticas, más que notables. Pues recogen el sentido del ejercicio político de Carmena y amigos. Como el cartel que recoge la creación del Observatorio de la Ciudad. ¿Sabía de su existencia? Pero, ¿es que no escucha M21, la Aló Alcaldesa de las ondas madrileñas? El Observatorio de la Ciudad es un órgano formado por 49 madrileños elegidos por sorteo que “hacen un seguimiento de la acción municipal, hacen propuestas de mejora y pueden proponer la convocatoria de consultas ciudadanas”. Una labor importante, sin duda, a la que habrán tenido que renunciar los madrileños con algo que hacer, hasta que los descartes acaben recayendo en jóvenes e idealistas vecinos de la ciudad. Si un órgano similar logró en Irlanda abrirle la puerta al aborto, nos dice el Ayuntamiento, ¿qué no lograrán medio centenar de desocupados en Madrid?

El empeño de Carmena por sortear la democracia burguesa y lograr una mayor participación popular se ha hecho carne en la creación de Decide Madrid, que tiene su correspondiente cartel. El mecanismo es, aquí, diferente. El Ayuntamiento hace una propuesta y pregunta a los vecinos si la aprueban, o no. El 99 por ciento no nos enteramos de la pública encuesta. Pero los grupos interesados y organizados participan con entusiasmo. El resultado es exiguo, pero abrumador, lo cual justifica los titulares que comienzan por “los madrileños aprueban el plan del Ayuntamiento…”.

La cartelería de Carmena muestra sus preferencias. No hay nuevo año chino sin su cartel. La cultura china es bienvenida por razones obvias: no es la propia. Porque no han hecho ningún cartel celebrando la Semana Santa en Madrid, ni siquiera para mostrar regocijo ante la muerte de Jesús. La web recoge uno cabe pensar que celebrando lo que el transeúnte atento y avispado creerá que es la Navidad.

Los copos de nieve brillan en la oscuridad de la noche, desmintiendo el calentamiento global, y son el telón de fondo de un reno a medio camino entre un caballito de feria y la Lección de anatomía de Rembrandt, pues sus tripas están abiertas. Muestran, eso sí, un abigarrado conjunto de decoraciones navideñas. “Siempre vuelve”, dice el cartel, no se sabe si como esperanza o como amenaza. La elipsis hace del cartel un acertijo, pero no hay premio para quien se acuerde de la Navidad. Por descontado, no aparecen Jesús, ni sus padres. La Navidad es estereotipo, el de la nieve de las películas americanas, el del reno sin vida atravesado por un mástil, el de una bola de cristal sin adivinanza, el de las decoraciones del árbol… un estereotipo tras otro. Un conjunto de significantes sin significado, un eterno retorno Nietzscheniano, que nos hace pensar si el filósofo habrá tenido razón, y Dios ha muerto.

Uno de los carteles más bonitos es el que anuncia el I Encuentro Feminismo, Medios e Igualdad. Por un periodismo con perspectiva de género. Un razonable punto medio entre el nihilismo y Ortega, pues ante una realidad que no existe o se niega, porque lo interesante es cambiarla, lo que vale es la perspectiva. Y, ya puestos, ¿por qué no la del género?

Una serie de carteles celebra el feminismo el 8 de marzo de 2019. “No será la obediencia. Será el feminismo”. “No será la suerte. Será el feminismo”. Y otros mensajes parecidos con la espera, la fuerza o el rock & roll. El 8 de marzo se ha alejado de cualquier pretensión de ser una reivindicación de todos, a no ser que los hombres caigan en el auto odio. Los carteles no van tan lejos, pero señalan al feminismo, a este feminismo excluyente y sectario, como el único camino.

Hay muchos más carteles, pero estos son suficientes para mostrar cómo entiende Manuela Carmena qué es su labor política. Una labor de transformación de la sociedad que queda pendiente, como ya hemos dicho, hasta dentro de cuatro años.