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Pedro Sánchez se quiere quedar en el convento

Comienza el mes con la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones en España para el 28 de abril próximo. Terminará, si no sucede lo impensable, con la salida del Reino Unido de la Unión Europea, en concreto el 29 de marzo. ¿Qué podemos esperar de estos dos meses que nos separan del nuevo gobierno de España?

El profesor de economía de la Universidad George Mason y presidente de la Mont Pélérin Society, Peter Boettke, decía en Twitter la semana pasada que, al evaluar los diferentes sistemas económicos, lo mejor es asegurar que la conversación vaya desde el ámbito de lo deseable al ámbito de lo posible, y desde allí hasta el ámbito de lo viable. ¡Qué razón tiene! Es un consejo que ningún político español parece estar dispuesto a seguir estando, como estamos, en plena campaña electoral. No es que se haya notado mucho el pistoletazo de salida de la campaña. Ya se sabe que el marketing político del siglo XXI es así: mensajes dirigidos a una audiencia específica empleando una difusión multicanal, coordinada por especialistas no necesariamente alineados doctrinalmente, y campañas de duración permanente y muy caras.

Lo que sí se percibe es la “contraprogramación” diaria, el todos contra todos, que dificulta tanto diferenciar unas opciones de otras. Máxime cuando el arco político está más diseminado que en otras ocasiones. Por ejemplo, esta semana son todos feministas de diferente plumaje. Hasta se han atribuido ser feministas liberales algunos. Yo voy a tratar de no opinar este año sobre el tema porque entiendo que sólo cualifico como mujer de segunda categoría, por ser libertaria, no conservadora y no progresista. Así que mi opinión no está validada.

Dentro de dos semanas serán todos defensores, por ejemplo, de los derechos del oso panda. Lo que sea menester. Estarán con los más débiles y lograrán hacerlos más dependientes, menos autónomos. Proclamarán eslóganes en Twitter, como “no vale la libertad de unas pocas sino los derechos de todas”, sin darse cuenta de que la libertad individual es la que garantiza esa “libertad de todas”, y no sus reclamaciones etéreas que esconden un 'mix' de buenas intenciones e intereses electoralistas. Unas propuestas, las del feminismo beato y rancio que nos domina, que nos hace cada vez más desiguales ante la ley, segregando y denostando socialmente a las propias mujeres, de manera que hay algunas que no deben hablar porque no saben, porque no han recibido aún el don de la iluminación y siguen sumidas en la oscuridad heteropatriarcal. Y, al lado de ellas, las madres abadesas de la “nueva” religión: el colectivismo de toda la vida, pero con ropajes del siglo XXI. Vamos a ver qué consecuencias tiene este lastimoso espectáculo que está dejando fuera de visión a aquellas mujeres a las que se les niega un juicio justo en Arabia Saudí, o a las que tratan de salir adelante sin la tutela perversa de partidos ni lobbies, que son muchas.En otro orden de cosas, el aún presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha aprovechado este tiempo muerto que media entre el anuncio en rueda de prensa hasta la disolución efectiva de las Cámaras, para bombardear la economía con decretos-ley de todo tipo. El gasto se multiplicará. Y, por si fuera poco, los efectos del Brexit, tal y como ya anuncia la Autoridad Fiscal, va a traer consigo un aumento en los costes del turismo y en el gasto público, derivado del control extra de bienes y personas que transiten entre el Reino Unido y España, una vez que ellos se conviertan en socios extracomunitarios.

Podría pensarse que Sánchez está siguiendo el famoso y escatológico refrán “para lo que me queda en el convento, me cago dentro”. Pero, lo cierto, es que es muy posible que no se vaya del “convento” y tenga que cargar con las consecuencias presupuestarias de sus impulsos electoralistas.

Por un lado, tenemos un Partido Popular que no sabe si mimetizarse con VOX o con Ciudadanos. VOX, por su parte, resulta atractivo a los conservadores más acérrimos y a aquellos que ven en este partido la solución económica más acertada (aunque aún queda mucho programa económico por explicar, a estas alturas). Podemos se encuentra muy deteriorado. Si no fuera así, Errejón no se habría arrancado por alegrías uniéndose a Manuela Carmena para ganar Madrid. Finalmente, queda Ciudadanos, que no acaba de encontrar su lugar como partido nacional y su rédito político va a venir de lo que logre regional y localmente. Y, por último, el PSOE que, si nada lo remedia, va a recoger a quienes se han molestado con Ciudadanos por pactar con VOX en Andalucía, a la izquierda huérfana de Podemos, y a todos aquellos aterrados ante la amenaza “que vienen los fachas”, ilustrada por la imagen difundida por todo el país, de Santiago Abascal de DJ en una discoteca madrileña, con el himno de la legión y demás. “Es que, para los jóvenes cachorros, los de VOX son unos 'crack' porque están de tapadillo en “Redit” e imitan los memes y el estilo de los conservadores americanos como Ben Shapiro, Mary”, me dice mi amiga Berta. Ya, pero la pirámide poblacional es la que es, y la franja de edad entre los 18-30 es menor que la de los 30 en adelante. Y es ahí donde se va a producir la batalla. Es una cuestión demográfica. Aunque VOX en Andalucía se ha llevado por delante los votos de gente del pueblo de diferentes ideologías, pero hartos del chiringuito socialista, las elecciones nacionales son otra cosa. Y España, reconozcámoslo, es un país estatista, que no lee lo suficiente, que se deja llevar por las tendencias que vengan de fuera y que prefiere la deuda a la inversión.

En estas circunstancias, muy a pesar mío, Sánchez tiene opciones de victoria, e incluso de poder gobernar, gracias a su falta absoluta de escrúpulos a la hora de pactar. Como diría Rodríguez Braun: agárrense las carteras.