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Peligro: rebajas fiscales

Sí, claro, averigüemos el por qué de esta minúscula reducción de la confiscación tributaria, a ver si los contribuyentes se acostumbran, piden más libertad y respeto a sus derechos de propiedad, y los pseudointelectuales cortesanos al servicio del poder político no sabemos qué decir para continuar con el expolio.

Siguiendo un criterio ético bastante chapucero, asegura que "las reducciones fiscales no se pueden justificar porque los impuestos o el gasto público en España sean elevados. Los impuestos están entre los más bajos de los países avanzados de la UE". Parece que la justicia sólo se consigue si uno se aproxima a la media: si tenemos poca delincuencia igual necesitamos más; si te roban, no te quejes porque quizás a otros les va aún peor. Ni se plantea la alternativa de que sean los otros países los que reduzcan su fiscalidad.

Además, "España gasta mucho menos en casi todas las actividades públicas que la mayoría de los países avanzados de la UE". España, paraíso de la libertad y de lo privado, quién lo iba a decir. Zubiri denuncia las deficiencias evidentes en todas las áreas: sanidad, educación, justicia, obras públicas. Y sólo se le ocurre recomendar más gasto. Ni se plantea que los problemas puedan deberse al carácter burocrático, monopolístico y funcionarial de los prestadores de esos servicios: gente no precisamente esforzada que no depende de la satisfacción de sus clientes.

Zubiri asegura que a menudo se proponen recortes fiscales porque se cree que estimularán la actividad económica de forma que los ingresos totales (y el gasto público y las prestaciones correspondientes) no se verán reducidos, y critica que no hay ninguna garantía de que esto suceda. Es cierto, y ni falta que hace: el dinero donde está mejor es en el bolsillo de los ciudadanos. No se trata de dar un poco más de libertad a la vaca para que produzca más leche, ni de garantizar derechos a unos perceptores de ayudas y subsidios que se creen que tienen derecho a todo gratis a costa de los demás (y votan en consecuencia).

Su visión de la democracia es idílica: "políticamente es mucho más sencillo bajar los impuestos que subirlos"; si va a resultar que los liberales no les pedimos algo tan complicado a nuestros representantes, a ver si se limitan a lo fácil. Como su experiencia empresarial seguramente es nula, cree que "dentro de unos amplios márgenes, para la mayoría de las empresas los impuestos son un factor de segundo orden a la hora de tomar decisiones de ubicación y tienen efectos menores en su competitividad". Y los inversores no van a escapar fácilmente: "el capital de los residentes se puede gravar de forma razonable si se aplican las normativas y mecanismos de control adecuados". Qué majo.