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¿Por qué las previsiones económicas del Gobierno son electoralistas?

A finales de abril se presentaba la actualización del Programa de Estabilidad 2018-2021 del gobierno español. Se trata de un documento que todos los gobiernos miembros han de presentar, detallando las previsiones macroeconómicas y las políticas y reformas previstas para alcanzar los objetivos a medio plazo ya fijados. Es una manera de confirmar la confianza de las instituciones europeas; una forma de asegurar que todos estamos intentando hacerlo bien. Esta herramienta de control está vigente desde que se firmó en 1997 el Pacto de Estabilidad en la Unión Europea. La crisis del 2009 y su reflejo en Europa en la crisis de deuda soberana reforzaron la necesidad de que estos informes sean veraces y que impliquen un compromiso serio.

Es fácil de entender que, si podemos disfrutar de los diferentes recursos que la Unión Europea, a costa de las aportaciones de todos los países miembros, cuando nuestro país sufre problemas serios, como ha sido el caso de España, entre otros, seamos transparentes respecto a las medidas de política económica que estamos aplicando. Por un lado, la supervisión externa nos forzará a comportarnos y, por otro lado, la transparencia permitirá que nuestros socios sepan que se puede confiar en nosotros, por si las moscas volvemos a vernos en una situación indeseada.

Este programa y sus actualizaciones periódicas son supervisadas, entre otros organismos, por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), una institución creada en 2013 a instancias de la Unión Europea, y tan independiente como se puede en este país. Por eso es relevante cuando discrepa y puntualiza las previsiones del gobierno. Y éste es el caso. Porque en esta semana, la AIReF ha explicado cuáles son los puntos negros del Programa de Estabilidad presentado a la Unión Europea por el gobierno y ha hecho un par de recomendaciones. Lo más destacado se refiere a la poca confianza en que se reduzca el déficit público en este período. La senda fiscal que describe el gobierno es, de acuerdo con la AIReF, improbable. Y esta desconfianza se debe no tanto a los ingresos públicos previstos como a los gastos, que parece que no se reducirán el 2,4% del PIB, como sería necesario para cumplir las previsiones del gobierno. Ese ritmo de ajuste implicaría que el gasto público iría por debajo de la tasa de crecimiento de referencia, es decir, sería un comportamiento mucho mejor del establecido como ideal. Yo también desconfío.

Hay que tener en cuenta que el Partido Popular, envuelto en escándalos en Madrid, ha perdido mucha fuerza para beneficio de Ciudadanos. La izquierda española no goza de buena salud. El PSOE tiene sus propios escándalos en Andalucía y su guerra civil interna. Podemos parece resquebrajarse tras el escándalo de la hipoteca millonaria del líder máximo y señora. Y en esta situación, del 2018 al 2021 tocan elecciones autonómicas, municipales, europeas y nacionales.

Por supuesto, los técnicos del ministerio que han elaborado el Programa no han considerado el número de promesas electorales, prebendas, improvisaciones, medidas para contrarrestar críticas de la oposición, y demás. Nada de lo expuesto supondría una sorpresa para los españoles, pero es un poco ingenuo o tramposo ignorar esta circunstancia.

Tampoco la AIReF lo tiene en cuenta explícitamente, porque entre los riesgos menores considerados menciona la incertidumbre institucional, el Brexit (suave), la guerra comercial y el cambio de orientación de la política monetaria. Solamente presta más atención al posible repunte del precio del crudo.

Pero una lectura más detenida nos da qué pensar. Porque sí señala que hay cierta incoherencia entre las medidas presentadas en la Actualización del Programa de Estabilidad y las presentadas en los Presupuestos Generales del Estado. En concreto, hay medidas referentes a la Administración Central y al Fondo de la Seguridad Social para los ejercicios 2020 y 2021 que no constan en el Programa enviado a Europa. Por el contrario, hay otras que no aparecen en los Presupuestos, pero sí en el Programa de Estabilidad, que implican un gran aumento del gasto público.

Finalmente, el triunfalismo del gobierno al anunciar su pretensión de que España salga en el 2018 del Procedimiento de Déficit Excesivo indica que el Programa de Estabilidad es, como dirían los angloparlantes, “wishful thinking”, es decir, una quimera. No es coherente la previsión de gasto público con los compromisos adquiridos en los acuerdos de retribuciones a los funcionarios y la equiparación salarial de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. Lo mismo sucede con las proyecciones del gasto sanitario y en educación.

Hay que destacar que España no está en plena expansión de la demanda interna, más bien al contrario, aunque no se espera que se contraiga, se observa cierta contención. Y es posible que la demanda externa para el final de este periodo no sea ya el comodín que ha sido hasta ahora. Las exportaciones españolas han pasado de representar el 23% del PIB al 34% en diez años, pero se prevé una ralentización de esta tendencia. La creación de empleo avanza a un ritmo muy lento. El crecimiento económico es positivo, pero demasiado bajo y en un entorno de incertidumbre que no aparece en estos documentos. Por ejemplo, el futuro de Italia en la Unión Europea, la evolución de la economía China o la posibilidad de que haya un Brexit duro.

Lo más llamativo, desde mi punto de vista, es una de las recomendaciones. La AIReF plantea algunas sugerencias de buenas prácticas en materia de transparencia: elaborar un marco simplificado de cuentas nacionales y ampliar la información sobre metodología de las previsiones. ¿Qué significa ese consejo? Que actualmente las cuentas nacionales son más opacas de lo deseable y que no se aporta toda la información relevante respecto a cómo se calculan estas previsiones del Gobierno. Teniendo en cuenta que el objetivo del Programa de Estabilidad es precisamente mostrar transparencia en las cuentas y en las medidas económicas ante nuestros socios europeos, esta sugerencia lleva más carga de lo que parece y debería tenerse muy en cuenta. No me hago ilusiones: estamos ya en campaña electoral, será para después.