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¿Quo vadis, Guindos? Un nombramiento y tres cargos pendientes

Después de la alegría para unos y la decepción para otros por el varapalo a Luis de Guindos en la Eurocámara la semana pasada, se va despejando la niebla del camino. Todo apunta a que habemus vicepresidente del BCE. Así lo recomienda el Eurogrupo. Aún falta la consulta al BCE y al Parlamento Europeo, de manera que, si todo va bien, hasta el 22 y 23 de marzo no se anunciará oficialmente el nombramiento tras ser aprobado por todos los jefes de Estado.

Los analistas españoles en Bruselas no terminan de aclararse: era un firme candidato, pero el irlandés Lane aún más. Lane es más técnico por su carrera bancaria y Guindos más político y eso juega en su desventaja. O al revés, Guindos encaja perfectamente en el puesto precisamente por ser menos técnico y más gestor político. Sea como fuere, el lunes por la mañana, tal y como me decía Miquel Roig en Twitter cinco días antes, Philip Lane se retiraba. La razón, según algunas fuentes, podría ser que sabía que iba a perder y ha preferido retirarse a tiempo; otras voces apuntan a que su candidatura a la vicepresidencia no era sino una manera de mostrar músculo de cara a otro puesto.

Esta explicación encaja con el panorama que está por llegar. Porque si el mandato del actual vicepresidente del Banco central Europeo Vítor Constâncio termina a finales de mayo, el del presidente del BCE, Mario Draghi, lo hace en noviembre del 2019, y el del economista jefe del mismo, Peter Praet, en mayo de ese mismo año. Así pues, hay tres cargos a repartir próximamente. Tres puestos que implican, no solamente a las personas que se presentan como candidatos, sino que arrastran malabarismos políticos respecto al reparto de poder entre los miembros de la Unión Europea y respecto al talante que se desea para la futura política monetaria y bancaria de la eurozona.

No es, por cierto, un análisis fácil. La trayectoria de Praet es un botón de muestra. Tras ser director ejecutivo del Banco Nacional de Bélgica y miembro del Comité de Basilea de Supervisión Bancaria, se postuló como miembro del Comité Ejecutivo del BCE. Pero los gobiernos decidieron que de los seis miembros, Francia, Italia, España y Alemania debían tener un miembro nacional en el Comité. Así que se eligió a González-Paramo,quien nos representó en esa instancia hasta el año 2012. Cuando Praet se presentó a vicepresidente del BCE, se decidió que el puesto debía ocuparlo alguien que hubiera sido gobernador de un banco central, no solamente director ejecutivo. Y por eso eligieron a Constâncio. Sin embargo, ahora, el candidato exgobernador del banco central irlandés se retira y deja paso a un ministro español. Ya no vale el anterior criterio. Sea como fuere, parece que Lane podría ser la mano derecha de Draghi hasta que éste finalizara su mandato.

¿Quiénes aparece como rival de Lane a la presidencia? Uno es el gobernador del banco central de Estonia, Ardo Hansson, representante de la facción más dura. Otro es François Villeroy de Galhau, gobernador del banco central francés, moderado como Lane y como Vítor Constâncio.
Pero el rival que más suena es el presidente del Bundesbank, Jens Weidman, del ala dura pero no tanto como Hansson y, por tanto, con más posibilidades. Sin embargo, todavía falta mucho tiempo para la decisión final y, aunque puede haber ya algo pactado, caben las sorpresas. Como en Eurovisión.

Finalmente está la cuestión del talante de cada candidato. ¿A qué grupo pertenece Luis de Guindos? Sus declaraciones y su buena relación con ministro de economía alemán Schäuble, alimentan opiniones para todos los gustos. Por un lado, es partidario de retirar los estímulos, y por otro afirma que siempre acompasando esta retirada a la recuperación de cada país. Como él mismo afirmaba ayer en rueda de prensa, la política monetaria está llena de matices.

Pero más allá del tipo de política monetaria que suscriben los candidatos para un puesto u otro, ¿qué se espera de Luis de Guindos? Podemos ver qué papel ha desempeñado Constâncio para tratar de identificar el rol del vicepresidente del BCE. Poco más que “acompañar” a Draghi en las decisiones. Ha viajado de un país a otro representando al Banco Central Europeo, dando difusión a los criterios seguidos, a los logros realizados y a los objetivos planteados. Se trata de un puesto secundario, que permite vivir bien, con la ventaja que supone estar a la sombra, para evitar ser el objeto de todas las miradas. Teniendo en cuenta que los retos de política monetaria que siguen encima de la mesa europea son aún graves, lo crucial es ¿de quién va a ser escudero Luis de Guindos, de un “hawk” de la rama dura como el alemán Weidman o de un “dove” más moderado como el irlandés Lane?

Efectivamente, la decisión acerca de la retirada de estímulos y, sobre todo, el ritmo al que se ajuste esta retirada es uno de los problemas fundamentales. El otro toro al que se enfrentan es dar una solución, por fin, a los préstamos de dudoso cobro (NPLs por sus iniciales en inglés) cuyo monto, de acuerdo con un informe de Bruegel, asciende a 870 mil millones de euros. La gestión de los NPLs es imprescindible para la reestructuración del exceso de deuda en manos del sector privado y para completar la recuperación del sector bancario europeo. Las iniciativas del propio BCE en el 2017 apuntaban a una solución de mercado bajo una supervisión adecuada que asegurara una mayor transparencia y con la provisión de liquidez que se necesitara para apuntalar el mercado de deuda insolvente. Un problema espinoso de no poca magnitud, cuya resolución dependerá del talante del nuevo presidente del BCE a quien Luis de Guindos servirá de acicate o de contrapeso. 

Mientras tanto, Guindos dejará el ministerio vacante para aprender el oficio al lado de Draghi y un nuevo capítulo se abre para el Banco Central Europeo.