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Represión y colaboracionismo

El otro día leí en una página web algo bastante gracioso: “el capitalismo crea egoísmo.” Para este tipo de pensadores de domingo el egoísmo es un fenómeno relativamente nuevo, a saber, poco más de 200 años. Es decir, ¡en el siglo XV el egoísmo no existía, el mundo vivía en una especie de Jardín del Edén!

También nos hace cuestionar la vocación de algunos autores anteriores a la era capitalista. Según la versión de este tipo de izquierdistas, Santo Tomás de Aquino no sería un filósofo, ni un teólogo, sino un escritor de ciencia ficción que supo adelantarse 500 años al nacimiento de un sentimiento o comportamiento como el egoísmo. Pero más mérito tendría la figura de Aristóteles, otro escritor de ciencia ficción que se adelantó más de 2000 años.

Es muy común entre algunas personas confundir conceptos. Uno de ellos es egoísmo y utilidad. Incluso la Real Academia de la Lengua define egoísmo como el “inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.” Una definición muy descuidada ya que ¿qué significa “inmoderado” y “excesivo”? ¿Cómo lo podemos medir? ¿Qué significa “atender desmedidamente al propio interés”? Es que si me pongo un abrigo porque tengo frió ¿estoy actuando de forma egoísta, o se puede decir que estoy atendiendo desmedidamente mi propio interés?

Los actos económicos nacen de la utilidad (marginal) de cada persona, y ésta es subjetiva. Usted adquiere algo porque le gusta, y el vendedor se lo vende porque prefiere su dinero, y luego, éste se lo gastará en otra cosa que él valora más. Esto no es egoísmo, sino la satisfacción de nuestras necesidades. Da igual cuales sean porque estamos obrando de forma pacífica y voluntaria con los demás. Las transacciones comerciales voluntarias son todas legítimas, da igual que compremos agua, pan, tabaco, alcohol o sustancias que el estado haya prohibido unilateralmente. No estamos haciendo daño a nadie. Quien intenta impedírnoslo por la fuerza está asesinando nuestra libertad, y es, de facto, un tirano.

Lo que sí es rebuscado y perverso es intentar eliminar la libertad con lemas morales absurdos con el único fin de imponer su moral aplicando la coacción y la fuerza (leyes, impuestos, eslóganes de salubridad…) contra personas que no están cometiendo ningún acto criminal.

Y es que por desgracia todos los bienes son escasos, y de alguna forma hemos de conseguirlos, procesarlos y conseguir un determinado nivel de vida. Si todos los bienes fuesen ilimitados viviríamos en el País de Jauja y los economistas, empresarios, estado… no harían falta (aunque bien analizado, el estado nunca es necesario). Todos tendríamos aquello que quisiéramos sólo con pensarlo. Pero ese momento aún no ha llegado, y por lo tanto, hemos de trabajar y esforzarnos para conseguir lo que pretendemos porque nadie nos lo regalará. Y si realmente hay alguien que nos lo ofrece sistemáticamente gratis, como podría ser el estado, eso significaría que hay otro grupo de personas que son esclavos y nosotros estamos viviendo a costa de su producción. Este sistema negaría la libertad y proclamaría abiertamente la esclavitud.

Esto fue lo que pretendieron los antiguos países comunistas, y esto es lo que está haciendo el actual estado del bienestar. Esclaviza a una mayoría para repartirlo arbitrariamente entre una minoría. Este sistema no sólo vulnera la ética (y ésta, a diferencia de la moral, sí es objetiva), sino que además es un sistema que tiende a la pobreza generalizada; crea ciclos económicos; inflación ya sea haciendo inflar el precio de la mantequilla como el de la vivienda; y dependencia hacia el tirano con subsidios y derechos forzosos.

Egoísmo y capitalismo son dos conceptos que no tienen nada que ver. El capitalismo es el sistema que ha logrado prolongar nuestra vida, que ha logrado que tengamos educación (mala educación si la gestiona el estado), podamos vestir cada día, e incluso que nos podamos permitir lujos como televisores, viajar, coches…

Cuando le digan que el Capitalismo crea egoísmo, responda quién es realmente el egoísta, el que defiende un sistema en el que la sociedad se enriquece de forma voluntaria y pacífica (capitalismo), o el que impone a punta de pistola la moral arbitraria de un sistema ineficaz, obsoleto y ruinoso (estado del bienestar y socialismo).