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Rivera y Casado se impusieron a Sánchez e Iglesias

De forma estrepitosa y casi sin querer voló el primer debate entre los candidatos de los principales partidos. Un debate organizado por tiempos y distribuido en cuatro bloques claramente identificados: 1) política económica y fiscal, 2) política social y pensiones, 3) política territorial y 4) regeneración democrática y pactos postelectorales. En general, y como suele suceder con los políticos, decepcionante… Mucha demagogia y poco debate técnico. Mucha proclama (limitada en calidad, por cierto) y poco contenido –en cuanto a políticas públicas– para modificar la arquitectura de nuestro sistema institucional potenciando sus virtudes y corrigiendo sus defectos. En definitiva, política…

Dicho esto, tanto Pablo Casado como Albert Rivera, muy motivado durante todo el debate, vencieron claramente a los candidatos de izquierdas. Se habló de las necesarias rebajas fiscales y de la urgente necesidad de generar empleo para todos. Pablo Iglesias y sobre todo Pedro Sánchez, muy nervioso y limitado en el uso de los datos, intentaron introducir el tema de la desigualdad y de la justicia social constantemente.

Pedro Sánchez incurrió en contradicciones escandalosas. Inauguró su intervención hablando de pobreza infantil y de desigualdad para luego, veinte minutos después, señalar que nuestra democracia es una de las mejor valoradas a nivel global. Gracias sobre todo a nuestro Estado del Bienestar. ¿De verdad son compatibles ambos argumentos? Primero todo es malo; después ya no. En política todo es posible, pero esas contradicciones en tan poco tiempo se detectan con gran facilidad. Y a todo esto, sin aportar una sola cifra. La intervención del presidente se caracterizó por la ausencia de datos y de resultados... Cuando se atrevió a utilizarlos, fue escandaloso. Señaló sin titubear que se generan más de mil cuatrocientos empleos por día, cuando a todas luces los datos muestran una clara desaceleración económica y una caída en las afiliaciones en la Seguridad Social. Postmodernidad en estado puro.

El candidato de Unidas Podemos llegó a aburrir a la audiencia. Citó constantemente la Constitución. Muy poco que decir... Cansino durante todo el debate.

El bloque más duro y polémico (está en juego la supervivencia de la nación) fue el de política territorial. Pablo Casado y Albert Rivera atacaron duramente la actitud del Gobierno (y de Unidas Podemos) frente al nacionalismo catalán. Rivera dijo sin cortapisas que lo sucedido en Cataluña fue literalmente un golpe de Estado. Fue este apartado el que más nervioso puso al presidente Sánchez. Llegó a desubicarle… Por momentos, no supo dónde meterse. Por eso no paró de interrumpir las argumentaciones que tanto Casado como Rivera ponían sobre la mesa.

Los últimos minutos del debate evidenciaron dos cosas. De un lado, el deseo de Ciudadanos de generar un pacto con el PP para gobernar España. Del otro, el miedo de Podemos a un potencial encuentro entre PSOE y Cs. A Pablo Iglesias se le vio preocupado con dicha opción y Pedro Sánchez no fue capaz de responder a la pregunta que en tal sentido le planteó aquél en más de tres ocasiones.

Por talante, por ganas, por defender sin complejos la identidad nacional, el vencedor fue Albert Rivera. Ahora bien, en cuanto a contenido programático, fue Pablo Casado quien destacó, al presentar un gran número de medidas de política pública.

Esperemos que en el debate de esta noche haya más datos y menos mensajes vacíos. Esperemos que alguno de los candidatos –sé que me engaño, pero la fe es lo último que se pierde– ponga sobre la mesa medidas viables para, a través de la reforma institucional, mejorar la protección de la vida, la libertad y sobre todo la propiedad de los españoles.