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Vuelta de verano: sobre tratos y contratos

Escribía el dominico Tomás de Mercado acerca de la necesidad de publicar su obra magna, Suma de Tratos y Contratos (1569), argumentando que era necesario que la cámara comercial de Sevilla tuviera algún tipo de documento en el que se establecieran los límites lícitos de los contratos, o al menos de los más frecuentes: "Lo cual con ser cosa tan necesaria como la misma razón natural dicta, no veo que consulado alguno haya sido en esto solícito”. Y, en esta vuelta al trabajo después de las vacaciones estivales, una mirada superficial al panorama internacional basta para acordar con el escolástico español acerca de la necesidad de poner algunas cosas claras en lo que se refiere a tratos, aunque no “comerciales”, exactamente, sino, más bien, políticos.

Esta semana Italia nos ha dado la sorpresa. Después del zapatazo de Salvini parece que hay coalición de gobierno. Impensable. De nuevo. Y como afirma el profesor Alberto Mingardi en su artículo The Deep roots of Italy’s coalition chaos, se trata de "improbables compañeros de cama" precisamente en el país que inventó el realismo político: "Los italianos saben que la política es una actividad distributiva, a todos los niveles". Creo que no son los únicos que lo saben.

Si empezamos por barrer la casa propia, tenemos a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que se fueron a veranear por separado, pero están retomando el cortejo. Era de esperar. La estrategia de dejar en el aire la posibilidad de convocar elecciones en noviembre durante todo el verano era la mejor, especialmente si se presentaba como creíble. Así lo ha hecho el presidente en funciones. De esta manera, ha comprobado la fingida fortaleza de Pablo Iglesias, que va bajando la cabeza como un toro frente a la muleta. Ya sabe que puede presionarle y no darle ni un ministerio, aunque habrá de pagar los favores con algún puesto importante. Y Pablo que se apañe con sus “Pablettes” sobre cómo va a vender a sus electores la bajada de pantalones. Porque cada vez que le veo en televisión afirma que no va a consentir, mientras consiente.

Además, Sánchez ha medido la capacidad de la derecha de crear una coalición. Sinceramente, si yo votara, que no lo hago, preferiría una coalición Partido Popular, Ciudadanos y Vox que tener ministros comunistas en el gobierno, y a Podemos con un pie en la Moncloa, con el ego inflamado. Hay quien cree que, por el contrario, sería la mejor oportunidad para dejar que se vea su falta de capacidad. Como si el electorado atendiera a los hechos más que a las palabras, especialmente en el ala izquierda de la política española. En cualquier caso, yo prefiero no minusvalorar al adversario, en este caso el más peligroso.

Pero ¿qué va a pasar con el centro derecha? Incluso si hace un par de días Vox y Ciudadanos se han alineado en su defensa de la mujer frente a la grosera representación del gobierno iraní, y aún a sabiendas de que hay gobiernos locales y regionales fruto de acuerdos en los que estaban incluidos ambos partidos, yo no tengo mucha confianza. Vox sigue firmemente la estrategia de esperar a ser llamados para plantear pactos y ceder o no. Ciudadanos no quiere ni oír hablar de sentarse a una mesa con ellos, oficialmente. Se acepta con reparos, para algo muy puntual y concreto, pero ¿un acuerdo nacional de acara a las elecciones? Ni pensarlo.

Además, hay que considerar la imprevisibilidad de Albert Rivera y algunos de los líderes de su partido. De repente, consideran que tal decisión de Vox hace imposible alinearse con ellos porque la estrategia de marketing político así lo dicta, se están perdiendo apoyos socialdemócratas y hay que retroceder. Y se acabó. Lo entiendo, en parte. Vox tiene la capacidad de irritar al más sereno. En realidad, esa es su política: vamos a decir lo nunca dicho de la manera más disruptiva posible. Incluso si es inoportuno, o si les va a pasar factura. Eso, el Vox organizado. Luego está el Vox local, compuesto, en algunos casos, por personas muy proclives a meter la pata permanentemente, a enarbolar banderas ajenas a la realidad política que vivimos, y a desplegar todo el abanico de argumentos rancios, que creo que, afortunadamente, no representan a la mayoría de los votantes ni a la mayoría de los dirigentes nacionales de Vox.

¿Debe Ciudadanos empezar por lo sencillo y, en caso de que se convocaran elecciones, presentar una plataforma con el Partido Popular de Casado? Creo que sí, y eso lo veo más factible. Por otro lado, de ese modo, es posible que muchos votantes cabreados de Vox, prefirieran la opción utilitarista de centro-derecha a la sola idea de tener comunistas en el gobierno. Y probablemente los asesores de Sánchez están considerando este escenario como una opción realista. No conviene nada. Mucho mejor "trabajar" el pacto con Podemos.

¿Qué puede llevarnos a otras elecciones en este agitado 2019? Un ataque de orgullo de alguno de los dos implicados: Iglesias o Sánchez. Miremos al Reino Unido. Un exceso de confianza en sí mismos llevó a Cameron a desaparecer del mapa, y la semana pasada ha llevado a Boris Johnson a resbalar en Parlamento. Otro “trato” que necesita un documento aclarando los límites éticos: el Brexit. Pero eso es harina de otro costal.

En unos veinte días se desvelará el misterio. Y yo habré ganado o perdido cuatro cafés con mis compañeros de trabajo apostando porque Sánchez pacta. Ojalá pierda yo. Porque, como en otros aspectos de la vida, lo que una desea y lo que la realidad muestra, no coinciden siempre.