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En el siglo XXI los liberticidas se disfrazan de ecologistas

Una vez que se le cayeron sus muros ideológicos, son pocas las banderas que la izquierda puede enarbolar sin avergonzarse demasiado. Una de ellas es la del ecologismo en sus múltiples vertientes: cambio climático, contaminación, etc.

Si bien es cierto que el problema de la polución es real, la solución debería pasar mucho más por una perfecta definición de los derechos de propiedad —que internalicen la desutilidad de la contaminación— que por el burdo racionamiento a través de las matrículas.

Madrid, como todas las grandes urbes, padece una inevitable contaminación fruto de la actividad económica y del bienestar de sus habitantes. En cualquier caso, los niveles de polución distan de ser alarmantes y se sitúan a la par que los de otras capitales europeas.

Detrás de la fobia al coche de la izquierda se esconde una muy preocupante pulsión contra el desarrollo capitalista, el único sistema económico en la historia de la humanidad que ha generado riqueza para todos —y que permite que cada vez seamos más—. Recordemos cuando Eduardo Mangada, luminaria socialista de urbanismo, vaticinó en 1982 que Madrid no necesitaba infraestructuras para vehículos porque, debido a la crisis del capitalismo, no iba a crecer más. Aunque no se debe obviar el hecho de que el protocolo anticontaminación, que tan severamente están aplicando los podemitas, fue aprobado años atrás por una alcaldesa del Partido Popular, la nunca bien ponderada Ana Botella.

Y es que los políticos nos quieren más controlados, más dependientes… y más pobres.

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