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Portada - Comentarios - Malthus y la huella ecológica

16/03/2007 - Daniel Rodríguez Herrera

Malthus y la huella ecológica

La base de las protestas ecologistas es casi siempre malthusiana. Los hombres siempre estaríamos consumiendo más de lo posible, con consecuencias desastrosas. Si Thomas Malthus puso su atención en la producción de comida, que estaría siempre por debajo de las necesidades humanas y, por tanto, limitaría su crecimiento, los ecologistas modernos se han centrado en todo tipo de recursos, desde el petróleo hasta la tierra cultivable.

Una de las últimas modas consiste en hacer un test para averiguar nuestra "huella ecológica". Según uno de ellos, para mantener mi nivel de vida consumo 4,3 hectáreas (la media española sería de 4,7) y para que todos los habitantes de la Tierra pudieran vivir como yo harían falta 2,4 planetas. Está basado en una medida harto discutible que "traduce" todos los tipos de consumo a áreas, de modo que "ocupemos" no sólo la zona en la que vivimos, sino el terreno necesario para darnos de comer, los recursos energéticos que consumimos e incluso el área de bosque necesaria para absorber el CO2.

No voy a preocuparme en discutir si la medida es buena o mala; parece bastante admitido que no es más que una aproximación que, de hecho, no puede ser precisa. No deja de ser curioso, eso sí, como los ecologistas caigan y hagan caer en la gente una y otra vez en la misma falacia económica, negando la posibilidad de un cambio tecnológico que, de hecho, sucede continuamente. Por ejemplo, la "revolución verde" ha permitido multiplicar nuestra producción agrícola incrementando el suelo cultivado en sólo un 2% desde 1950. Sin embargo, si hubieran inventado esta medida de "huella ecológica" antes de los años 60, la producción alimenticia hubiera cubierto el número de hectáreas necesarias para darnos de comer con la tecnología agraria antigua. Hemos reducido de hecho nuestra huella en la alimentación desde entonces comiendo cada vez más; la tecnología lo ha hecho posible.

Lo mismo sucede con otros recursos como los energéticos. El enorme desarrollo que disfrutan China y la India ha producido, por ejemplo, un gran encarecimiento del petróleo. Eso ha provocado que se comiencen a emplear fuentes cuya extracción no era anteriormente rentable, como las arenas bituminosas de Canadá, y las compañías hayan buscado y encontrado otros lugares donde extraer petróleo.  Y es que, como argumentó Julian Simon, las "reservas conocidas" no son más que la cantidad total existente en las zonas que han sido estudiadas y parecen prometedoras con las técnicas de extracción actual. Así, Exxon asegura que el abastecimiento está asegurado hasta 2030 "y más allá".

Por último, hay que recordar que el precio es precisamente medida de, entre otras cosas, la escasez. En el momento en que cualquier recurso se hace relativamente escaso con respecto a la necesidad que tenemos de él se encarece, reduciendo automáticamente nuestro consumo y obligándonos a economizar. Se crea así un enorme incentivo para que inventores y empresarios pergeñen nuevos modos de hacer lo mismo empleando menos cantidad de ese recurso. Como dice el economista Jesús Huerta de Soto, "el descubrimiento, por ejemplo, de un carburador que duplique la eficiencia de los motores de explosión tiene el mismo efecto económico que una duplicación del total de reservas físicas de petróleo".

El concepto de huella ecológica se utiliza para atacar ideológicamente a las sociedades libres desde dos frentes distintos. Por un lado, olvidadas ya por absurdas las tesis marxistas de explotación del proletariado y las leninistas de explotación del Tercer Mundo (pues éste ya ha demostrado en Asia que puede enriquecerse haciéndose capitalista), ahora se impone el concepto de deuda ecológica; las sociedades prósperas estarían haciéndose ricas a costa del planeta y de los países pobres, a los que estaríamos esquilmando sus recursos. Por otro lado, intenta imponer la idea de que nuestro desarrollo es imposible de sostener porque la Tierra no da más de sí, facilitando la imposición de medidas que lo coarten.

Evidentemente, cada uno es libre de hacer el test de su huella ecológica, preocuparse y reducir su consumo. No veo motivo alguno para censurar esa actitud; los bienes y servicios que nuestra sociedad provee no son obligatorios, que se sepa. El problema está en que el ecologismo no sólo pretende concienciarnos para que cambiemos nuestro modo de actuar, sino utilizar el Estado para que nos obligue a hacerlo, como ejemplifica el protocolo de Kyoto. Es ahí donde conceptos como la "huella ecológica" dejan de ser entretenidos esfuerzos moralistas basados en un concepto del mundo estático e irreal para convertirse en un peligro para nuestras libertades más básicas.

 

Opinión de los lectores

Gonzalo Melián

Me ha encantado el artículo Daniel.

leonardo

Me parece que la intención de ver el desarrollo como un estado de presión a los recursos naturales, sin darse cuenta de las limitaciones biofisicas que nos impone la tierra es un error gravisimo. La Huella Ecologica, permite establecer un escenario real respecto a las posibilidades de nuestro capital natural. Existen innumerables servicios ecosistemicos que hacen que la tierra sea un lugar habitables y al parecer el autor del articulo solo realza la necesidad de buscar un desarrollo a través de un aumento en la demanda agregada de los países, mas alla de preocuparse por gestionar de manera eficiente esa demanda. El reporte Stern (importante economista Ingles) realza la necesidad de buscar un modelo de desarrollo que este acorde a las limitaciones biofisicas, en que nuestros factores productivos tengan horizontes de limitación, como una busqueda de un mundo mas armonico y justo. Sino preguntemosle a los países que absorveran las consecuencias del cambio climatico.

Daniel Rodríguez Herrera

El problema es que la huella ecológica, Leonardo, no establece ningún escenario real. Sirve para engañarnos trayendo al presente un hipotético escenario futurista en el que todos los seres humanos consumimos como en los países más desarrollados, hurtando de ese escenario los avances científicos y tecnológicos que lo han hecho posible. El consumo actual de comida, por ejemplo, por parte de la humanidad hubiera sido imposible con las tecnologías previas a la "revolución verde". Sin duda, las necesidades de, por ejemplo, energía eléctrica dentro de 50 años serán imposibles de cubrir con las tecnologías actuales. Aceptar la huella ecológica como "realista" conlleva calificar de "realista" la total y absoluta congelación del ingenio humano.

Por otro lado, tanto la aprobación laudatoria del informe Stern como esa frase sobre "la gestión eficiente de la demanda" me hacen ver que necesita un curso acelerado de economía. Stern ha hecho un informe falaz de principio a fin, exagerando los costes de afrontar el calentamiento y minimizando los de prevenirlo (aún suponiendo que la teoría del CO2 sea correcta), además de suponer una preferencia temporal completamente irreal. De todos modos, eso se escapa de la discusión sobre la huella ecológica, que es sobre recursos y tecnología.

Leonardo


Me parece que el autor, desconoce el concepto de externalidad, básico de la economía ambiental. Si bien el relacionar la teoría malthusiana, la cual no incorpora el cambio tecnológico es correcta, al parecer en ningun momento se menciona cuales fueron las externalidades negativas por la revolución verde. Les puedo comentar algunas que aún se evidencian en los países latinoamericanos; erosión y nitrogenisación de los suelos, deforestación por cambios de uso de la tierra, contaminación de las fuentes de agua, desertificación, enfermedades pulmonares y esterilidad en las comunidades por el uso intensivo de agroquimicos, solo por mencionar algunas. Cuando hablamos de un indicador como la Huella Ecologica y evocamos a los cambios tecnologico es bueno tener un perspectiva integral de como vamos a utilizar esa tecnologia y cuales pueden ser las consecuencias, sino como bien dicen miramos con ojos de tuerto.

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