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Portada - Comentarios - Política y competencia según Castillo de Bobadilla

19/03/2007 - Francisco Moreno

Política y competencia según Castillo de Bobadilla

Jerónimo Castillo de Bobadilla, uno de nuestros clásicos liberales de la Escuela de Salamanca, escribió en 1597 su obra principal en dos volúmenes, denominada Política para corregidores y señores de vassallos, en tiempos de paz y de guerra y para juezes eclesiásticos y seglares, juezes de comisión, regidores, abogados y otros oficiales públicos. Dicho tratado constituye una obra de referencia sobre la ciencia política y administrativa del Siglo de Oro español.

Su Política fue concebida con una finalidad eminentemente práctica, y se convirtió pronto en un clásico en donde se recogía numerosas observaciones y recomendaciones para el buen gobierno de los corregidores, jueces y otras autoridades municipales; todo ello tratado desde la propia experiencia profesional del autor. Si bien la obra sufrió ciertas amputaciones en 1640 a instancias de la Inquisición, se imprimieron numerosas ediciones de su Política hasta bien entrado el siglo XVIII.

Castillo de Bobadilla, sabedor de los desmanes de las autoridades municipales, denunciaba un hecho que, por desgracia, es hoy también de aplicación: "Pocos ayuntamientos hay donde no haya regidores aprovechando"; como se ve, todo un clásico. Ya por entonces nuestro jurista constató que el servicio público era en demasiadas ocasiones una mera plataforma para el lucro o promoción personal a expensas de los demás, siendo un sorprendente precursor del antirromanticismo político de la Escuela de la Elección Pública de J. Buchanan y G. Tullock, por lo menos a escala municipal.

En su haber de logros conceptuales, Castillo de Bobadilla en su Política para corregidores defendió la propiedad privada como refugio frente al poder, el principio de equidad para dar con sentencias justas, la costumbre como fuente de derecho jerárquicamente comparable a la ley escrita y, en ocasiones, superior a ella (acotando, pues, la autoridad del monarca) y pudo también expresar con nitidez sobresaliente –en el capítulo cuarto del segundo volumen de su Política– una de las leyes más universales que existen con respecto a la oferta: "Los precios de los productos bajarán con la abundancia, emulación y concurrencia de los vendedores".

Éste fue uno más de los numerosos y atinados hallazgos de los miembros de la fructífera Escuela de Salamanca. El pensamiento liberal sabe bien que la competencia supone la movilización más eficiente de los recursos, capacidades y conocimientos de los vendedores/productores en beneficio del consumidor y de la sociedad entera. No obstante, la inaplicación de dicha ley tiene un claro origen: la intervención de los poderes públicos sobre el mercado.

Siguiendo el enunciado de esta ley de Bobadilla, podemos decir que los precios de los bienes y de los servicios no bajan todo lo que debieran –inflación y expansión crediticia aparte– porque existen:

  1. Impedimentos a la abundancia de vendedores: burocracia o abrumadoras regulaciones inhibidoras de la iniciativa empresarial, licencias o autorizaciones selectivas de actividad, tipos impositivos elevados que descapitalizan a empresas, aranceles o restricciones a la importación, clasificaciones y recalificaciones administrativas que impiden la competencia entre oferentes de suelo, etc.
  2. Restriccionesa la emulación de vendedores: leyes excesivamente protectoras de los derechos de propiedad intelectual o industrial, monopolios a la explotación de ideas, etc. y/o
  3. Ausencia de la concurrencia de vendedores: monopolios estatales, concesiones administrativas de explotaciones en exclusiva, cuotas al libre establecimiento empresarial, acciones de oro, etc.

Nadie debiera quejarse por la llegada de la competencia, ni siquiera el empresario (pese a hacerle la vida un poco más complicada) pues es un beneficio social evidente. De lo único que debe lamentarse un empresario es de no ser capaz de modificar su estructura productiva para adaptar sus procesos productivos a los permanentes cambios que se dan en el mercado, siempre dinámico. El consumidor debería, en estos casos, tener siempre a su disposición la respuesta adecuada a dicha incapacidad empresarial: irse a la competencia que mejore lo ofertado (pese a que sus queridas empresas nacionales o de su terruño se queden sin ingresos. Es pertinente traer a colación esta cita de Adam Smith en su Riqueza: "La máxima de cualquier padre de familia [léase también estado] es nunca intentar hacer en casa lo que le costaría más hacer que comprar").

Las empresas de cierto fuste, incluidas las multinacionales, no temen seriamente a los gobiernos ni a los reguladores públicos (las más de las veces pueden, y de hecho llegan, a acuerdos con ellos). Lo que realmente temen es a la competencia. Ella es un freno eficaz a sus abusos y sirve de acicate real para aumentar su productividad y explorar nuevas vías de producción, dando, por tanto, lo mejor de sí mismas.

Cuando la competencia hace acto de presencia pueden tomarse básicamente dos caminos: o bien abortarla o bien mejorar los precios o calidad de los bienes/servicios ofrecidos mediante la reducción de costes o la introducción de innovaciones de todo tipo.

Es lamentable constatar que el freno a que surja la competencia es fácil de conseguir, pues los empresarios socialmente improductivos o, en el mejor de los casos, saboteadores de la libertad, dedicados a la búsqueda de blindajes, privilegios o de rentas ajenas tienen demasiado a mano el canal legitimador de la coacción pública (sobre todo si ésta adolece de gatillo fácil para legislar a cambio de financiación) para, con su inestimable colaboración, revertir exitosamente esta ley económica expresada por Bobadilla en su Política e impedir que bajen los precios en el mercado mediante el logro de la escasez de oferentes, la restricción a la emulación o la ausencia de concurrencia de vendedores.

En estos casos habrán intervenido fatalmente elementos exógenos a la institución del mercado, poniendo en cuarentena la deseable rivalidad entre empresarios.

 

Opinión de los lectores

Bastiat

Y todo esto ya se sabía a finales del siglo XVI!!!

Lo saben todos, pero quien mas y mejor lo saben es los que ocupan el poder para así beneficiarse, “regidores aprovechando”, de los mecanismos de la coacción legal.

¿Bien lo saben ellos el gran beneficio que supone el poder intervenir discrecionalmente en el mercado!

¡Que si lo saben!

Muy buen artículo y gracias por acercarnos al conocimiento de este pensador.

Jose Antonio Baonza Diaz

Magnifico compendio sobre las relaciones poder político/mercado. Atinada recuperación de las reflexiones de Castillo de Bobadilla sobre los corregidores y la ley de la oferta, ahora que se acercan las elecciones municipales. Y, por si fuera poco, fantástico esquema sobre las limitaciones de la competencia por el intervencionismo. Un gran trabajo, Francisco.

Francisco Ruiz de Pablos

Muy opprtuno el artículo sobre el clarividente medinense Castillo de Bobadilla. Tomen buena nota los candidatos y candidatas para dentro de dos meses y medio a ayuntamientos y gobiernos autónomos.
Afortunadamente, ya no hay Inquisición retardataria. Desafortunadamente, hay una superinstitución mucho más peligrosa: Globalización

Fco. Moreno

Gracias por vuestros comentarios, Bastiat, Jose Antonio y Francisco. La verdad es que hasta hace bien poco desconocía la riqueza de contenidos de la escolástica española. Es un acierto que este Instituto tome el nombre de uno de los más interesantes pensadores de dicha corriente. La puntilla me la dio Gabriel Calzada en su memorable conferencia del pasado mes de octubre sobre la “prehistoria” de la Escuela Austríaca.

Francisco, la globalización no es peligrosa, al contrario, procura mayor abundancia y concurrencia de vendedores. Presumo que Castillo de Bobadilla estaría encantado de haber disfrutado de la misma.

JOAQUIN E. ROJAS ECHEVERRI

La Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, requiere el libro Política para corregidores y señores de vassallos, en tiempos de paz y de guerra y para juezes eclesiásticos y seglares, juezes de comisión, regidores, abogados y otros oficiales públicos

Fco. Moreno

CASTILLO DE BOBADILLA, Política para corregidores y señores de vasallos..., en Madrid: Instituto de Estudios de Administración Local, 1978

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