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Portada - Comentarios - Sí, otro urbanismo es posible

18/05/2007 - Gonzalo Melián

Sí, otro urbanismo es posible

La caída del Muro de Berlín simbolizó en la práctica el derrumbe de las ideas del pensamiento único enemigas de la libertad y del ser humano. En la teoría ya había sido Ludwig von Mises en el año 1920 el que demostrara, con su artículo Die Wirtschaftsrechnung im Sozialistischen Gemeinwesen, que eran puras fantasías de imposible aplicación y destinadas al fracaso. Muchos intelectuales, ante la evidencia de su tremendo error, han reconocido su equivocación y afirmado que verdaderamente el socialismo fue la gran tragedia del siglo XX. Sin embargo, otros se han negado a reconocerlo y han buscado refugio en áreas como el urbanismo y el medio ambiente.

En la actualidad, los sistemas urbanísticos y de ordenación del territorio sustentados en las ideas del pensamiento único se encuentran en una profunda crisis, no sólo por los innumerables escándalos de corrupción que aparecen todos los días en la prensa, sino también por las consecuencias devastadoras que se producen por la descoordinación de la asignación de los usos de un recurso escaso como es el suelo. Por eso, los intelectuales de izquierda se encuentran muy nerviosos y exhaustos al ver cada día como sus ideas ya fracasadas en el siglo pasado se terminan de desmoronar en este. Por esta razón, y no otra, se han empezado a movilizar de forma muy coordinada en medios de comunicación afines a su ideario con una única misión: culpar al mercado del actual desastre propiciado por sus propias ideas.

El último episodio de esta ofensiva ha sido el artículo publicado en el diario El País bajo el título Otro urbanismo es posible, escrito por el arquitecto Eduardo Mangada, que se hizo famoso al proferir la frase "Madrid no crece ni crecerá". El que fuera Premio Nacional de Urbanismo en 1978, concejal del ramo del consistorio madrileño con el PCE entre 1979 y 1982 y, posteriormente, consejero de la Comunidad de Madrid de 1983 a 1991 con los gobiernos socialistas de Joaquín Leguina lo tiene muy claro. Sus palabras dejan entrever que la culpa de lo que está sucediendo en la actualidad no es de sus propios errores intelectuales sino del mercado y de la propiedad privada.

El doctor Mangada nos sorprende con frases como que lo que ha producido una invasión indiscriminada de nuestro territorio así como la destrucción de recursos naturales y del paisaje es "la ausencia de unos modelos económicos y territoriales" y "un proceso guiado únicamente por el beneficio inmediato de las empresas inmobiliarias". Sus palabras dejan claro su profunda aversión hacia la palabra beneficio. Mangada considera, al igual que otros muchos izquierdistas, que el beneficio en el sector es ilegítimo y producto del fraude por parte de los entes privados. Estos señores parece que no quieren darse cuenta de que para que en el mercado libre existan beneficios se tienen que cumplir una premisa básica: satisfacer las necesidad de los demandantes de algún bien o servicio. En el mercado uno sólo puede enriquecerse haciendo ricos a los demás. Pero, sin duda, don Eduardo esto no lo ha entendido o no lo quiere entender puesto que nos sorprende con afirmaciones como "pocas veces, la humanidad ha tenido tal poder económico y financiero concentrado en tan pocas manos", cuando la realidad es, precisamente, la opuesta: nunca la civilización ha tenido tanta riqueza dispersa entre tantas manos (aunque lamentablemente no con la rapidez que sería deseable).

Lo más asombroso de don Eduardo Mangada es que no reconoce que el actual desorden que existe en la construcción de las ciudades es producto de su ideario. Además, se atreve a asegurar que hay que recuperar "la cultura del plan" y que los desordenes producidos "borrarlos es imposible" y "de lo que se trata es de civilizarlos física y socialmente, con o sin la participación de los promotores privados que ya han extraído una cuota importante de beneficios". Pánico me dan estas palabras, porque traslucen que no se ha dado cuenta todavía de que dónde nos encontramos es precisamente en un sistema fuertemente intervenido, en el que los derechos de desarrollo del suelo están nacionalizados y la asignación de los usos del mismo monopolizados por el Estado. El sistema que demanda Mangada es justamente el que existe en la actualidad y el que está ocasionando los brutales desordenes en nuestras ciudades, creando urbes que no atienden a las necesidades de los ciudadanos sino a los fines particulares de los gobiernos que ostentan el poder.

Por otro lado, don Eduardo nos pone como ejemplos paradigmáticos los desarrollos obreros urbanos de las "Siedlungen alemanas", desarrollados en la posguerra, de muy interesantes tipologías habitacionales y que tanto se enseñan a los alumnos de las escuelas de arquitectura como magníficos modelos de hacer ciudad. Lo que no se explica a esos estudiantes es la cantidad de costes externos que presenta la elaboración de este tipo de urbanismo, en el que el Estado se erige como promotor y constructor e impone a los ciudadanos un modelo de ciudad que persigue los fines individuales de los técnicos, políticos y burócratas.

Mangada también asegura que los técnicos "tendrán que aprender a hacer planes" y que éstos deben ser "redactados por quienes sepan hacerlos". Lo que pretende es que, al igual que sucede en la mayor parte de los casos actuales, los planes no los hagan los técnicos que compiten en el mercado para satisfacer con sus proyectos al mayor número de personas posibles, sino que los elaboren aquellos que persigan los mismos fines que quienes controlan el poder o son amigos de los mismos. Lo más terrible de todo esto es que el doctor Mangada también defiende como modelos a seguir los desarrollados en el sur de Madrid en los años 80, plagados de viviendas sociales y con modelos urbanísticos desastrosos, que por mucho que se querrían cambiar en la actualidad, no se puede porque el sistema vigente no lo permite. Si los ciudadanos prefieren vivir en otras zonas de Madrid, lo que hace que las viviendas en el sur sean más baratas, será por algo.

Indudablemente sí, otro urbanismo es posible, y este debe estar basado en el derecho natural a la propiedad privada y en el mercado. Sólo de esta manera se podrán crear modelos de ciudad que atiendan a las necesidades de los ciudadanos y no a los fines perseguidos por quienes pretenden imponer a los demás su criterio y sus ideas. Además, es la única forma de corregir los errores que el señor Mangada asegura que son de imposible solución, pues sólo el mercado puede volver a coordinar nuestro territorio. Las ideas socialistas, como no podía ser de otra manera, han vuelto a fracasar y sólo será cuestión de tiempo el ver cómo pasamos de un urbanismo socialista totalmente planificado de forma coercitiva, como es el actualmente vigente, a otro urbanismo de mercado con una planificación basada en la multiplicidad de contratos libres.

 

Opinión de los lectores

Jose A. Baonza Díaz

Gonzalo, hay un aspecto complementario a tu crítica sobre la doctrina Mangada, felizmente rehabilitado con la concesión de un artículo de opinión en las páginas del periódico oficial, tras una aparente purga interna durante más de veinte años. La raíz común de todos estos profesionales de la ocupación del poder es la de sentirse ungidos para interpretar lo que es bueno o malo para sus súbditos. A veces defenderán el desarrollismo, como anticipa la regulación del agente urbanizador en la nueva ley estatal del Suelo, otras veces, arropados por un caprichoso esteticismo ecologista, el crecimiento cero -es el caso del sujeto analizado. ¿Contradicción en su discurso? Solo aparente, porque lo que les une es la utilización de la planificación estatal para decidir lo que los individuos deben hacer. Esa idea motriz les permite ganar casi siempre en un sistema sometido al intervencionismo. Por ello, sin duda, la clave está -no importa cuantas veces se repita- en la defensa del derecho de propiedad de los individuos que forman el mercado y la denuncia de los burdos intentos por destruirlo. Hasta tal punto preocupa a los socialistas de todos los partidos que todavía existan vestigios de un derecho de propiedad sobre la tierra que han colado en la nueva Ley del Suelo esa falaz disyuntiva entre el derecho de propiedad privada y la libertad de empresa... ¡para justificar el atropello del primero con la figura del agente urbanizador al servicio del poder público! ¡Curiosa "deconstrucción posmoderna" de los derechos fundamentales del individuo! Lo que esta gente no soporta es que las cosas sigan un curso distinto al que determinen ellos, porque las decisiones individuales dentro de un libre mercado les haría perfectamente prescindibles. A ellos y a su cohorte de asesores, técnicos y demás aduladores del poder coactivo estatal.

flix

Si quieres buenos ejemplos de urbanismo en ausencia del estado, basado en contratos privados, lee The voluntary city.

agolmar

Me encanta que nos recuerdes aquello. Los que tenemos más de treinta nos acordamos, los más jóvenes deben saberlo para que sospechen cada vez que alguien diga sostenibilidad.

Dagort

¿ De que socialismo hablas, Gonzalo ?. No confundas origenes con actualidad. No mezcles a Lenin con Pedro Solbes, porque estarás engañando o, lo que es casi peor, engañándote. Por esa razón la derecha española, a la que perteneces legitimamente, viene de Acebes, este de Fraga, Fraga de Franco, Franco de Hitler....
Seamos serios: no busques razones historicas para aleccionar al mundo. Critica lo que creas que haga mal ZP o el obispo de Soria. Y en privado hasta a Aznar. Pero gobierna ZP hombre, ya volvereis.
Saludos

Fco. Moreno

Dagort, me temo que no has entendido nada.
El socialismo del que habla Gonzalo es el de ZP, PP, IU, CIU, PNV y demás estatistas y ordenadores compulsivos.
¿Te suena el liberalismo?

Dagort

D. Fco. Moreno.
No tengo el gusto de conocerlo, pero quien sabe si me he enterado de algo (usted no lo sabe, desde luego). Muy chisposo lo de "sociailismo" del PP CIU....si fuese usted a esos programas de monólogos se me forra.
Y en cuando a que si me suena "liberalismo", si es el que dicen en una pagina en la que tambien colabora Gonzalo, y que pone como liberales a M. Tatcher y a Ronaldo Reagan, pues que quiere que le diga, no se lo que es el liberalismo.
Por otra parte, le podría dar una clase teoríca sobre el liberalismo ...pero no soy pedante, sólo tertuliano tolerante.

Fco. Moreno

Estimado D. Dagort, el caso de Margarita y Ronaldo es harto dudoso que fuesen liberales desde un plano meramente teórico (sobre todo la dama británica en temas de urbanismo).
Dado su conocimiento en la materia, me encantaría saber, por el contrario, a qué político(s) considera usted liberal(es) caso de tener que proponer una lista (por exigua que ésta fuera).
Los tertulianos tolerantes suelen mojarse (no meramente tirar la piedra y esconder sus ases).
Saludos cordiales de un liberal chisposo.

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