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Portada - Comentarios - El derecho a la autodefensa

07/09/2005 - Alberto Illán Oviedo

El derecho a la autodefensa

Quizá la defensa ante una agresión es uno de los derechos que los ciudadanos tenemos más regulados y por regulado debe entenderse más restringido. La violencia independientemente de quién la ejerza y en qué condiciones, está mal vista y tanto la educación pública como los medios de comunicación se encargan de mostrárnosla como uno de los peores males que aquejan el mundo, como uno de los jinetes apocalípticos. No es necesario profundizar demasiado para comprender que tras la violencia y las armas se encuentran personas, que son quienes la ejercen. La pistola no se dispara si no hay alguien que apriete el gatillo. Defenderse ante esta situación es un derecho que no debería transferirse a nadie.

El Estado monopoliza, en última instancia, la capacidad de defensa tanto interna como externa. Solo los miembros de los cuerpos de seguridad del estado y de las fuerzas armadas están capacitados para poseer armas sin necesidad de permisos y regulaciones especiales. Sin embargo, un ciudadano debe hacerse con uno de carácter oficial que indique porqué y para qué se va a poseer un arma. Y sin embargo, el mismo Estado que debe cuidar con esmero y eficiencia que tal normativa se cumpla, es incapaz de impedir no sólo que muchos poseedores de armas no cumplan las condiciones mínimas (físicas y psicológicas) que impone, sino que un número nada despreciables de delincuentes puedan poseer un arma ilegal que hacen más dura la vida de algunos. El ciudadano se encuentra indefenso ante este colectivo y la regulación llega hasta el absurdo de que si al defenderse el agredido ocasiona algún daño al agresor, la víctima termine en no pocos casos como agresor y el agresor como víctima ya que el Estado puede estimar de manera un tanto arbitraria que la fuerza usada no es la adecuada.

Si la agresión es externa el asunto se complica. Aunque es difícil que un país europeo y occidental pueda ser invadido por otro hostil, esta situación en la periferia no es descartable. Israel ha vivido muchas veces la invasión de sus ‘vecinos’ musulmanes y algunos de sus habitantes vieron como se convertían en la primera línea de frente. Si no hubieran tenido armas, la situación hubiera sido mucho peor de lo que fue. Es difícil saber cuándo los estados occidentales, europeos principalmente, decidieron que sus habitantes no tendrían la posibilidad de poder defenderse salvo a través de sus fuerzas armadas. Lo que sí está más o menos claro es que un Estado intervencionista teme a una sociedad armada a la vez que ajena a la corrección política.

Las convenciones de La Haya de finales del siglo XIX y principios del XX pretendían establecer una quimera, las leyes por las que se deberían regir los conflictos armados entre países. Los representantes habían reconocido el derecho de los pueblos invadidos a presentar resistencia pero sólo si se constituían en cuerpos organizados identificados como beligerantes. De esta manera, la autodefensa del individuo era eliminada de golpe. En 1899, el representante belga se dirigió a sus colegas en estos términos:

Si la guerra está reservada exclusivamente a los estados y si los ciudadanos son meros espectadores, ¿no quedan así mermadas las fuerzas de la resistencia, no se priva así al patriotismo de su efectividad? ¿Acaso la defensa de la patria no es el primer deber del ciudadano?

No es extraño que los alemanes, que serían tristes protagonistas de los siguientes cincuenta años, se negaran a esta interpretación. Es difícil creer que en esa época se vislumbrara la magnitud del conflicto que se convertiría en la Primera Guerra Mundial pero se empezaron a dar los pasos que conducirían a tal masacre. Los alemanes adujeron que el sistema propuesto por sus colegas belgas derivaría en un reconocimiento internacional de la leva masiva y de la guerra de guerrillas y que destruiría los límites de la guerra, lo que llevaría a la barbarie. Con el tiempo, las tesis belgas perdiendo fuerza y los grandes ejércitos, en manos de gobiernos totalitarios como los alemanes y rusos, generaron algunos de los terrores más horribles que han existido en nuestro planeta.

 

Opinión de los lectores

Jordi

¿Pero donde te crees que estamos? ¿En Estados Unidos? A lo mejor deberías irte a vivir allí y ver con tus propios ojos lo de tener armas propias y el maravilloso "derecho de defenderse". ¡Que te cunda!

Daniel Rodríguez Herrera

Igual donde quiere vivir es en Suiza, donde no sólo está permitido tener armas sino que es obligatorio. Aparte de que ya hay diversos delitos con menor incidencia en Estados Unidos que en España. Si se dejara usted de mitos, quizá podría intentar aprender algo.

MBurns

Jordi: veo que tiene usted más miedo a las ideas que a las armas. El que alguien se atreva a pensar de modo diferente y a expresarlo es EL pecado en el mundo del dogmatismo. Quizá el que está en un lugar equivocado es usted. Vaya a preguntarle a su comisario político, para que él le diga dónde tiene que estar, qué tiene que pensar, qué decir, que leer, qué opinar. No tenga miedo: él le dará no sólo todas las respuestas, sino también todas las preguntas.

Alberto Illán Oviedo

Me preguntas, estimado lector, que en qué país creo que estoy.

Bueno, yo pensaba que estaba en un país donde puedo tener mis propias ideas y expresarlas sin que nadie me eche de él sólo porque no las comparte. Y esto es válido tanto para el 'No a la Guerra' como para la postura que yo defiendo. Pero está claro que no puede ser así y que pensar algo políticamente incorrecto es signo de destierro.

Un saludo, el mío cordial.

Manuel

Estoy de acuerdo con usted Sr. Illán en la respuesta a Jordi, ante todo respeto a las ideas de los demas. No estoy de acuerdo con usted en el fondo del asunto que trata. He vivido en un país de Centroamérica durante varios años en el cual comprar un arma de fuego es más fácil que comprar un teléfono móvil. Esto ha llevado a una situación practicamente insostenible a nivel calle por un detalle que en mi opinión usted ha pasado por alto: la educación y la cultura. En el dibujo que usted hace de la situación sólo tienen cabida personas que aparentemente tienen capacidad para discernir en que momentos es necesario el uso de un arma de fuego. Cuando esa capacidad, cultura o educación no existe, y creame que es en un porcentaje importante de todas las sociedades actuales, los accidentes de tráfico se treminan arreglando a tiros... En mi opinión los estados, regidos por personas coherentes y con preparación, supuestamente claro, deben de regular el uso de las armas de una forma lo más restrictiva posible. Gracias

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