Ley de dependencia del estado
La ley de dependencia del estado merece ese nombre. No porque sea un ley de ámbito estatal referida a las personas dependientes, sino porque es una ley que consagra y sistematiza la dependencia del estado. El aparato estatal, formado por políticos, funcionarios y subvencionados, sobrevive a costa de expoliar sistemáticamente a los ciudadanos productivos. Una estrategia estatal de supervivencia implica generar múltiples intereses que favorezcan su existencia: las muchas personas que reciben del estado más que lo que contribuyen (que a menudo es nada) tienden a preferir que el sistema gubernamental se mantenga o se expanda. Jubilados con pensiones públicas, sindicalistas, funcionarios o empleados públicos (profesionales de la educación, de la sanidad, de diversos servicios colectivos), receptores de subsidios varios: a todos les interesa de forma egoísta que las cosas sigan como están, y si es posible que se colectivice todo aun más. Los pobres envidian a los ricos y votan felices y convencidos para que se les confisque su riqueza y se reparta el botín: todo en nombre de un tan presunto como inexistente contrato social.
Como lo normal es que los seres humanos no se dejen robar pasivamente, los intelectuales cortesanos están permanentemente a la busca de excusas para intentar justificar la coacción institucional: el estado sólo quiere hacer el bien, ayudar a los necesitados, perseguir a los insolidarios que no aceptan cargar con su parte de responsabilidad colectiva. ¿Cómo negar ayuda a los más necesitados, a quienes por enfermedad, accidente o envejecimiento no pueden ya valerse por sí mismos y necesitan ayuda ajena? Los políticos sabios y bondadosos van a crear un sistema nacional de dependencia que creará muchos puestos de trabajo y estimulará la economía, compensará a los familiares que se ocupan de sus seres queridos más débiles, y resolverá todos los problemas imaginables.
Tras esta imagen de bondad se esconde la pulsión del poder, el deseo del dominio o control sobre otras personas, todo intencionalmente confundido mediante múltiples falacias comúnmente aceptadas. Si los más necesitados tienen algún derecho especial frente a otras personas, estos derechos no pueden ser derechos humanos, es decir derechos que se tienen por ser humano y sólo por ser humano (y no por estar enfermo o ser pobre). La necesidad no genera ningún derecho especial, y los que los políticos afirman reconocer se obtienen de forma ilegítima a costa de violar el derecho natural básico de propiedad. La justicia no tiene nada que ver con la redistribución de riqueza.
Los más ancianos podrían haber ahorrado para su vejez, o confiar en la ayuda de sus hijos (si no los tienen sus ahorros serán mayores). Los accidentados y enfermos podrían haber suscrito algún tipo de seguro que les garantizara una ayuda en caso de fatalidad. Pedir ayuda es muy diferente de exigirla. Confiar en los sentimientos de afecto y solidaridad de los otros es muy diferente de reclamar por la fuerza derechos inexistentes frente a completos extraños. El estado destruye los lazos espontáneos de la familia y la sociedad y pretende sustituirlos por trámites burocráticos impersonales. Crea empleos ineficientes a costa de destruir los auténticamente productivos. Y afirma estar resolviendo los problemas que previamente ha causado y sistemáticamente agrava.
¿A usted le preocupan los dependientes necesitados? ¿A qué espera para demostrarlo ayudándoles? Lo que hagan los otros es cosa de ellos, ¿o es que es usted de esos resentidos que no hacen nada más que quejarse de lo poco solidarios que son los demás? ¿Pretende usted convencerles u obligarles a ayudar? Si usted cree que es una persona pacífica y tolerante, ¿por qué se acerca a mí armado para que participe en un sistema de solidaridad que yo sé que no es adecuado? Claro que usted no viene directamente, prefiere reclamar a sus representantes políticos para que me envíen a sus fuerzas de inseguridad. Que mira por dónde también son dependientes del estado.
Opinión de los lectores
Parece inhumano estar en contra de la ley de dependencia, igual que en contra del sistema de pensiones, de la sanidad o de la educación pública, sin embargo, con la excusa de que ellos se ocupan de nuestro bien restringen la libertad: si no hubiera sanidad pública no tendría sentido la ley antitabaco, la prohibición de ir sin cinturón de seguridad o casco o la ilegalización de las drogas. Si no hubiera educación pública, nadie podría imponer un idioma, una religión o una moral en las escuelas, ni siquiera un contenido académico.
¿Qué cosas nos impondrán a cambio del "derecho" a que el Estado nos cuide en nuestra incapacidad?
Paco me ha gustado mucho lo que has escrito y me gustaría hacer un par de aportaciones o matices.
Cuando hablas de eso que llaman algunos contrato social, habría que subrayar la palabra contrato, porque a mi entender y creo que no me equivoco, un contrato es aquel con que dos o más partes llegan a un acuerdo en libertad. ¿Cuando he firmado yo ese contrato? La verdad no lo recuerdo, así que un contrato el que yo no haya tomado parte o no se me haya preguntado que si quiero plasmar mi nombre en él no es valido.
Por otra parte por si alguien ha leído tu comentario y no este muy de acuerdo en lo que respecta a el sistema nacional de dependencia que creará muchos puestos de trabajo y estimulará la economía y resolverá todos los problemas, recomendarle que se lea la obra “lo que se ve y lo que no se ve” de Frederic Bastiat creo que es de fácil comprensión para los que no estén de acuerdo.
Me ha parecido una aportación fundamental recalcar que un derecho natural básico es la propiedad. Es importante que la gente que cree que la propiedad te lada el estado al igual que el trabajo y que sin el estado no tendrías ni trabajo ni propiedades decirles que están totalmente equivocados. El trabajo lo buscas tú y si no lo encuentras haces uso de la creatividad para encontrarlo y con esfuerzo y tu trabajo adquieres las propiedades con el fin de ir obteniendo un bienestar. ¿Por qué otros se empeñan en quitarte este bienestar que tu te has trabajado?
Esta claro que no es lo mismo pedir que exigir y que la ayuda debe ser siempre voluntaria. Con esto puede parecer que soy un egoísta, pues les puedo asegurar que no hay nada más falso. Soy cristiano y, por lo tanto, ayudo en lo posible a todos lo que necesitan ayuda, porque los cristianos somos solidarios pero dicha solidaridad es siempre voluntaria, no exigida.
Un abrazo, Paco; repito que me ha gustado mucho tu comentario.
Este comentario me ha recordado a una redacción que escribí para el colegio cuando tenía 6 años. Con una lógica que para mí era incuestionable defendía que el mejor modo de mejorar la ciudad en la que vivía era que el Ayuntamiento contratase a los parados como barrenderos. También me sorprendía que no se hicieran más billetes para acabar con la pobreza.
Me llevó unos años aprender algo de economía para darme cuenta del sinsentido de estas ideas de crío. Al menos, yo puedo decir que lo he superado. No sé si nuestros políticos pueden asegurar lo mismo.
El comentario es muy bueno.
Gracias por vuestros amables comentarios; anima mucho saber que hay gente sensata interesada por lo que escribimos.
El comentario es de lo más sorprendente. Creo deducir que hay una especie de justicia natural que es la que hace que los que tienen más lo tienen porque se lo merecen, y los que no, tienen lo poco que se merecen. Calvinismo en estado puro. Con lo que las colectividades y los estados no deberían afectar a este orden. Una especie de mano invisible de Adam Smith, pero a lo socialmente justo.
Hacía tiempo que no oía una tesis con tan poco fundamento. ¿En verdad hay alguien que crea que todas las personas en situación de dependencia tienen menos derecho a un bienestar económico que cualquier rico? ¿Quién es el redactor para decir si el reparto de la riqueza actual es el que se ajusta a un canon de equidad razonable?
Tengo muy claro que si hay una persona que tiene una discapacidad que le dificulta la subsistencia de modo notable y no dispone de medios, es el Estado el idóneo para garantizar una vida digna. Y esto no creo que necesite explicación. De todas las cosas que hacen los poderes públicos con mi dinero, creo que ésta es de las más meritorias. Y el procedimiento no puede ser otro que el coactivo, porque sino, no funcionaría. La hacienda es así en todo el mundo y siempre ha sido así. No es una cuestión de solidaridad, sino de fines del Estado.