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Portada - Comentarios - No a la guerra

28/07/2006 - Albert Esplugas Boter

No a la guerra

Muchos padecen lo que podríamos denominar síndrome de Jekyll y Hyde en lo que respecta a la intervención del Estado dentro y fuera de sus fronteras: son radicalmente anti-estatistas en política doméstica, pero en cuestiones de política exterior se vuelven fervientemente pro-estatistas, clamando por la intervención del Estado con el mismo énfasis con el que antes la criticaban. Lo sorprendente es que no entrevean lo contradictorio de sostener ambos planteamientos simultáneamente.

En política interior resulta que el Estado es el enemigo. Hay que limitarlo, reducirlo o desmantelarlo, nos impone injustas restricciones, confisca nuestras propiedades y es inherentemente incapaz de gestionar de forma eficiente los recursos que incauta. Sospechamos de sus intenciones, no damos crédito a sus promesas y sabemos distinguir entre el Estado y la sociedad civil. Pero en política exterior los enemigos están en otra parte, por doquier, y es el Estado nuestro principal aliado. Ya no hay que limitarlo o reducirlo, sino expandirlo. Tiene que intervenir aquí y allí para promover la democracia, lanzar ataques preventivos para sofocar posibles amenazas, reconstruir naciones enteras y poseer bases militares en todas las regiones del mundo. Lejos de sospechar de sus intenciones creemos sinceramente que aspira a protegernos. No desconfiamos de sus declaraciones ni de sus promesas, antes al contrario, arremetemos contra aquellos que las ponen en duda. El Estado y la sociedad pasan a ser una misma entidad, no es el gobierno el que está en guerra sino "nosotros", el país entero, y no luchamos contra un gobierno foráneo sino contra la "nación enemiga". De pronto el Estado se vuelve también eficiente, no puede planificar exitosamente el sector eléctrico pero sí puede planificar guerras y reconstrucciones nacionales. Tan virtuosa deviene la causa del intervencionismo militar que debemos estar dispuestos incluso a soportar "temporalmente" más impuestos y a sacrificar parte de nuestras libertades civiles. De este modo el mayor y más violento de los programas estatales ya no se considera una imposición con efectos no intencionados y potencialmente devastadores, sino una actuación necesaria y justa en aras del interés general. ¿Es éste un planteamiento coherente? Por supuesto, como señala Lew Rockwell, esta paradoja no es exclusiva de "la derecha". "La izquierda" peca exactamente de lo mismo, aunque en sentido inverso: en política exterior el Estado es una máquina brutal al servicio de intereses especiales que sólo conoce la destrucción y la injusticia, pero en política interior el Estado se preocupa por la gente, contribuye al bienestar colectivo y si no es más justo es por falta de fondos y atribuciones insuficientes.

Al Estado hay que juzgarlo con la misma severidad con la que juzgaríamos a un individuo cualquiera. Si el ejército bombardea un objetivo equivocado por accidente matando a decenas de civiles no puede valernos una simple disculpa, del mismo modo que no aceptaríamos una simple disculpa de un individuo que accidentalmente hubiera disparado su bazuca contra un autobús lleno de gente mientras practicaba en el patio de su casa. La doble vara de medir que se emplea para juzgar las agresiones de los Estados, y en particular de los Estados en guerra, es el resultado de lanzar los principios liberales por la borda y acogerse a la máxima de que el fin justifica los medios.

Naturalmente uno tiene derecho a utilizar la fuerza para defenderse y exigir restitución, pero una agresión no legitima en absoluto cualquier tipo de respuesta. El uso de la fuerza será legítimo en tanto sea defensivo / restitutivo y se dirija contra el agresor. En caso de que el agresor se halle parapetado entre civiles, el derecho a la auto-defensa podría justificar en determinadas circunstancias la muerte de individuos inocentes, pero eso no convierte en aceptables todos los "daños colaterales". Tomando la analogía de Rockerick Long, supongamos que Eric, con un niño a cuestas, nos empieza a disparar, y que no podemos defendernos sin matar al niño. En este contexto podríamos considerar que aún tenemos derecho a defendernos, pero la legitimidad de la represalia parece depender de cuatro factores: primero, el alcance relativamente pequeño de los daños colaterales (sólo un niño); segundo, la alta probabilidad de que disparando a Eric le detendremos; tercero, el hecho de que Eric es una parte importante de la amenaza (en este caso él es toda la amenaza); y cuarto, la ausencia de alternativas que no pongan en peligro la vida del niño. De esta forma, la justificación de los daños colaterales se debilita conforme alteramos alguna de estas variables: si Eric está escudado por miles de niños en lugar de uno, si no estamos seguros de que Eric se encuentra entre los niños, si Eric es simplemente una ínfima pieza del aparato militar y su muerte en concreto apenas contribuirá a poner fin a la amenaza, si hay modos de neutralizar a Eric sin dañar a los niños que le rodean... Cuanto más nos alejamos del escenario inicial menos diferencias encontramos entre el daño colateral y el ataque directo contra objetivos civiles. En las guerras modernas, ¿la mayoría de los daños colaterales son como el ejemplo de Eric?

Por otro lado, las guerras se financian mediante impuestos, esto es, mano de obra esclava: el Estado obliga a todos los ciudadanos a trabajar al servicio de la maquinaria bélica, lo quieran o no. De este modo los que toman la decisión de ir a la guerra no son los mismos que soportan sus costes, lo cual es un incentivo para emprender guerras. Si quienes deciden tuvieran que pagar la factura a lo mejor serían menos propensos al aventurismo militar. Además, ¿en base a qué se supone que quienes toman estas decisiones ansían proteger a los ciudadanos? ¿Es eso cierto en los demás ámbitos? ¿Por qué no presumir que en este caso, como en el resto, lo que a menudo intentan proteger son sus propios intereses y los de otros grupos de presión?

Asimismo, ¿de dónde se sigue que el Estado será eficiente protegiendo a sus ciudadanos de amenazas externas? ¿Es incapaz de proveer una educación de calidad y ahora resulta que puede liberar países y exportar la democracia allí donde se lo proponga? Estamos hablando de planificaciones centrales a gran escala, lo cual comporta despilfarro ingente de recursos y multitud de consecuencias imprevistas. No en vano Noriega, Husein y Bin Laden fueron en su día patrocinados por el gobierno de Estados Unidos y luego pasaron a ser sus enemigos. "Es fácil decirlo cuando ya ha sucedido, pero en su momento era imposible predecirlo", objetarán algunos. ¿Pero acaso no es ésta una buena razón para no intervenir en primer lugar? Como apunta David Friedman, el problema con las intervenciones militares es que hacerlo mal es mucho peor que no hacer nada, y puesto que los encargados de tomar decisiones son los mismos que gestionan Correos, es probable que lo hagan mal.

No hay que olvidar tampoco que el Estado del Bienestar crece a la sombra del Estado imperialista, erosionando libertades civiles en el interior del país y aprobando restricciones que jamás serán derogadas. La guerra aparta las miradas de los problemas nacionales y es una buena excusa para vigorizar el aparato estatal.

El liberalismo no casa bien con el intervencionismo militar. El Estado es despótico e ineficiente en todos los campos, también en el campo de batalla. Por este motivo en un contexto estatista lo más prudente y acorde con los principios liberales es reivindicar una política exterior no-intervencionista, aislacionista, estrictamente defensiva y en todo caso encaminada a eliminar quirúrgicamente a los agresores.

 

Opinión de los lectores

José

No puedo estar mas de acuerdo, Albert.

Excelente argumentación lo que dices respecto a los impuestos; nada como una guerra (fuera de tu territorio, claro) para activar que el estado active la economía en periodos de recesión: ahí están los datos de crecimiento de ciertas potencias durante la 1º y 2º guerra mundial. O sea: ¡keynesiano puro!

Por otra parte, la guerra es el extremo último de la falta de entendimiento y respeto, condición de mínimos para la libre circulación de mercancías y el comercio.

Gonzalo Melián

Magnifico artículo Albert. En España, sin dar ningún nombre hay muchos políticos que se pasan el día proclamándose liberales y criticando al Estado, pero sin embargo en lo referente a la política exterior si defienden un Estado fuerte y poderoso, con poder de intervención en otros Estados. Son las dos caras de la moneda pero como bien dices tú en ambas caras el Estado es ineficiente.

De las razones que explicas y argumentas contra las guerras Estatistas quizás subrayaría las dos que a mi juicio son primordiales y que están fuera de toda ética. La primera la muerte de inocentes que no tienen nada que ver y nunca son justificadas. Y la segunda que el dinero que el Estado te quita por la fuerza de tu trabajo se destine para fines que tu no quieres como puede ser el de matar gente inocente.

Lo que más me gusta es tu conclusión final que considero muy acertada.

Un saludo

Toni

Ya estamos otra vez con el rollo Hopperiano y Rockwelliano. Es cierto que el estado es ineficiente, eso lo sabemos los liberales y los ancaps, pero también es cierto que nunca ha habido más libertad económica que en la actualidad. Yo no sé si en el futuro las sociedades evolucionarán hacia el paraíso prometido de los ancaps pero claro, tengamos en cuenta una cosa, la evolución del capitalismo ha ido siempre pareja a la evolución del sistema político hacia... ¿el libertarismo? No. Hacia la democracia. Yo no voto. No me gusta el estado. No me gustan las guerras de agresión. No me gusta pagarle los impuestos al Sr. Warlord de turno, pero siempre se me ocurre la misma pregunta: ¿Qué tiene que decir el señor Hoppe del desembarco de Normandía? ¿Acaso sería mejor esperar a que las compañías de seguros que tanto le molan liberasen a sus conciudadanos y así pudiese, libremente marcharse a las Vegas a rajar contra los USA? ¿No será que es muy fácil rajar del estado viviendo en Las Vegas?

No te ofendas, que tus comentarios son muy oportunos y sólidamente argumentados, como los de Hoppe, pero pecan de un tufillo a resentimiento ant-anti que me recuerda mucho a los progres. Es decir "todo está mal hasta que se consiga... todo funciona mal" y yo con eso no estoy de acuerdo. Creo que lo que diferencia el liberalismo del anarquismo es que el liberal ama la libertad por encima de todo y el anarquista odia el poder por encima de todo, lo cual es parecido, pero no es igual.

Un saludo.

Kantor

La cuestion no es si la guerra es buena o mala: la cuestion es si la guerra es buena o mala en el margen.

Hacer la guerra hoy contra (por ejemplo) los islamo-nazis es bueno, comparado con hacerla dentro de un par de años.

Albert Esplugas

Toni,

Nunca ha habido más prosperidad que en la actualidad, lo que no quiere decir que en el siglo XX haya habido más libertad económica que en el siglo XIX. En fin, no ha sido así ni de lejos. Como dices, hemos evolucionado hacia la (social)democracia, no hacia el liberalismo. En cualquier caso no sé qué tiene que ver esto con el tema del artículo.

Creo que lo que diferencia el liberalismo del anarquismo es que el liberal ama la libertad por encima de todo y el anarquista odia el poder por encima de todo, lo cual es parecido, pero no es igual.

En ningún momento he hablado de anarquismo, no entiendo por qué te refieres a él con tanta insistencia. Estoy defendiendo una postura aislacionista para un contexto estatista como el actual que es absolutamente compatible con un planteamiento minarquista. De hecho ha sido la postura tradicional de la vieja derecha norteamericana (no anarquista) y sigue siendo la bandera de muchos liberales-clásicos y conservadores (sin el “neo” delante) anglosajones.

Un saludo

Carlos

Totalmente de acuerdo Albert. Esto si es liberalismo.

Albert Esplugas

Al hilo de este comentario de Barcepundit me gustaría aclarar que en el presente artículo no estoy poniendo en cuestión la línea teórica minarquista a la que hace referencia, sino el intervencionismo militar / pro-estatismo en materia de política exterior (como opuesto al aislacionismo) de algunos liberales.

Toni

Veamos: Si tenemos un señor en la casa de al lado que resulta que está fabricando un arma con la que puede destruirnos al primer golpe, midamos la moralidad (¿se puede medir la moral? Rothbard dice que no).

Caso 1. Yo voy y le zumbo antes de que termine la bombita. Resulta que no había bombita, como en Irak, pero, cachis, yo no lo sabía. El caso es que mi vecinito le pegaba a su mujer y hacía mucho ruido por las noches (vamos un Sadam de turno).Que pena. Uno menos. Claro que podremos decir que ahora la mujer a la que pegaba se ha quedado sin manutención y tal y tal. Que nosotros no somos quién para meternos en la casa de nadie. Seguramente sea verdad. A veces me despierto por las mañanas y me pregunto por qué todo es tan complicado. Pero lo cierto es que todo es muy complicado.

Caso 2. No hago nada. Respeto el derecho de mi vecinito a ponerle las pilas a la parienta y también su derecho a jugar con el Cheminova en casa. ¿Qué va a pasar? No lo sé. A veces me despierto por las mañanas y me pregunto por qué todo es tan complicado. Pero lo cierto es que todo es muy complicado.

Ninguno de los dos casos supera al otro en moralidad. Primero porque yo no soy mi vecino, las democracias (sociales, seguramente como tú bien dices) no son, con todas sus desvergüenzas, comparables a las tiranías. Segundo porque las consecuencias negativas de los dos casos (en el 1 que la mujer se quede sin manutención, en el 2 que me reviente mi casa con una bomba) pueden analizarse con un modelo de coste beneficio (¡oh no el tan odiado coste-beneficio!) y ¿cuál será el resultado que tú como individuo escogerías? Yo tampoco tengo respuesta para ello.

Claro que el estado nos folla a impuestos cuando hay guerras, igual que cuando hay elecciones o sistema público de salud. El caso es que (no se a ti) a mí nadie me ha preguntado si quiero pagarlos, tampoco creo que lo hagan en las sociedades con supuestos estados mínimos. Lo único que sé es que tengo que pagarlos.

Se los tengo que pagar al señor Zerolo. Se los tengo que pagar al señor Zaplana. Se los tengo que pagar al que me recoge la basura. Y si se los tengo que pagar al militar que le sacude a Zarqaui un misil por el recto se los pago de mejor gana, que quieres que te diga.

Sabes que el siglo XX ha sido el siglo del genocidio. Y que el XIX el del liberalismo. Es verdad, pero la gente anestesiada vive mejor hoy que hace un siglo y medio. Mucha más gente, y lo sabes bien. Seguramente tendrá que pagar impuestos hasta para cagar, pero no nos pongamos la venda que la realidad es que ahora tenemos blogs desde donde hablar y tal y tal. Eso sí en el XIX había menos aranceles y todo eso…

A veces me despierto por las mañanas y me pregunto por qué todo es tan complicado. Pero lo cierto es que todo es muy complicado.

Un saludo.

Mario

Muy interesante el artículo, así piensa un auténtico liberal. Pero si ahondamos en el tema nos podemos ver comprometidos. Veamos: ¿Qué quiere decir "reivindicar una política exterior no-intervencionista, aislacionista, estrictamente defensiva y en todo caso encaminada a eliminar quirúrgicamente a los agresores"? No lo dudes Albert, eso conduce al paramilitarismo, por un lado, y por otra parte,en el caso de la guerra de Israel contra los terroristas de Hezbolá es necesario una defensa "estatal" (detesto la palabreja). Lo contrario es ingenuidad, porque los habitantes del sur de Israel podrían alegar que los misiles que les disparan desde el Líbano no los afecta y por lo tanto no apoyan la guerra. Así, las posibilidades de defenderse serían mínimas. Yo soy colombiano y conozco de cerca los estragos del paramilitarismo y la guerrilla.

Miguel Moreno

"El liberalismo no casa bien con el intervencionismo militar."

Lo cual no quiere decir que para quitarse encima, por ejemplo, al nazismo, al comunismo o al islamismo, no haya tenido que recurrir al "intervencionismo militar". Al final, las democracias necesitan ejércitos para defenderse. Y me da igual que sean públicos o privados, que no voy a entrar a esa discusión. Pero en cualquier caso, las libertades necesitan "intervenciones" militares que las garanticen. Así fue, es y será.

Ángel Fernández

Hola Albert:

Interesante y valiente artículo sobre la "defensa de la sociedad civil" por parte del Estado. Peliagudo de abordar sin crear cierta polémica. Buen intento.

Lamento no compartir algunos planteamientos que considero se han realizado "gratuitamente" desde un escritorio acomodado de intelectual europeo.

Pongamos, como ejemplo, el conflicto actual de una democracia como Israel en el avispero radical "islamista" de Oriente Medio.

Intentemos ponernos en la piel de un ciudadano israelí. Como ya sabemos, Israel es un estado muy pequeño con una exigua población de sólo 6.116.533 personas (año 2003) que, con sus virtudes y con defectos, es un estado democrático.

El desarrollo socio económico de su población es evidente y se ha logrado probablemente en el medio más hostil de todo el planeta con escasez de recursos naturales, con dureza climática, con carencia de democracia en los vecinos de la región y, rodeados de fanatismo musulmán que provoca actos terroristas constantes en sus ciudades.

Creo que es más que evidente que si no llega a ser por un ejercito organizado desde el Estado de Israel, con amplia participación de toda los hombres y mujeres que forman su sociedad, hace tiempo que no existiría devorado por el islamismo radical.

Dado que la violencia ha sido una constante en la historia de la humanidad, estimo que el caso de Israel permite analizar la viabilidad "real" de muchas de las afirmaciones realizadas en tu comentario.

Observar y estudiar en profundidad las amenazas "reales" a las que se ve sometida la democracia de Israel, permite hacerse una idea de la viabilidad de cualquier democracia liberal (más o menos avanzada en su grado de profundización democrática) frente a las amenazas y/o las agresiones directas de ideologías y/o Estados totalitarios.

Y creo que, aunque sea políticamente incorrecto (frente a la marea de medios de comunicación cercanos a la progresía izquierdista socialdemócrata), Israel es difícilmente criticable incluso cuando hace uso desproporcionado de la fuerza disuasoria; ya que con ello está mostrando un mensaje claro hacia el futuro para los dirigentes y para la población de las regiones hostiles.

Me explico; está mostrando el devenir de aquellos estados que dejen proliferar grupos terroristas en su seno y que no consientan la existencia pacífica de otro estado donde se fomentan las libertades y derechos civiles de la población (frente al totalitarismo religioso imperante en la región).

Cuando miles de misiles del grupo terrorista Hizbulá en el Libano (bajo control de Irán) apuntan hacia Israel, cuando en Palestina tienen el poder los terroristas de Hamas (alimentados por Siria), cuando sus secuestros, ataques y amenazas son constantes.

Cuando Irán amenaza con lanzar una bomba atómica sobre Israel para hacerlo desaparecer del mapa y parece ya está muy cerca de conseguir su desarrollo (de hecho el presente conflicto en Líbano es una cortina de humo perfecta para su programa nuclear), conviene preguntarse:

¿Cómo se explica en Israel un titular de "no a la guerra"?

¿Cómo se explica en Israel una propuesta de un Estado no intervencionista en el exterior?

En ese sentido Israel, tal y como señalas en tu artículo, se promueve un contexto estatista prudente y acorde con los principios liberales:

a) Reivindicando una política exterior no-intervencionista y aislacionista.
b) Estrictamente defensiva.
c) Y en todo caso encaminada a eliminar quirúrgicamente a los agresores.

Sinceramente, de acuerdo con limitar, reducir y/o eliminar el intervencionismo estatal en los asuntos interiores de cada nación. Además también con garantizar y proteger los derechos y libertades individuales de los ciudadanos.

Y además, en mi opinión, paso a paso, hay que avanzar en medidas de "profundización democrática" que permitan el control y limitación de las acciones del Estado por parte de sus ciudadanos.

Pero, eliminar totalmente un Estado para ceder la intervención exterior del Estado a no se sabe qué utopía (anarcoliberal o no), opino es en extremo peligroso y arriesgado para la defensa de las libertades y derechos individuales de los ciudadanos del país. Muy arriesgado estratégicamente para aquel país que lo lleve a cabo, ya sea Israel o cualesquiera otra democracia.

Desde mi punto de vista, hay que tener cuidado en los asuntos de defensa nacional.

Me explico, o bien Europa cambia su ideología del "buenismo" multilateralista frente a las amenazas exteriores y defiende los derechos y libertades individuales, o estaremos abocados a la desaparición de nuestras precarias democracias (se acierta al definirlas como socialdemocracias) durante el siglo XXI.

Probablemente, habrá que plantear cuidadosamente qué medidas se necesitan para transformar las socialdemocracias imperantes (partitocracias) en verdaderas democracias liberales en donde los individuos controlen y limiten las acciones del Estado y en donde el Estado defienda (interior y exteriormente) los derechos y libertades individuales de las personas.

Desde luego, es muy arriesgado eliminar también la intervención exterior del Estado en la defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos.

Más bien el Estado hay que limitarlo para que intervenga sólo en las relaciones exteriores, en la defensa y en la promoción de instituciones que garanticen, protejan y maximicen los derechos y libertades de los ciudadanos que deben controlar y limitar las acciones del Estado.

Intentaré realizar en el IJM en Noviembre o en Diciembre una conferencia sobre medidas de profundización democrática en donde abordaré lo anterior.

Desde luego, el tema de la defensa nacional exige un debate muy profundo que es difícil de abordar en toda su dimensión dentro de un comentario. Buen intento.

Un abrazo,
Ángel Fernández

Miguel Moreno

El planteamiento que se hace en el artículo me parece bastante idealista e impracticable. La guerra es la guerra y conlleva muchas actuaciones deplorables, lo cual no quiere decir que no sea justa. El Estado no es una máquina perfecta; los militares cometen fallos, ¿y? Ellos son la mejor garantía de nuestras libertades, mientras no se invente algo mejor. No quiero imaginarme un futuro en el que, ante una hipotética invasión marroquí o francesa, para cuando los minarquistas españoles se pusieran de acuerdo en cómo afrontar la defensa territorial, hubiéramos sido arrasados.

Ciertamente, tras un periódo bélico, el Estado suele prolongar sus prerogativas y poderes excepcionales, cediendo poco a poco los mismos a la sociedad. Es el caso de la posguerra española. Hasta bien entrados los 50 España vivía en una autarquía semicuartelera. Ahora bien, prefiero mil veces esta situación a que España hubiera terminado bajo la bota de Stalin. Los EEUU también fortalecieron su Estado, militar y económicamente durante las guerras mundiales. Pero, afortunadamente, nos libraron a muchos del nazismo y del comunismo. Para unos puede ser prioritario que el Estado sea el mínimo posible. Para mí, la libertad de propiedad, comercio, empresa, etc. es más importante.

Posiblemente hay formas de seguridad más eficaces que el Estado. Ahí está la OTAN, organización supraestatal o supranacional. Pero, de momento, no veo otra manera más eficaz de defender las sociedades que los ejércitos "estatales", en los que, no se olvide, trabajan personas con nombres y apellidos, con su carrera profesional ganada a pulso. Los más eficientes, son los que llegan más arriba. Como en las empresas. Habrá cargos y nombramientos por enchufe y por política. También los hay en las empresas y nadie pide su desaparición. El Ejército se financia con cargo a los presupuestos, las milicias minarquistas se financiarían igualmente con coste para los ciudadanos. No seamos idealistas.

Israel acaba de cometer un error militar y ha matado a 54 civiles en Líbano. ¿Y? ¿Acaso esos errores no los hubiera podido cometer igualmente un Ejército "privado"? ¿Es que no es peligroso confiar la seguridad de un país a una empresa privada? ¿Es que no se corren riesgos en una sociedad minarquista al confiar la seguridad a quienes los ciudadanos quieran, como si fuera tan fácil poner de acuerdo a millones de ciudadanos, como si los ejércitos de los minarquuistas no pudieran desgastarse en reyertas internas a las que los propios ciudadanos podrían conducirles por voluntad y decisión propia?

Volviendo al caso de Israel, la defensa que está haciendo el Estado de la sociedad israelí me parece bastante más eficaz que la que hacen los hamases y hizbolases de turno de sus tribus teocráticas medievales. Por cierto, que la legitimidad de un Estado democrático y liberal para defenderse de una agresión foránea se me antoja bastante superior a la legitimidad de unos grupos subestatales, como las propias milicias yihadistas.

Un saludo,

Albert Esplugas

Toni,

Una vez me plantearon la siguiente analogía: “te enteras de que el vecino le pega a la parienta pero llegas a la conclusión de que eso no va contigo. Lo mismo me parece el aislacionismo.”

Mi respuesta fue: “Nadie dice que no entres en casa del vecino para sacudir al marido que pega a su mujer. Pero las guerras no son eso. En las guerras de hoy, además de sacudir al marido, quizás sacudes también a otros vecinos, o a la mujer misma y a sus hijos, y revientas media casa y tu pierdes un brazo o una pierna. Y además como el gobierno ni batalla ni paga, sólo ordena, puede enviarte a casa de todos los vecinos que maltratan a sus esposas. En nombre de una buena causa, pero a menudo para su propia gloria.”

Equiparar la pugna entre dos vecinos particulares con la pugna entre dos Estados me parece, además, engañoso. Dejas fuera del análisis los “daños colaterales”, los problemas de planificación a gran escala / consecuencias no-intencionadas del intervencionismo militar, impuestos / conscripción / pérdida de libertades civiles etc. Planteémoslo al revés: ¿qué crees que pasaría si los individuos se comportaran como lo hacen los Estados en guerra? Ya lo dijo Kelvin Throop: si la gente se comportase como gobiernos llamaríamos a la policía.

En cualquier caso, Toni, no estoy sugiriendo que el mundo no sea complicado y que existan respuestas sencillas para todo (ni que yo apriorísticamente las conozca, por supuesto). Sólo estoy argumentando en favor de un posicionamiento, digamos, radicalmente escéptico con respecto a la política exterior de los Estados. El mismo escepticismo que los liberales manifestamos en los demás ámbitos.

Mario,

en el caso de la guerra de Israel contra los terroristas de Hezbolá es necesario una defensa "estatal" (detesto la palabreja)

No estoy en desacuerdo con lo que apuntas. Ya he dicho más arriba que en este artículo no argumento en contra de “toda defensa estatal”, sino en contra del intervencionismo/aventurismo/wilsonianismo militar. Otra cosa es que ésta o aquella respuesta concreta del Estado israelí al terrorismo sea justa y adecuada.

Ángel,

Pero, eliminar totalmente un Estado para ceder la intervención exterior del Estado a no se sabe qué utopía (anarcoliberal o no), opino es en extremo peligroso y arriesgado para la defensa de las libertades y derechos individuales de los ciudadanos del país.

De nuevo, estoy defendiendo una postura aislacionista absolutamente compatible con un planteamiento minarquista, no estoy llamando a la privatización de la defensa nacional (no en este artículo).

Y creo que, aunque sea políticamente incorrecto (frente a la marea de medios de comunicación cercanos a la progresía izquierdista socialdemócrata), Israel es difícilmente criticable incluso cuando hace uso desproporcionado de la fuerza disuasoria; ya que con ello está mostrando un mensaje claro hacia el futuro para los dirigentes y para la población de las regiones hostiles.

Discrepo. A mí sí me parecen criticable el uso desproporcionado de la fuerza al que aludes. Todo lo que se aparte del ejemplo de Eric que menciono en el artículo me parece reprobable desde un punto de vista ético (liberal), y está por ver que estas respuestas tan poco quirúrgicas no tengan efectos contra-producentes. En el caso de la ofensiva israelí tú haces la siguiente lectura: “está mostrando el devenir de aquellos estados que dejen proliferar grupos terroristas en su seno y que no consientan la existencia pacífica de otro estado donde se fomentan las libertades y derechos civiles de la población”. Yo, en cambio, no estoy seguro de que bombardeando el Líbano y provocando la muerte de centenares de civiles vayan a pacificar a los árabes, más bien creo que eso solo va a azuzar su rabia y sus ganas de que Israel desaparezca del mapa. De hecho la popularidad de Hezbolá en el mundo árabe se ha disparado tras el ataque israelí. ¿Eso inhibe la proliferación de grupos terroristas? El propio Hezbolá es producto de la ofensiva y ocupación del Líbano en 1982 por parte del ejército israelí.

He escrito un post con algunas reflexiones sobre la ofensiva israelí aquí.

Miguel,

Los EEUU también fortalecieron su Estado, militar y económicamente durante las guerras mundiales. Pero, afortunadamente, nos libraron a muchos del nazismo y del comunismo.

Tú mismo te delatas en este comentario al examinar la intervención de los EEUU desde el punto de vista de los europeos, no de los propios americanos. Plantéatelo ahora desde su punto de vista: ¿Beneficia a los ciudadanos estadounidenses la intervención en la primera y en la segunda guerra mundial? Mengua de las libertades civiles, conscripción, controles de precios, impuestos etc (algunos de los cuales jamás fueron derogados), amén de las pérdidas humanas que ocasionó (y las severas consecuencias no-intencionadas que tuvieron dichas intervenciones, pero dejemos esto a un lado). ¿No se supone que el gobierno de Estados Unidos debe “proteger a sus ciudadanos” y “velar por sus intereses”?¿Deben los contribuyentes americanos pagar impuestos, sacrificar libertades y enviar a sus hijos a la guerra para proteger y velar por los intereses de los europeos? Es por este motivo que la vieja derecha aislacionista se oponía a la entrada de Estados Unidos en la primera y en la segunda guerra mundial.

Israel acaba de cometer un error militar y ha matado a 54 civiles en Líbano. ¿Y? ¿Acaso esos errores no los hubiera podido cometer igualmente un Ejército "privado"?

Apuesto a que no preguntarías “¿y?” si esos 54 civiles fueran israelíes y los hubiera matado Hezbolá. Pero claro, se trata de “daños colaterales”, y ya se sabe, son “inevitables”. Como comento aquí: “el Estado de Israel asegura tener por objetivo matar terroristas y evitar las víctimas civiles, mientras que Hezbolá tiene por objetivo directamente matar civiles. Pero no sé por qué tendríamos que fijarnos más en las intenciones que en los hechos: el ejército israelí ha matado 600 civiles y Hezbolá una veintena. Pero claro, como resulta que las 600 víctimas del gobierno israelí no eran “intencionadas”, carecen de importancia. Cada muerte a manos de Hezbolá es un acto de terrorismo, cada muerte a manos del ejército israelí es un “daño colateral”, porque sus “intenciones” son distintas. Lo siento pero a mí esta doble vara de medir no me vale. (...) Si los individuos se comportaran como lo hace el Estado israelí [en relación con el error que menciona Miguel] serían procesados y encarcelados para proteger a la población, con independencia de que se “disculparan”, “prometieran investigar el trágico suceso” o “no fuera esa su intención”. Y de hecho al gobierno israelí le importaría bien poco que los terroristas les presentasen estas excusas.” Como apunto en el artículo, uno tiene derecho a defenderse de una agresión, pero eso no legitima cualquier tipo de respuesta.

Un saludo a todos

Toni

Mira ves, a esto se llega con tu relativismo rothbardiano.

Pero no sé por qué tendríamos que fijarnos más en las intenciones que en los hechos: el ejército israelí ha matado 600 civiles y Hezbolá una veintena. Pero claro, como resulta que las 600 víctimas del gobierno israelí no eran "intencionadas", carecen de importancia. Cada muerte a manos de Hezbolá es un acto de terrorismo, cada muerte a manos del ejército israelí es un "daño colateral", porque sus "intenciones" son distintas. Lo siento pero a mí esta doble vara de medir no me vale.

Que razón tenía en el primer post. Es que, y perdona la expresión, se os ve venir. Igualito que los progres. Que guay soy y que enragé. Se me acabó el socialismo, pero ahora me queda esto otro que también es muy in. No, no, esto no es muy liberal, no es muy escéptico. Has caído en la trampa. Lo que te dije en el primer post no lo dije por decir. En las 36 democracias estables que conocemos se han desarrollado (en unas mejor que en otras) los mecanismos de control de poder, ¿para qué? Para que todo proceso político pueda tener marcha atrás. Está claro que no todos los miembros de una comunidad política tienen igual acceso a los mecanismos de poder. Es que, deberías haber caído en la cuenta, la igualdad no existe. Pero aún existe menos en las sociedades sin estado, donde no se han desarrollado las instituciones de control del poder.

¿Cómo se financia el ejército israelí? Con impuestos. En un estado minarquista, como se financiaría una guerra de "respuesta a una agresión". Con impuestos. Porque si vas con el bote casa por casa pidiendo "la voluntá" para financiar la guerra de "respuesta a una agresión" (a ver quién me explica qué coño significa eso) vas dado. No me puedo creer que un tío que sabe tanto no sea capaz de ver lo que tiene delante de sus narices, que hay gente con múltiples intereses en un mundo con múltiples opciones y con múltiples formas de recibir la información. Lo cual traducido a la acción política, que recuerda es la continuación de la guerra, produce múltiples resultados, todos ellos impredecibles. Por eso me hacen gracia todas estas teorías bizarras. Porque no hacen más que todo lo que se critica desde el liberalismo de la ciencia social, esto es ingeniería social. O sea que como en las mates 2+2 son 4 si a Rockwell le da la gana de decir que durante la guerra mundial en los USA se vivía peor, la responsabilidad es del gobierno, que me ha subido los impuestos. Pues como se te metan los japos en Auburn lo que te van a subir a la garganta son otras cosas...

Los hechos son que el ejército israelí ha matado a 600 personas y el Hizbulá solo a 40. ¡Es verdad! se me olvidaba que Hizbulá esa compañía de seguridad, tan eficiente ella, no permitía escapar de sus casas a esos civiles que vivían desarmados y desesperados. Se me olvidaba también que se suben a sus tejados disparan los cohetes y después se piran. Y que rompa por donde quiera. Son los mismos muertos. La catástrofe es que en Líbano no hay un Estado que defienda a esa pobre gente. El único que ha frivolizado con los daños colaterales has sido tú, que en una maniobra intelectual pseudo-izquierdista, nada liberal diría yo, te has puesto a comparar cifras. O sea has hecho ingeniería social. No es lo mismo A que 600 A por lo que 600 A es peor que A. No has entrado a valorar todos y cada uno de los casos en los que se han producido esas víctimas, casi olvidándote de un detallito sin importancia, el por qué, la razón a la basura, que ahora no me interesa.

¿Cuántos conflictos armados conoces que hayan sucedido entre democracias?

Si el estado debe desaparecer no lo sé, y las teorías minarquistas, anarcocapitalistas tampoco me lo demuestran porque son teorías de paja hechas desde una torre de marfil, no explican nada ni tienen relación con la realidad. No sé si algún día esto del minarquismo va a llegar a suceder, lo que tengo claro es que, solo podrá ser desde una plataforma de libertades individuales que, hasta ahora solo "brotan" en los países democráticos.

ANGEL FERNANDEZ

Lo siento pero no me convencen tus argumentaciones.

En "Europa", el buenismo es un tendencia muy extendida no sólo entre la izquierda sino que impregna muchos otros ámbitos de la sociedad. Creo que es difícil que acerquemos posturas en cuanto al derecho al intervencionismo exterior de una Democracia Liberal para proteger los derechos y libertades de sus ciudadanos. Recomiendo leer sobre esto a Krauthammer.

Quien quiera convencerme tendrá que afinar mucho sus razonamientos para que crea acertada la no intervención exterior en defensa de las libertades y los derechos de las personas. Mucho más aún deberá refinar sus argumentaciones quien quiera convencerme de que es factible la cesión del poder estatal en temas de seguridad nacional sin terminar en una anarquía "africana".

Es decir, sin despeñar un país hacia anarquías como las existentes actualmente en algunos países africanos con cientos de señores de la guerra ejerciendo su violencia para ofrecer su "protección" a la/s población/es de turno; haciendo caso omiso de los contratos "privados".

Debemos pensar que cuando surge el estado inicialmente surge por motivos de protección de personas y bienes. Desde mi óptica, durante el siglo pasado se han podido conseguir ciertas libertades y derechos para los individuos. Ahora falta por subir varios escalones más, para profundizar en los derechos y las libertades individuales y para lograr controlar y limitar (democratizar) muchas de las acciones que ejerce dicho Estado.

Trabajar por limitar el Estado me parece muy loable. También creo que es positivo que el Estado sea mínimo para que la mayor parte de la acción humana sea llevada a cabo por los individuos.

Sin embargo, llegando a temas como el que abordas, veo muy peligroso el anarcoliberalismo. Incluso aunque se postule la ideología como no "coactiva", ya que algún discípulo futuro puede modificar dicho postulado y ya tendremos montado un muy peligroso "caldo de cultivo".

En esa línea, debemos recordar que el efecto del marxismo todavía lo estamos padeciendo (comunismo, socialismo, socialdemocracia). Igualmente el efecto del nazismo todavía se padece (euskalnazismo, nacionalismos, balcanización de naciones, populismo). Hay que tener cuidado con las fuerzas ideológicas que se pueden desatar en el futuro.

Desde mi punto de vista, mientras no se me convenza de lo contrario, en algunos comentarios se postulan razonamientos que bordean los límites que llevan a la anarquía de una sociedad y muchas veces se traspasan.

Me parecen un muy buen ejercicio de libertad de pensamiento, pero espero tengáis presente la responsabilidad ideológica que supone con respecto a las futuras generaciones transmitir un legado que puede desembocar en el "caos africano" más absoluto, en forma de anarquía en aquellos países en donde pudiese llegarse el caso de que se apliquen ciertos postulados que desmonten el Estado incluso en su concepto de Defensa nacional.

Para defender los derechos y libertades en el interior de un país, muchas veces es preciso luchar en el exterior, aunque el buenismo adolescente intente convencernos que es mejor quedarse autocomplacientemente en casa.

Tal vez no valoramos tanto la necesidad de "defensa" exterior de nuestros derechos y libertades porque no hemos tenido que luchar para conseguirlos ya que, en muchos casos, las democracias han venido impuestas por la acción exterior (USA). Nuestra supuesta superioridad intelectual europea está imbuida por un buenismo que presupone que la democracia abunda sobremanera en nuestro planeta y surge por doquier de forma espontánea.

Probablemente, antes que imponer una nueva ideología desestabilizadora, debamos intentar fortalecer nuestras débiles democracias con medidas de "profundización" de libertades y derechos que eviten la partitocracia todavía existente en muchos países y afiance Estados limitados (e incluso Estados mínimos).

Pero, la democracia es muy precaria a nivel mundial. Y si no la defendemos con ejércitos fuertes, desparecerá frente al "socialismo de mercado" organizado por China (1300 millones de personas convenientemente ideologizadas) o cualquier otro Leviatán similar.

Todo lo demás es "buenismo" ideológico (e incluso cierto antiamericanismo y sorprendente antisemitismo) que puede llevarnos a futuras desestabilizaciones.

Siento extenderme tanto.

Un saludo, Ángel

Nota: En algún momento me gustaría que alguien redactase una Lista de Acciones "Prácticas" concretas abordando la Defensa nacional para transformar cualquiera de los pocos países democráticos que existen en una sociedad anarcoliberal (suponiendo que la acción del estado ya ha quedado limitada o minimizada previamente). ¡Suerte!

Albert Esplugas

Toni, Ángel,

De verdad que no comprendo esta obsesión por hablar de anarco-capitalismo cuando el tema es “política exterior aislacionista” vs. “política exterior intervencionista / wilsoniana”. Ejemplo: a favor o en contra de la guerra / ocupación en Irak. ¿Hay que ser anarco-capitalista para oponerse a la intervención en Irak? En ningún momento a lo largo de este artículo me he referido a la privatización de los servicios de defensa, sólo he argumentado en favor de un posicionamiento aislacionista en un contexto estatista. El aislacionismo, contrariamente a lo que parece pensar Ángel, no es ningún invento anarco, sino la postura tradicional de la vieja derecha anglosajona en materia de política exterior. Es una postura típicamente conservadora / liberal clásica. El “neo” que se aplicaron algunos fue básicamente para distinguirse de los conservadores de siempre y su anti-intervencionismo en política exterior.

Por otro lado resulta cuando menos curioso que Toni diga que hago “igualito que los progres”. ¿Cuáles son las raíces ideológicas del intervencionismo militar en Estados Unidos? Theodore Roosevelt y Woodrow Wilson, precursores de la política exterior que hoy practica Bush con el beneplácito de tantos liberales españoles, no eran precisamente conservadores o liberales-clásicos. Recomiendo la lectura de este artículo de Tom Woods en el American Conservative. Extracto algunos fragmentos, pero vale la pena leerlo entero:

The progressive movement of the late nineteenth and early twentieth centuries was overwhelmingly sympathetic to the tendency toward American territorial expansion and foreign-policy aggrandizement. Domestic reform and foreign intervention, to many progressives, were simply two sides of the same coin: just as an invigorated federal government would achieve order and social justice at home, an interventionist foreign policy would spread the benefits of progressivism around the world. “At the outbreak of the Spanish-American War,” explains historian William Leuchtenburg, “few men saw any conflict between social reform and democratic striving at home and the new imperialist mission; indeed, the war seemed nothing so much as an extension of democracy to new parts of the world, and few political figures exceeded the enthusiasm of William Jennings Bryan for the Spanish war.” (…)

As Leuchtenburg explains: The Progressives believed in the Hamiltonian concept of positive government, of a national government directing the destinies of the nation at home and abroad. They had little but contempt for the strict construction of the Constitution by conservative judges, who would restrict the power of the national government to act against social evils and to extend the blessings of democracy to less favored lands. The real enemy was particularism, state rights, limited government … (…)

Woodrow Wilson’s hideously failed crusade to “make the world safe for democracy,” which contributed to Adolf Hitler’s rise to power just over a decade after the president’s death, was leftist in its very nature. Wilson proposed to fight not for specific and finite objectives like the defense of his country and people but rather on behalf of ideology and abstract principles.

Ángel: Todo lo demás es "buenismo" ideológico (e incluso cierto antiamericanismo y sorprendente antisemitismo) que puede llevarnos a futuras desestabilizaciones.

¿Desde cuando criticar la política exterior intervencionista del gobierno de los Estados Unidos (oponerse a la guerra de Vietnam / Kosovo / Irak, por ejemplo), alegando que eso no beneficia ni protege a los ciudadanos estadounidenses sino todo lo contrario, es una muestra de anti-americanismo? Será un crítica equivocada, pero de anti-americana no tiene nada. Es increíble como cualquier crítica a la administración pública estadounidense (en particular las dirigidas a su política exterior) son interpretadas por algunos como una manifestación de anti-americanismo. En cuanto a lo de “sorprendente antisemitismo”, lo mismo. Antisemita según la RAE: “Enemigo de la raza hebrea, de su cultura o de su influencia”. ¿Se puede saber de dónde infieres que soy “enemigo de la raza hebrea, de su cultura y de su influencia”? ¿El simple hecho de cuestionar una actuación en particular del gobierno israelí (la ofensiva en el sur del Líbano) ya te convierte en “enemigo de la raza hebrea”? Incluso he aludido a la posibilidad de que esta ofensiva no favorezca los intereses de los propios israelíes, ¿desde cuándo pensar en los intereses de los israelíes convierte a uno en antisemita? De acuerdo en que no compartas mi opinión, pero lo de tildarme de antisemita está fuera de lugar.

Un saludo

ANGEL FERNANDEZ

Albert,

Observo que tenemos enfoques liberales diametralmente opuestos sobre lo que significa defender una democracia. Creo que olvidas el factor "tiempo" cuando se realiza un comentario como el tuyo. Es decir, olvidas que es muy importante no sólo lo que se dice, sino también cuándo se dice.

Desde mi perspectiva, tiene cierto tufillo antisionista defender un "no a la guerra" justo cuando la democracia de Israel realiza una "intervención exterior" para librarse de los terroristas de Hezbolá y así defender los derechos y libertades de sus ciudadanos. Y, por supuesto, justo cuando hay una campaña de propaganda lanzada por Hezbolá y sus acólitos para satanizar la "intervención exterior" de Israel.

También tiene cierto tufillo antiamericano, criticar el "intervencionismo exterior" de EE.UU. justo cuando intentan democratizar zonas endemoniadas por el integrismo radical islamista que amenazan directamente a las democracias occidentales. Claro los que ponen la "sangre" para defender la libertad son siempre los mismos: EE.UU., Reino Unido e Israel.

Son su gente los que mueren por la libertad mientras en Europa nuestros pseudo-intelectuales se dedican a la crítica fácil desde sus acomodados despachos.

En Europa y en España, la corriente de "buenismo" se ha asentado abrumadoramente en la universidad y en los medios de comunicación. De este modo, es difícil abstraerse del pensamiento unidireccional de lo políticamente correcto.

Me temo que la obsesión por la idea "buenista" de la no coacción (base del anarcoliberalismo que supuestamente pretende regir la sociedad solo con contratos privados) lleva hacia una quimera que constituye un auténtico cáncer para la supervivencia futura de las democracias occidentales frente a los totalitarismos existentes.

Los derechos y libertades individuales deben protegerse y defenderse de la "acción exterior", tal y como hacen EE.UU y el Reino Unido desde hace varias décadas.

De otro modo, el liberalismo cae y practica el mismo juego del "buenismo" representado por la "Alianza de Civilizaciones" de la izquierda radical europea.

Un buenismo adolescente que supone la inacción de la civilización occidental para defender sus precarios derechos y libertades individuales y, de asentarse, supondrá el derrumbe de nuestras precarias democracias frente a la "coacción" real de los nuevos totalitarismos (islamismo radical, euskalnazismo, pancatalanismo, socialismo de mercado Chino, populismo bolivariano).

La cuestión que has abordado la considero de extrema importancia en política exterior. Por tanto, discrepo contigo y reitero: sí al intervencionismo exterior en defensa de los derechos y libertades individuales de los ciudadanos de cualquier país frente a amenazas (y/o coacciones) totalitarias.

Salu2.

Albert Esplugas

Ángel: Desde mi perspectiva, tiene cierto tufillo antisionista defender un "no a la guerra" justo cuando la democracia de Israel realiza una "intervención exterior" para librarse de los terroristas de Hezbolá y así defender los derechos y libertades de sus ciudadanos. Y, por supuesto, justo cuando hay una campaña de propaganda lanzada por Hezbolá y sus acólitos para satanizar la "intervención exterior" de Israel.

Empecé a escribir este artículo unos días antes de que estallara el conflicto en el Líbano. No tengo por qué justificarme, pero por lo visto no hacerlo puede dar cancha a que me acuses de “enemigo de la raza hebrea”. Por lo demás creo que la tesis del artículo es aplicable a la ofensiva israelí y en los comentarios e intentado aportar mis razones. Tú hablas todo el tiempo de la necesidad de una política exterior intervencionista para salvaguardar la libertad y proteger a los ciudadanos pero no aportas ningún argumento que respalde que estos nobles propósitos no son meramente “wishful thinking”. Yo he tratado de explicar en el artículo por qué creo que el intervencionismo en el exterior no sólo no beneficia o protege a los ciudadanos del país interventor sino que, por el contrario, les perjudica gravemente y pone en peligro su seguridad. Con respecto al caso particular del ataque en el Líbano, mi opinión es que esta intervención tan poco quirúrgica, aparte de ser reprobable desde un punto de vista ético, no contribuye a proteger a los ciudadanos israelíes de futuras amenazas. Te recomiendo este artículo en Antiwar.com: “Israel’s Bid to Reestablish Deterrence is Failing”. ¿No compartes mi opinión? Bien, pero no comprendo por qué eso me convierte en antisemita. Si aplicara tu misma vara de medir, desde mi punto de vista serías tú el antisemita, por defender una política exterior que perjudica a los israelíes.

También tiene cierto tufillo antiamericano, criticar el "intervencionismo exterior" de EE.UU. justo cuando intentan democratizar zonas endemoniadas por el integrismo radical islamista que amenazan directamente a las democracias occidentales. Claro los que ponen la "sangre" para defender la libertad son siempre los mismos: EE.UU., Reino Unido e Israel.

Ya he contestado a esto en el comentario anterior (énfasis añadido): ¿Desde cuando criticar la política exterior intervencionista del gobierno de los Estados Unidos (oponerse a la guerra de Vietnam / Kosovo / Irak, por ejemplo), alegando que eso no beneficia ni protege a los ciudadanos estadounidenses sino todo lo contrario, es una muestra de anti-americanismo? Será un crítica equivocada, pero de anti-americana no tiene nada. Es increíble como cualquier crítica a la administración pública estadounidense (en particular las dirigidas a su política exterior) son interpretadas por algunos como una manifestación de anti-americanismo.

Tu constante referencia al “buenismo” me parece de lo más curiosa. A mí lo que me suena a “buenismo” es la doctrina wilsoniana tan en boga entre los neoconservadores de que los Estados occidentales deben exportar la democracia y la “libertad” por todo el mundo a golpe de bayoneta, cambiando regímenes y reconstruyendo países como si esto fuera el Age of Empires.

Un saludo

ANGEL FERNANDEZ

Albert,

Precisamente, el buenismo es la frontera ideológica que separa claramente el liberalismo realmente viable (de estado limitado o mínimo) de la utopía del anarcoliberalismo.

El concepto de "no coacción" como base sustentadora del "mundo feliz" (de sólo contratos privados) del anarcoliberalismo, ignora la naturaleza humana (con sus aspectos positivos pero también negativos como la envidia, la codicia, la violencia, etc...), cayendo de lleno en el buenismo ideológico que si logra asentarse supondrá la destrucción de la civilización occidental frente a los totalitarismos que sí emplean la "coacción" en el mundo "real".

Es decir, el muy fino hilo ideológico de la supuesta "no coacción" es lo que separa el anarcoliberalismo de la más pura anarquía en cualquier país que donde se atreviesen a aplicar semejante utopía.

Toda la historia de la humanidad revela como la coacción ha sido, es y -me temo- seguirá siendo uno de los motores de la humanidad. Aquellas civilizaciones que han caído en el buenismo ideológico han sucumbido ante la "coacción" exterior. El eminente historiador Cesar Vidal establece un paralelismo ideológico evidente entre el buenismo de los países de la UE que los deja indefensos frente al islamismo radical y la decadencia del antiguo imperio romano ante las tribus bárbaras.

Los cameos intelectualoides con la "no coacción" y la "no intervención exterior" representan perfectamente el cáncer del buenismo. Dos ideologías ondean al viento la "no intervención exterior" como nueva bandera ideológica: la izquierda radical y el anarcoliberalismo. Curioso desliz.

Lástima que el anarcoliberalismo no se sustente sin el fundamento de la "no coacción".

Realizas un acto de fe al creer que es posible un mundo liberal sin hacer frente a la coacción y/o amenazas totalitarias. Frente a vuestro acto de fe "buenista" de "no intervención exterior", afortunadamente tenemos el liberalismo "real" de estado limitado y/o de estado mínimo -lo siento pero considero al anarcoliberalismo más cercano a la anarquía que a la ideología liberal-, que constatan el devenir de la historia (con sus coacciones) y mantienen una posición firme en defensa de los derechos y libertades de los individuos, empleando si es preciso la intervención exterior (Líbano) frente al totalitarismo (Hezbolá, Hamas y similares).

Tenemos posturas liberales opuestas, separadas por el "buenismo". ¡Te animo a cruzar la frontera!

Nota: No creo que nos pongamos de acuerdo, así que aquí dejo mi exposición.

Toni

Pues eso Ángel, es mejor no perder el tiempo. Albert, sé que eres inteligente, supongo que con el tiempo evolucionarás, por tu foto me pareces bastante joven. Y estos son pecados de juventud.

No pienses que renuncio al enfrentamiento argumentativo, es que pienso que tú lo has hecho ya al ceder ante la tentación de utilizar la supuesta autoridad de un artículo que no entra en el auténtico debate intelectual, este es el de los argumentos no el de las citas (de otros).

Da igual, creo que no vas a hacer el esfuerzo de contrastar argumentos, porque te sabes derrotado, no obstante sigue así. En poco te veo de escudo humano en Ramala.

Un saludito desde la verde Galicia, que parece querer conevertirse en Nevada (a lo mejor así me convierto en un ANCAP rural)

Albert Esplugas

Ángel, te empeñas en hablar de anarco-capitalismo cuando el aislacionismo no es un posicionamiento originariamente ancap ni mucho menos exclusivamente ancap, y ya he dicho una y otra vez que no estoy renegando del uso de la fuerza para defenderse de una agresión, sólo estoy arguyendo que una agresión no legitima cualquier tipo de respuesta y que una política exterior intervencionista, que suele hacer más injusticia que justicia con el resentimiento y las consecuencias imprevistas que ello trae consigo, no beneficia ni protege a los ciudadanos del país interventor. Por tus comentarios - por ejemplo éste: “El concepto de "no coacción" como base sustentadora del "mundo feliz" (de sólo contratos privados) del anarcoliberalismo, ignora la naturaleza humana (con sus aspectos positivos pero también negativos como la envidia, la codicia, la violencia, etc...)” - tampoco estoy seguro de que sepas en qué consiste exactamente esto del anarco-capitalismo que tanto te afanas en criticar. Hace unos meses escribí un artículo que a lo mejor no leíste y te parece interesante: “La naturaleza del hombre y del Estado".

Un saludo

Albert Esplugas

Toni: “Albert, sé que eres inteligente, supongo que con el tiempo evolucionarás, por tu foto me pareces bastante joven. Y estos son pecados de juventud.”

En fin, sí, la vieja derecha anglosajona es un nido de mozos. Por lo demás, los que parecen “evolucionar” son otros (aquí y aquí). Yo no opinaba distinto que tú hace unos años, ya lo he dicho en otra parte, no sé qué te hace pensar que volveré a girar 180 grados (o los que sean), pero bueno. Tampoco entiendo por qué el hecho de citar un artículo implica que renuncio al debate, ni por qué mi posición en este tema exige que vaya a hacer de escudo humano en Ramala.

Un saludo desde la contaminada Barcelona

ANGEL FERNANDEZ

Albert,

Precísamente porque creo en el liberalismo (de estado limitado o de estado mínimo), he asistido a conferencias y he leido muchos comentarios anarcoliberales como el que has citado de "La naturaleza del hombre y del Estado".

Lo siento pero, en absoluto me convence esa utopía anarquista tal y como he explicado arriba.

Sólo si lográis rebatir convincentemente mis razonamientos al respecto podremos acercar posiciones.

Es más, cuando los comentarios del IJM se basan en ideas anarquistas (eliminación del Estado en lugar de su limitación o de su minimalización) hacen un muy flaco favor al liberalismo en su conjunto, dado que mucha gente huye, ideológicamente despavorida, por las teorías utópatas del anarcocapitalismo.

Muchos de tus comentarios son muy útiles. Sin embargo, en este caso, respeto tu opinión pero no la comparto en absoluto.

Espero respetéis mi preferencia por el liberalismo de estado limitado o de estado mínimo.

¡A pasar buenas vacaciones de verano!

Salu2,

Jorge Valín

Apreciado Ángel Fernández,

Mucho me temo que no has profundizado, no en el Anarcocapitalismo, sino en el liberalismo. Autores alejados totalmente de posiciones liberales radicales como Tom Palmer, Pat Buchanan, Donald Boudreaux, Paul Craig Roberts, Leon Hadar y un largo etcétera son totalmente aislacionistas militarmente. Algunos, además, de ellos se oponen totalmente al Anarcocapitalismo.

Lo utópico es creer que un estado omnipotente curará los males del mundo atenientes a la seguridad nacional cuando ha sido el propio estado quien ha contribuido a ellos. Para muestra el señor Bush que ha tenido el “grandioso honor” de aumentar el radicalismo islamista a unos grados inimaginables. Envía soldados armados, destruye la propiedad privada de personas, intenta inculcar su “cultura democrática” con amenazas y ocupación militar, ¿y encima crees que los países de medio oriente le den las gracias? Estos Santa Claus de la paz —Bush & Co.— encima se dedican a financiar a sus propios “enemigos” con dinero del pagador de impuestos.

Lo que es increíblemente utópico es pretender que el estado arregle un problema que, como ya nos ha enseñado tantas veces la historia, no para de alimentar. ¿Crees realmente que las políticas belicistas actuales harán desaparecer el odio islamista y ataques terroristas? Entre la defensa y el ataque indiscriminado hay un paso gigantesco.

ANGEL FERNANDEZ

Hola Jorge,

Vuestro resumen:
¡ La culpa de las guerras es del Estado Liberal y, más en concreto, de USA y de Israel !
¡ Curiosa coincidencia con la izquierda radical europea !

Por el contrario, nuestro resumen es:
¡ Las Democracias Liberales deben abandonar el buenismo y deben defenderse en el exterior frente al totalitarismo (islamismo, Hizbulá, Hamas,...)!

No digo que no se hayan cometido errores. Pero es muy fácil criticar desde la socialdemocracia edulcorada Europea...jugando a ser los "buenos". El mundo no es de color rosa y los totalitarios como Hizbulá o Hamas o Herri Batasuna ante cualquier signo de debilidad siguen avanzando.

Israel es un claro ejemplo de como una democracia liberal debe defender los derechos y libertades de sus ciudadanos frente a los terroristas y los estados totalitarios que los amparan. Sí, actuando si es preciso en el exterior. No poniéndose de rodillas frente a los terroristas (cediendo ante sus imposciones).

No esperando a que venga un mesías redentor que salve una Democracia Liberal de la amenaza de un Estado Totalitario.

Me temo que el tiempo me dará la razón. Más tarde o más temprano Europa deberá defender sus libertades o perecerá frente al avance demográfico del integrismo islamista dentro de nuestras mismas ciudades. Vease París el pasado invierno.

Sólo el tiempo definirá quién tiene razón, el "buenismo" rosa del que hacéis gala o bien nuestra seriedad realista en la defensa de los ciudadanos de una democracia.

Salu2,

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