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Portada - Comentarios - Crímenes sin víctima

10/08/2006 - José Carlos Rodríguez

Crímenes sin víctima

Cada uno tiene derecho a hacer consigo y con su propiedad lo que le plazca, siempre que no invada la de los demás o dañe a otras personas. Así expresado, este principio parece aceptable para la mayoría de la gente. Pero cuando se trata de seguirlo hasta sus últimas consecuencias, parece que esta idea pierde el interés o el atractivo inicial. Prueba de ello es la proliferación de los crímenes sin víctima, o crímenes consensuados, que son aquellos que se hacen sobre sí mismo y su propiedad, en soledad o en cooperación voluntaria con otros.

La lista de crímenes sin víctima es larguísima. En una recopilación de urgencia incluimos el suicidio, el consumo de drogas y todo el proceso de producción y distribución de las mismas, el juego, la homosexualidad, la poligamia y el matrimonio homosexual, la posesión de armas, la mentira, la pornografía, la prostitución, el vagabundaje y la holgazanería, multitud de delitos medioambientales y muchos otros.

La misma idea de crímenes sin víctima es absurda. Pero tiene su sentido en el contexto histórico en que el derecho penal ha sido arrancado de manos privadas por parte del Estado. Cuando, en una sociedad libre, un individuo daña a otro, hay instituciones como el derecho, reforzada por la moral y el entramado de relaciones interpersonales que hacen costosos los comportamientos antisociales, que contribuyen a la restitución a la víctima de lo dañado. Desde que el Estado se hizo con derecho penal, la situación ha cambiado. Primero porque la víctima ha perdido el derecho a ser indemnizada por el criminal y es el Estado quien, en ciertos crímenes y según la situación histórica, se ha quedado con la indemnización, convirtiendo el acto de restitución de la justicia en un nuevo crimen. La víctima lo es por duplicado.

Y segundo, porque una vez que el Estado puede definir los comportamientos penales, tiene la posibilidad de tipificar como tal los que no tienen víctima. En el derecho privado hay una realidad contingente, la persona o la propiedad, que ha resultado dañada por la invasión injusta por parte de un tercero. Puesto que el Estado no es víctima, no tiene como limitación ese hecho contingente, por lo que puede considerar delictivo cualquier comportamiento, incluso los que se realizan sobre la propia persona o su propiedad, en soledad o en compañía consensuada con terceros. Surgen así los crímenes sin víctima, inconcebibles en una sociedad libre.

Con la creación de esta figura se produce una situación que condiciona el libre desarrollo social de un modo determinante. La tipificación de delitos sin víctima o consensuados supone la intromisión y al final el uso de la coacción en comportamientos que, morales o inmorales, son perfectamente legítimos, por lo que es injusta. Además ilegalizar la libertad, criminalizar comportamientos habituales, que son fruto de la espontánea elección de los ciudadanos sobre los ámbitos de decisión a que tienen derecho, no sólo ataca nuestra libertad de forma directa, sino que nos pone en una situación a merced del Estado. Aunque cometamos alguno de esos crímenes sin víctima y no suframos la violencia estatal, nos deja en una situación vulnerable. Y si hacemos cualquier cosa que no guste a quienes estén en el poder, podrán ir contra nosotros por hacer cosas a las que tenemos perfecto derecho.

Pero la perversión de los delitos sin víctima va mucho más allá incluso que eso. Puesto que proscriben comportamientos que tienen su motor en deseos personales no satisfechos, muchos de quienes los adoptaban seguirán con ellos aunque con mayores costes. En ocasiones, en muchas de ellas, se recurre al crimen para hacer frente a esos costes. Y no es la última razón el hecho de que, puesto que uno ya está fuera de la ley, los costes del comportamiento ilegal han sido ya en parte asumidos, por lo que dar el paso a los crímenes reales no cuesta ya tanto. En consecuencia, la persecución de crímenes falsos fomenta los de verdad. El dato tiene una década, pero no tiene porqué ser hoy distinto: cerca del 80 por ciento de los delitos en España tiene relación con el consumo y el tráfico de drogas. Este fomento del crimen no tiene porqué limitarse al esporádico y a pequeña escala; por el contrario fomenta también el crimen organizado. Súmese a ello que las fuerzas de seguridad tienen que atender a ambos tipos de delitos (con el aumento del coste correspondiente), por lo que no se concentran en los que lo son en realidad, perdiendo así eficacia.

Puesto que la consideración de un comportamiento como delito no nace de la violación de derechos originarios, como la vida y la propiedad, su tipificación supone un juicio moral. De este modo, nos encontramos con que el Estado, reunión de todos los comportamientos aberrantes, se convierte en árbitro moral de los ciudadanos. Además, dado que el criminal coincide con la supuesta víctima, la represión del primero supone también la de la segunda. ¿Qué derecho es ese que reprime a las víctimas?

 

Opinión de los lectores

agolmar

La expresión "crimen sin víctima" no fue absurda en el momento de su acuñación. Proviene del título de un ensayo de Jeremy Bentham, De los delitos contra uno mismo, en el que defendía la despenalización, al menos parcial, de la homosexualidad. Luego fue retomado por los sociólogos norteamericanos a partir de los años cincuenta, precisamente para señalar que, si no había víctima, entonces por qué llamarlo crimen. Tenía una intencionalidad claramente política.

En el caso de Bentham, él dice que son peores los males causados por la persecución penal de la homosexualidad -falso testimonio- que el supuesto delito.

Sobre las drogas, ¿de verdad crees que las FARC, Castro y el gobierno de la antes llamada Birmania no cometen ningún delito en el proceso de producción y distribución de drogas? ¿Mejoraría esta situación la liberalización del mercado de las hoy denominadas "drogas ilegales"? ¿Abarataría su coste? ¿Modificaría los efectos de estas sustancias, que en muchos casos llevan a la incapacitación para trabajar, de ahí el recurso al robo de los drogadictos? De todos los delitos sin víctimas, el de las drogas me parece el más complicado porque hay muchas interacciones que no se pueden dejar de lado. Nos guste o no están directamente relacionadas con muchos delitos contra la vida y la propiedad de personas.

José Carlos Rodríguez

Antonio





Por supuesto que “las FARC, Castro y el gobierno de la antes llamada Birmania” cometen crímenes en el proceso de producción y distribución de drogas. Pero mi artículo dice:



1) Que esa producción y distribución, en sí, no ha de ser delictiva.

2) Que la criminalización de este comportamiento sin víctima fomenta el recurso al crimen (de verdad) como medio para obtener los fines. Recuerda que la demanda de drogas no desaparece con su criminalización, o la de la producción y distribución. Y por tanto los beneficios potenciales de realizar esta actividad ahora ilegal siguen estando ahí.



Un mundo en el que el consumo y la producción de drogas fuera legal sería distinto.



1) Desde luego, se abarataría el precio de las drogas. No se puede descartar, por tanto, que aumentara su consumo. De hecho estoy seguro de que así ocurriría. Y habría menos crímenes relacionados con la obtención de dinero para comprarla.

2) Ese sería sólo un aspecto de lo que ocurriría. En una sociedad libre, la producción de droga se beneficiaría de los mecanismos de mercado. Habría marcas, la mejor protección para el consumidor. Consumiría cocaína de una u otra marca, porque es de mayor calidad, o por el control de calidad de la empresa, o por cualquier otra razón. Pero sabría lo que está consumiendo. La droga sería menos dañina para la salud.

3) Drogarse es, seguramente, un comportamiento inmoral. Yo, al menos, lo considero así, y por la misma razón por la que Sócrates condenaba a los juglares, llamémosles así, que iban de pueblo en pueblo leyendo historias épicas. El efecto que ellas producía en la gente eran desmayos, exaltaciones, alteraciones del ánimo... y eso lo consideraba inmoral. Pero que A consuma no daña a B. Sólo daña a A.

4) El que no quiera incapacitarse para la vida laboral o para lo que sea, que no se drogue, o que lo controle. No es asunto mío.

Fco. Moreno

Agolmar, leo las mismas reticencias contra la droga de siempre ¿es que tan hondo ha calado la muy antiliberal cruzada contra las mismas?

La expresión "crimen sin víctima" no fue absurda, ni sigue siendo absurda hoy en día.

Contesto a tus preguntas:

1. ¿De verdad crees que las FARC, Castro y el gobierno de la antes llamada Birmania no cometen ningún delito en el proceso de producción y distribución de drogas? Estos criminales y delincuentes que mencionas no son paradigma de nada encomiable y los beneficios del tráfico ya ilegalizado de las drogas de seguro que lo utilizarán para cometer verdaderos delitos o para tener más medios con que oprimir a la gente (esos sí que son delitos!).

No obstante, el planteamiento de esta pregunta refleja el no haber entendido verdaderamente el problema de los supuestos, entre otros, “delitos” de las drogas, que plantea aquí José Carlos Rodríguez o Albert Esplugas en el comentario “Esclavos de la droga” en esta misma web. Sencillamente han denunciado con acierto que criminalizar acciones humanas que no suponen agresión alguna a terceros y que, por tanto, no acarrean ninguna víctima es ilógico y tiene efectos indeseados. Para el caso de los “delitos” relacionados con las drogas: creación de potentes mercados negros o mafias atraídos por los altos beneficios como consecuencia del vacío producido por “catalaxias” prohibidas ilógicamente desde el gobierno que se ha metido donde no le llaman, adulteración de los productos ofrecidos, precios rampantes, posición del consumidor muy peligrosa, asiganación de recursos excesiva para la lucha de estos delitos sin víctima (de presupuestos públicos y privados que se traducen en actividad policial, judicial, penitenciaria…) en fatal detrimento (a veces abandono puro y simple) de la asignación de recursos (siempre limitados) a la justa persecución de delitos que sí tienen víctima concretísima a la que hay que restituir el daño producido en su vida o hacienda (robo, fraude, asalto, etc.).

Siempre surgen, ay, efectos indeseados ante intervenciones o prohibiciones públicas ilógicas.

Vender sustancias estupefacientes y otras ileglizadas por la acción de los gobiernos Pero su acción concreta de vender droga.

2. ¿Mejoraría esta situación la liberalización del mercado de las hoy denominadas "drogas ilegales"? ¿Abarataría su coste? ¡Por supuestísimo que sí! ¿te suenan las consecuencias de mejoramiento de precio y calidad de la competencia en un mercado libre?

3. ¿Modificaría los efectos de estas sustancias, que en muchos casos llevan a la incapacitación para trabajar, de ahí el recurso al robo de los drogadictos? No. Lo que sí habría es calidad, derecho a la información, posibilidad de reclamación concreta ante adulteraciones criminales. Además, te recuerdo que el alcohol –que también es una droga pero no ilegalizada- también puede producir incapacidad para trabajar (¡y cómo!), pero con una gran diferencia: el alcohólico no recurre al robo porque se suministra en cualquier tienda a precio asequible (consigamos que el gobierno de turno lo ilegalice y ya verás cómo el alcohólico roba y acude la recua de Castros, FARCos y demás indeseables a suministrar su alcohol adulterado a precio atronómico).
Todo este mecanismo es muy viejo y debe mucho al prohibicionismo inquisidor desde el poder que confunde lo moral con lo lícito y es arrancar, como apunta José Carlos, al derecho privado de sus posibilidades de armonizar y restituir intereses dañados para potenciar el derecho penal (público, de origen regio-absolutista).

Estoy 100% de acuerdo, Agolmar, cuando dices que de todos los delitos sin víctimas, el de las drogas te parece “el más complicado porque hay muchas interacciones que no se pueden dejar de lado”; pero, por favor, no llamemos al papá Estado a que lo solucione; es perder una posición liberal ante efectos indeseados que parecen queridos “irreflexivamente” por los numerosos intervencionistas de toda índole.

Albert Esplugas

Antonio, la guerra contra las drogas es una aberración ética y un fracaso estrepitoso análogo al de la ley seca. Te recomiendo este artículo que salió en STR sobre el tema: “Legalize Methamphetamine!”. Las drogas están a veces “directamente relacionadas con delitos contra la vida y la propiedad” precisamente porque están ilegalizadas y la demanda de las mismas sólo puede satisfacerse en el mercado negro por aquellos que suelen actuar al margen de la ley.

Un saludo

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