13/10/2006 - Jorge Valín
Corren tiempos de censura
Una de las palabras que últimamente se han puesto de moda es crispación. Los intelectuales recurren constantemente a ella para acallar a todo aquel no piensa como él o no defiende unos modelos concretos de sociedad perfecta e igualitaria. Creen ingenuamente que, acallando a una persona (¡el demagogo!) o a un grupo de inconformistas, la sociedad quedará sin ideas y los individuos que la componen se verán obligados a seguir el pensamiento único de la autoridad.
La restricción de la libertad de expresión por parte del gobierno lo tenemos en los órganos de censura como el ALM de Alemania, la FCC de Estados Unidos o el CAC y el Consejo Audiovisual de Navarra de España, entre muchos otros. Los intelectuales, siempre defensores de su mecenas y guardián, el Estado, no dudan en apoyar este tipo de restricción tomando como excusa la salvaguarda de la salud moral e ideológica de la sociedad, de la que que de alguna forma surrealista creen sentirse protectores. Opinan alegremente que, acallando al demagogo, al activista o a grupos inconformistas con el establishment, eliminarán la voluntad de las personas para así poder introducir sus valores morales mediante leyes y el uso de la fuerza. Esta forma de razonar implica que la libertad es un mal innecesario y que los hombres han de ser guiados como robots en su forma de pensar y comportamiento.
Curiosamente, los que así discurren, los que creen que la sociedad como conjunto es idiota e incapaz de asumir responsabilidades propias pretenden colocar como jerarca supremo a otro idiota según su racionamiento, esto es, a un componente de la propia sociedad (que, por definición, consideran idiota). La consecuencia lógica no es más que un dictador idiota que gobierna a otros idiotas, pero mientras que la primera parte es cierta, puesto que al tomar responsabilidades globales que no recaen sobre uno mismo se genera corrupción y compra de intereses y, por lo tanto, inhibición de responsabilidades, la segunda es falsa ya que la responsabilidad es lo que hace al hombre sabio en sus acciones buscando siempre la felicidad moral, material e individual. Y es que la felicidad sólo puede ser un concepto individual, nunca un resultado de agregados sociales tal y como pretenden los intelectuales y el gobierno. No puede existir visión más irrealista, utópica y dañina que imponer la felicidad a base de prohibiciones y leyes.
Pretender hacer ver que la existencia del inconformista, del demagogo, del crítico con el establishment o de cualquier figura contracorriente es el creador de la crispación es precisamente la inversa a la real: ha de existir cierto espacio popular ideológico que permita este tipo de opinión crítica; si no, muere. Siempre y cuando esta voz no sea introducida por los medios políticos, esto es, los medios de la agresión unilateral y la represión.
Por otra parte, la censura en manos del estado e intelectuales pretende abolir las responsabilidades individuales para transferirlas a la elite dominante. La prohibición de contenidos a ciertas horas para proteger la "delicada" mentalidad de los menores es considerar que los padres no aprecian ni sienten amor suficiente a sus hijos como para que ellos puedan elegir qué han de ver y qué no han de ver, siendo además una labor totalmente vana y absurda. El claro ejemplo de no usar palabras malsonantes en horario infantil es un claro ejemplo; son precisamente los niños los que más insultos usan en su vida cotidiana. También es absurdo creer que el burócrata puede sentir más amor por los hijos de los demás que los propios padres. El alto burócrata no es más que un dictador (de la moral y la producción) que sólo sirve sus intereses.
La lobotomización mediática de la sociedad es un intento de imponer el pensamiento único, crear una sociedad de esclavos y sirvientes a los intereses del intelectual y del Estado. En la diversidad más pura y en la libertad está la armonía –que no significa felicidad– porque así cada uno puede expresar aquello en lo cree de forma abierta. Permitir tal armonía es precisamente lo que no quieren hacer ni los intelectuales ni el Estado, ya que de existir plena libertad individual, se quedarían sin poder ni dinero.
Opinión de los lectores
Muy interesante, Jorge.
También creo que es importante señalar el problema de que el Estado tenga poder sobre las ondas, sobre las licencias que otorga, además de ser propietaria de TV y radios públicas e imponer las reglas de juego.
Como expuso Vargas Llosa en su campaña para la presidencia de Perú, defender que los bancos no sean nacionalizados es la forma de evitar que los periódicos dependan, por los préstamos que reciben, del Estado.
Algo así pasa actualmente... especialmente, porque el Estado es uno de las empresas más potentes en lo que a publicidad respecta... Estar contra el poder significa perder mucho mucho dinero.
Y también porque domina a la banca a través de las regulaciones que establece...
Así que sólo Internet, nos permite opinar sin pasar por el aro...
Me gusta tu reflexión. Mi único comentario (y no es negativo) es que me parece peligroso emplear la palabra demagógico, por las connotaciones negativas que tiene (manipulador). Pero creo que a los manipuladores tampoco hay que censurarlos. Debe ser la gente quien les identifique y expulse de la "arena".
Decía Eisenhower que un intelectual es “un hombre que emplea más palabras de las necesarias para decir más de lo que sabe”. Esta inflacción de palabras se concretan en las llamadas “acciones de sensibilización” o de “concienciación”. Por supuesto, todas subvencionadas con fondos públicos.
A mí también me ha llamado últimamente la atención la frecuencia con que se apela a la necesidad de la paz social como coartada para la represión de los medios de comunicación.
Pero aún más perverso y ridículo me parece el otro argumento que se suele oír también en paralelo con el de la crispación: el de la desestabilización de las instituciones. Oyendo a algunos periodistas enarbolar santurronamente la bandera de la responsabilidad para exigir a otros que se callen o que los callen me quedo pasmado. Parece que el objetivo principal de un ciudadano, la motivación que le hace salir de la cama, fuese defender la credibilidad de los funcionarios y fortalecer con su silencio o con su sordera las instituciones democráticas. A mí las instituciones no me importan nada si no me garantizan mis derechos, el de información y la libertad de expresión entre los más importantes. Y si para tener unas instituciones fuertes y creíbles hay que callarse... ¡pues abajo con ellas! Por no mencionar lo malvado que resulta decir que si la policía se desprestigia por algunas deshonrosas actuaciones de sus miembros, ganaría credibilidad echándole tierra encima al asunto. Lo que no comprendo es cómo en este frente a la gente le resulta tan difícil identificar a los malos.
Primeramente felicitaros por este espacio, nuevo para mi y sin duda lleno de ideas y de posibilidades.
Varias cosas a resaltar.
-Debatir y/o mostrar opiniones divergentes de la opción gubernamental es una necesidad casi vital de toda sociedad que desee ser dueña de su propio destino. No del que planifiquen los gobernantes de turno.
-Siempre y cuando se guarden las formas, cualquiera puede sentirse orgulloso de un ciudadano que no se limite al servilismo o que denuncie carencias o excesos. La educación no está reñida con la libertad de expresión, es más estoy convencido de que sin educación la libertad de expresión transgrede el terreno de lo tolerable. Desgraciadamente, aquí en España, los acontecimientos se están precipitando y podemos asistir a una degradación periodística de ciertos sectores. ¿Es el hecho de poner freno a los insultos y amenazas veladas que se escuchan y leen un acto de censura? Tal vez, si las críticas fueran con estilo y desde el más absoluto respeto por personas y entidades...para mi también pudiera ser censura. Pero cuando se alienta a la SEDICIÓN desde numerosos medios de comunicación, creo que no es más que el único camino para preservar la paz. ¿Impedir que se realicen actos de exaltación del nazismo o del terrorismo puede considerarse censura?
-Me da la impresión, leyendo el texto, que estaríamos mucho mejor sin políticos. Si hubiese un tipo de fórmula que permitiera la gobernabilidad sin tener que rendir pleitesía a una hueste de expertos en el arte de permanecer en sus escaños... otro gallo cantaría ¿no?.
-Por último, ¿Qué es preferible? ¿Estar en una sociedad de esclavos y sirvientes a los intereses del intelectual y del Estado (de turno)? o ser lobotomizados libremente por las doctrinas socioeconómicas del momento...y su poder económico aplastante.
Eisenhower... si Recuerdo que al dejar la Casa Blanca, advirtió sobre el peligro en el futuro para la salud de la democracia de la presencia de un poderoso lobby industrial-militar. ¿Acciones de sensibilización? Eisenhower y gobiernos posteriores hasta hoy han manipulado a la población, regulado según su DOBLE MORAL, arancelado, legislado contra la libertad de expresión, etc. En el país capitalista y exportador de libertades por excelencia, nacedor de ilustres economistas y de teorías que arrastran a las masas ¿Cómo pueden estar tan mal, cómo pueden aguantarlo?
-Por último. Creo que no se puede sostener todo lo dicho desde varios medios; los indicios, contradicciones, errores de procedimiento y politización de las instituciones (hay que decir que existen para ambos bandos) ¿Acaso hay aquí más dudas y contradicciones que en el 11-S? Eso si que fue para rebelarse.
Betterman, estoy cercano a todos tus anteriores comentarios; no obstante me ha llamado poderosamente la atención tu pregunta siguiente: “¿Qué es preferible? ¿Estar en una sociedad de esclavos y sirvientes a los intereses del intelectual y del Estado (de turno)? o ser lobotomizados libremente por las doctrinas socioeconómicas del momento...y su poder económico aplastante.”
Creo que su segunda parte está mal planteada: no es posible la lobotomización de los clientes por parte de las empresas tal y como argumentaban Galbraith y otros institucionalistas americanos. Eso, cuando existe competencia y libertad de elección, es reconocer un poder excesivo al “poder económico”: en una economía de libre empresa éstas no pueden retener a sus clientes si no cubren satisfactoriamente sus necesidades (en caso contrario desaparecen del mercado). Otra cosa muy diferente es que el poder político intervenga o permita que se le arrimen empresas en busca de prebendas, concesiones en exclusiva o monopolios “legales” para tener cautivo al mercado como de hecho sucede a menudo (en este caso sería pertinente hablar de lobotomización de los clientes: estaríamos no en un mercado abierto y concurrente sino ante un corral patrio. Y ya se sabe que los lobos hacen verdaderos estragos en los corrales). Esta situación desgraciada se da por la existencia de un poder político interventor, no por la existencia del “poder económico aplastante”. Un saludo.
Querido Fco: ¿Acaso las empresas creadoras de los OGM´s no son en sí monopolios? ¿No han monopolizado las semillas? ¿No hay una enorme cantidad de medios de comunicación en los EEUU y ahondando un poco más en el tema llegas a la conclusión de que los manejan cuatro personas? ¿No es menos cierto que el que hizo la lay hizo la trampa y hay muchas maneras de sortear una ley antimonopolio sin recurrir a pactos soterrados entre empresas supuestamente rivales?
¿No vemos a diario el elevado número de fusiones, pactos y repartos de mercados entre empresas? ¿No dicen todos los economistas que es el camino a seguir, fusiónate o te oparán...?
Tal vez sea demasiado tendencioso, pero la idea de un Gobierno de Mercado donde nadie ponga freno a los apetitos de las empresas (sólo el propio mercado) sería una pesadilla para todos aquellos que crean en el imperio de la ley. Ahora, para todos los mercaderes y defensores a ultranza de su derecho a ganar dinero, sería el paraíso. Donde otros hallarían el infierno.
Querido Betterman: si por OGM te refieres a empresas productores de organismos genéticamente modificados, efectivamente son pocas (hoy, fundamentalmente 5); pero esto no significa que sea así para siempre si hay espacio para la libre competencia. Te recuerdo que en sus inicios de los años 80 era solamente una la que estaba produciendo ese tipo de alimentos modificados (ahora se han añadido cuatro más).
Por cierto, las leyes antimonopolio tienen efectos indeseados y no siempre son inocentes (ver link: http://www.juandemariana.org/comentario/142/).
La proliferación de opas y fusiones no es algo alarmante en sí mismo, es el proceso lógico de la globalización en la que estamos incursos.
¿Por qué esa desconfianza tan grande en la labor de las empresas? Creo que no se mide bien el efecto beneficioso sobre nuestras vidas. El desprecio que hay por las empresas (sobre todo aquí en España) es algo que me deja perplejo.
El “Gobierno del Mercado” (tal y como lo denominas) no creo que produzca esa pesadilla que predices, al menos no ha producido jamás hambrunas devastadoras ni matanzas increíbles tal y como ha sucedido, por desgracia, en muchos Gobiernos de Estados (eso sí que son infiernos probados y muy reales). A este respecto Mises escribió algo que me parece digo de reflexión: “El gobierno no puede hacer al hombre rico, pero puede empobrecerlo.”