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Arde Galicia: los incentivos económicos protegen el medio ambiente

La verdad es que no quisiera haber cambiado a última hora la temática de mi artículo de este mes para el Instituto Juan de Mariana, pero estos últimos días en Galicia, tierra preciosa en la que vivo, se han quemado más de 4.000 hectáreas, debido a unos 200 incendios, de los cuales 17 amenazaban a núcleos de población como Vigo, con un saldo de 4 personas fallecidas. Ha ardido Galicia literalmente, como se puede comprobar en la imagen siguiente de los incendios activos durante el fin de semana del 13 y 14 de octubre.

Lo cierto es que, como casi siempre cuando se producen hechos similares, desde las redes sociales se han inundado de datos e informaciones falsas con el fin de explicar por qué se han producido estos incendios y siempre se suele llegar a las mismas conclusiones: los intereses económicos generan los incentivos para quemar el monte.

En el caso de Galicia, esto se traduce a través de dos pseudoteorías: 1) por un lado, Galicia está infectada de eucaliptos que son empleados por la industria maderera por su alto rendimiento, especie invasora —no autóctona— que consumen mucha agua, absorben muchos nutrientes y reducen la flora y fauna que crece bajo su sombra; 2) por otro lado, la ley de montes permite recalificar terrenos que antes de los incendios tenían la consideración de rústicos, lo que es un chollo para constructoras, que pueden comprar montes a muy bajo precio para hacer negocio a costa del paisaje de Galicia.

¿El eucalipto explica la cantidad de incendios en Galicia?

Según un interesante estudio de Coca y Picos (2014), el eucalipto en Galicia se ha visto afectado por una mala prensa que ha provocado que la población civil lo rechace, al mismo tiempo que también hace caso omiso al trabajo científico, “influenciado por la transmisión mediática de un determinado discurso ideologizado y no contrastado. Ello es debido a que los procesos de divulgación mediática de la información tienden a la simplificación y abren la puerta a exageración y sesgos”. Esto se debe al “uso interesado que los distintos agentes sociales hacen de los medios de comunicación”, como es el caso de esta especie en el que en los últimos años partidos de corte nacionalista en Galicia han emitido un “discurso contrario” a este por tratarse de una planta no autóctona, ayudando mucho a esta promoción negativa los incendios que se han producido en dicha región.

De hecho, la información negativa acerca del eucalipto se intensificó a partir del año 2005, según se explica en el citado estudio, debido a tres factores: 1) la entrada en el gobierno regional del BNG, partido nacionalista poco proclive al sector forestal; 2) el récord de incendios forestales y hectáreas quemadas producido en el año 2006 —cuando gobernaba el BNG conjuntamente con el PSOE—; 3) las campañas mediáticas de grupos ecologistas de corte socialista que son contrarias a al mercado y, por lo tanto, a la industria maderera.

Por tanto, la mala fama del eucalipto se debe más bien a intereses partidistas y a su difusión entre los medios de comunicación que entran de lleno en los debates que se producen en las redes sociales, que a la opinión generalizada de los científicos, los cuales, como indica el mismo trabajo, no suelen ser tan contundentes con los efectos negativos del eucalipto que se discutirán a continuación.

¿Es el eucalipto una especie “pirómana”?

Todos los especialistas en la materia indican que el eucalipto es de carácter pirófito, esto es, sus semillas se ven favorecidas en su germinación por el fuego, pero no favorece “la aparición o el avance del incendio”. Juan Picos, director de la Escuela de Ingeniería Forestal de la Universidad de Vigo, indicaba en una entrevista en La Voz de Galicia que no es una especie en sí el problema, sino que es cuestión de la estructura de la plantación en una determinada área, y la estructura depende de “la especie, el lugar y la gestión que se hace de ella”, a lo que añade, “el eucalipto se comporta como una eficaz barrera contra el fuego cuando es muy joven, porque tiene una hoja muy verde y arde mucho peor porque tiene alto contenido en agua”, sin embargo, cuando es más mayor, tiene una mayor probabilidad de ignición, a lo que concluye que “decir que el eucalipto arda más que otras especies de árboles no es verdad”.

De hecho, tanto el propio Juan Picos como en un estudio de Barreal, Loureiro y Picos (2012) que analizaba la causalidad de los incendios en Galicia coinciden en que cuanto mayor valor social tenga un terreno, menos incendios y hectáreas incendiadas se producen: “la caracterización de las propiedades también incide en los incendios, pues cuanto más valor catastral tenga la propiedad, mayor será el cuidado y menor el número de incendios. Esto también implica la presencia de más medios de extinción debido a que se enfrentan a mayores pérdidas en caso de incendio.

Ahí está la clave de todo: los incentivos. Cuando tenemos intereses económicos o sentimentales con un terreno, nos preocuparmos por mantenerlos limpios para evitar la propagación rápida de un incendio, cosa que no sucede en Galicia, donde abundan sobre todo los montes comunales y abandonados, lo que favorece a la aparición de maleza que acelera las consecuencias devastadoras de cualquier incendio.

De hecho, solo hace falta jugar a las siete diferencias entre la imagen de los incendios del otro día, el mapa de las plantaciones de eucalipto en Galicia (las zonas de verde indican los lugares donde el eucalipto es más abundante) y el mapa con la concentración de monte comunal en la región (cuanto más intenso sea el azul, mayor es la concentración de terreno vecinal):

¿Cuál de los 3 se parecen más entre sí?

La recalificación de los terrenos quemados

Este es un bulo bastante extendido, aunque, afortunadamente, en esta ocasión menos gente se ha hecho eco de esta falsedad consistente en que un terreno después de ser quemado puede ser recalificado. El argumento, de ser cierto, tiene cierta lógica, a saber, es un incentivo fuerte para un constructor el poder conseguir terrenos de forma barata una vez que son quemados, recalificarlos y construir edificios u otro tipo de construcciones para sacarles algún tipo de provecho económico.

Sin embargo, tal afirmación no se produce porque la Ley de Montes no permite tal recalificación, dejándolo bien claro en su artículo 50:

“1. Las comunidades autónomas deberán garantizar las condiciones para la restauración de los terrenos forestales incendiados, y queda prohibido:

a) El cambio de uso forestal al menos durante 30 años.

b) Toda actividad incompatible con la regeneración de la cubierta vegetal, durante el periodo que determine la legislación autonómica.”

De hecho, la norma solo contempla dos excepciones en la que es posible una recalificación de un terreno después de ser quemado: 1) que la aprobación de la recalificación ya fuese aprobada o pendiente de aprobación pero con una evaluación ambiental favorable; 2) si existen razones imperiosas de interés público de primer orden, y siempre aprobada dicha recalificación y proyecto en una norma con rango de Ley, por lo que nos enteraríamos todos si se produce una recalificación.

Es complicado pensar que un constructor se arriesgue a provocar un incendio, con vistas a hacer negocio en 30 años en un sitio donde construir algo es casi imposible y donde presuntamente no va a haber demanda, y más viendo como está el sector inmobiliario, en donde, por ejemplo, los visados de obra nueva en 2016 han sido 64.000, nada que ver con los 865.000 del pico de la burbuja. Tenemos un exceso de oferta de vivienda nueva, y hacer negocios a tan largo plazo y con tanta incertidumbre no parecen seguir una lógica de mercado.

¿Cuál es la solución?

No existen soluciones únicas, y este es un tema complejo en el que un servidor no es un especialista, y es algo bueno reconocer la ignorancia antes que mostrarla en redes sociales para tratar de retorcer las informaciones y los datos para que se ajusten a las realidades de nuestros pensamientos. Yo he tratado de hacer un análisis lo más equilibrado posible de la situación, y simplemente les advierto de que no hagan caso a toda la información que les llega de los medios de comunicación y las redes sociales, especialmente si vienen de la mano de políticos o grupos ecologistas. Ya se sabe, los mal llamados “ecologistas” son como una sandía, verdes por fuera y rojos por dentro.

Si bien, me inclino a pensar que la solución tiene que ir de la mano de asignar correctamente los derechos de propiedad de los terrenos con un mayor riesgo de ser quemados y, al mismo tiempo, conseguir que tengan valor para sus propietarios para que los incentivos a protegerlos sean elevados, en consonancia con los estudios citados anteriormente. Para ello, por ejemplo, se antoja una solución el tratar de facilitar el negocio y reducir las cargas impositivas a empresas madereras para que exploten con pocos costes nuestros montes. Esta industria controlaría los montes de Galicia para que se produzcan talas de forma controlada, al fin y al cabo, no le interesaría sobreexplotar un terreno y dejar de tener producción a los pocos años, sin poder amortizar sus inversiones.

Al final, ya se sabe, el capitalismo es el mejor amigo del medio ambiente. Por eso yo me considero profundamente ecologista, porque creo que en el mercado, que asigna los recursos de la mejor manera posible y los protege para mantener su valor económico y social.