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Bitcoin como almacén de valor

La causa y origen del Bitcoin es patente desde la primera línea para quien lea el artículo en que se funda, y es tener una alternativa para evitar las entidades financieras y, por ende, los bancos centrales, en los pagos a terceros[1]. Bitcoin aparece en un momento de crisis financiera y desconfianza generalizada en la actividad de los bancos centrales y en la forma en que manejan el dinero[2]. Por ello, es evidente su comunalidad con las críticas de la Escuela austriaca de economía al monopolio legal de emisión del dinero y, por extensión, su interés para los amantes de la libertad.

Al respecto del funcionamiento y viabilidad de Bitcoin, hay muchos debates. Quizá uno de los más interesantes es el referente a su posibilidad real de monetizarse, esto es, generalizarse como instrumento de intercambio indirecto. Este es un debate que interesa tanto a libertarios (porque supondría el fin de la monopolización por los Estados de la emisión de dinero), como a gente más práctica, los especuladores (puesto que la monetización de un activo supone un incremento brutal de su valor).

No es este el debate que me ocupa en este artículo. Sobre la posible monetización de los bitcoins se ha escrito y elucubrado mucho, y se seguirá haciendo. Sin embargo, en un reciente seminario celebrado por el IJM, salió a la palestra una perspectiva de Bitcoin hasta ahora inexplorada para mí, y que quizá tenga más visos de realidad que la tan traída y llevada monetización. Me refiero al uso de bitcoin para atesoramiento de valor.

Prima facie, la idea parece bastante contraintuitiva. Si bien Bitcoin ha sido calificado como el primer activo real digital, no deja de ser una ristra de 1 y 0 con los que no se puede hacer nada. Por ello, carece de valor de uso directo; en otras palabras, el mínimo de su valor es 0. Eso no ocurre con otros activos utilizados para almacén de valor, en los que siempre se tiene un valor de uso directo más o menos residual. Parece un mal comienzo para un candidato a almacén de valor.

¿Qué juega a su favor? Los costes de su almacenamiento, según explicaban los ponentes del seminario antes referido. En efecto, esa naturaleza digital del activo hace que los costes de almacenamiento físico/mantenimiento sean despreciables, lo que lo sitúa en mejores condiciones que cualquier activo físico que podamos imaginar, que siempre ocupará espacio y seguramente nos exija algún tipo de gasto adicional para su protección.

Por otro lado, la inflación de los bitcoins es imposible[3]. O, mejor dicho, existe un grado de inflación que es perfectamente conocido y previsible por todos los agentes, pues está predefinido en las reglas de emisión, lo que implica lo que he dicho al principio. Claro, en esto Bitcoin bate por goleada a todas las monedas fiat que están sujetas a una inflación[4] de grado arbitrario e imprevisible.

La tercera componente de estos costes de almacenamiento, junto con el físico y el de inflación, sería el riesgo, o más bien su aseguramiento. Aquí, en principio, no parece haber diferencias a favor de Bitcoin, aunque los ponentes del seminario sí argumentaban que estos costes también eran menores en su caso. Volveré más adelante sobre este tema.

En contra de Bitcoin juega, en el momento actual, su gran volatilidad, como se puede observar fácilmente en cualquier gráfica temporal de su valor. Parece poco razonable defender la capacidad de almacenar valor de un activo que puede tener variaciones diarias del 30% en su precio cotizado.  Sin embargo, si se estudia la volatilidad del precio de los bitcoins, lo que se observa es que se está reduciendo considerablemente con el paso del tiempo, por lo que a no mucho tardar se debería estabilizar tal precio/valor, y desaparecería este problema. En otras palabras, al decir de los ponentes del seminario, esta volatilidad sería algo coyuntural y asociado precisamente al proceso de monetización/exploración de uso de Bitcoin. Pero en el medio plazo, cabe esperar del precio/valor de los bitcoins que oscile como el de cualquier otro activo monetario.

En resumen, la propuesta de estos ponentes sería que la importancia del Bitcoin a futuro no sería tanto por su monetización, sino más bien por su capacidad de proteger el valor (frente a la inflación) a un costo bajo (frente al almacenamiento de bienes físicos). De hecho, afirmaban, los bitcoins tienen relativamente poco valor diferencial respecto a los medios convencionales a la hora de su uso como moneda, por lo que su propuesta sería atesorar bitcoins y cambiarlas a la moneda convencional para llevar a cabo las transacciones comerciales.

Y la verdad es que la cosa no suena mal. Con un valor estable (obsérvese que ya no pongo precio/valor), Bitcoin supondría una protección magnífica contra las prácticas inflacionarias de los Gobiernos. Digamos básicamente que un bitcoin tendería a subir de precio en cada moneda en la misma medida que la inflación la depreciara. Para aquel que está tratando de protegerse con activos físicos, un bitcoin le proporciona la misma protección, pero a un coste mucho menor, ya que no hay riesgo de deterioro ni espacio que consumir en almacén, ni seguros contra robo, etc.

¿Es la panacea? Es indudable que tiene una serie de ventajas sobre los activos usados hasta la actualidad. Pero también es cierto que tiene un riesgo específico propio, aparte de esa volatilidad que presumimos coyuntural, que habrá que considerar cuidadosamente. Me refiero, por supuesto, al funcionamiento de la red Bitcoin.

No me entretendré en vericuetos técnicos. La existencia de bitcoins depende de la de una red de ordenadores que se encargan de todos los procesos de criptografía, encadenado y validación que requiere la tecnología blockchain que las registra. Dicha red es una red peer-to-peer, en que cada ordenador se conecta o no a voluntad de su propietario.

Mientras haya incentivos económicos, parece razonable esperar que haya interesados en mantener la red operativa. Pero ¿qué ocurre si dichos incentivos desaparecen? En otras palabras, ¿qué garantías existen de que la red Bitcoin vaya a seguir existiendo en 5, 10 ó 15 años? Obsérvese que, si estoy atesorando en oro, el valor no depende de que terceras partes estén llevando a cabo determinada actividad.

Analizando con un poco más de profundidad, se observa que en la actualidad dichos incentivos se obtienen a partir de la emisión controlada de bitcoins. Los mineros reciben un premio en bitcoins por cada bloque que minan. En la actualidad, reciben 12,5 bitcoins por bloque (y se genera un bloque cada 10 minutos), pero dicho número se va dividiendo entre 2 cada 4 años; de hecho, en 2020 el premio se reducirá a 6,25 bitcoins por bloque minado.

Según la cotización de bitcoin, así serán los incentivos de los mineros, pero es obvio que ceteris paribus, estos se van a ir reduciendo hasta desaparecer. Conforme la emisión de bitcoins se reduzca, los mineros incrementarán las comisiones de las transacciones realizadas para mantener sus ingresos. En otras palabras, la actividad de los mineros está actualmente muy “subsidiada” por la emisión establecida de bitcoins. Pero cuando esta emisión se reduzca, ¿qué nivel de comisiones les será necesario para subsistir?

Las dudas aumentan conforme matizamos el análisis. Si los bitcoins han conseguido generalizarse para transacciones ordinarias, las comisiones tenderán a ser menores. Pero, si se quedan como depósito de valor, entonces el número de operaciones con las que subsistir será muy inferior, empujando las comisiones para ser sostenibles al alza. Por lo que, llegado el momento, igual es ruinoso recuperar la inversión en bitcoins para ponerla en moneda convencional y poder utilizarla.

Más grave aún sería un escenario en que la reducción del número de transacciones causa que los mineros retiren poder de computación, hasta el punto de hacer la red vulnerable a ataques, momento en que los bitcoins perderían completamente su valor.

Y tampoco hay que olvidar otro factor adicional. Si bien cabe esperar que la capacidad de proceso y almacenamiento de los ordenadores siga reduciendo su coste, y quizá también ocurra lo mismo con la de telecomunicaciones, el principal consumo que hace la red Bitcoin es de energía, algo bien conocido y que ya ha dado lugar a polémica[5]. ¿Qué ocurrirá si suben los precios de la energía, algo que parece inevitable en los tiempos que corren? Una vez más, se pondrá en riesgo la viabilidad de la red y, como mínimo, se incrementarán las comisiones de las transacciones.

En resumen, nos encontramos ante una propuesta provocativa, original, y quizá hasta razonable. Los argumentos sobre la eficiencia de bitcoins como almacén de valor resultan muy convincentes; pero también es cierto que tal eficiencia va a depender mucho de factores poco controlables para el ahorrador.

(*) Agradecimientos a todos los asistentes al seminario sobre bitcoin organizado por el IJM, y en particular a los ponentes en el mismo, a quienes cito por orden de intervención: Miguel Vidal, Manuel Polavieja, Fernando Nieto y Adolfo Contreras.

[1] “A purely peer-to-peer version of electronic cash would allow online payments to be sent directly from one party to another without going through a financial institution”. Ver https://bitcoin.org/bitcoin.pdf

[2] Si bien su raíces hay que buscarlas en un periodo muy anterior, según nos explicó Miguel Vidal, uno de los ponentes el seminario IJM al que dentro de poco haré referencia.

[3] Se podría generalizar el análisis hablando de que la incautación por parte de los Gobiernos es muy difícil, en particular por la vía de la inflación. No lo hago por parecerme suficientemente ilustrativo y realista la “incautación” por inflación.

[4] Recuérdese que inflación NO es subida de precios, sino creación de moneda de la nada, lo que implica en muchos casos que suban los precios de los bienes expresados en la moneda inflada.

[5] Ver, por ejemplo: https://www.forbes.com/sites/shermanlee/2018/04/19/bitcoins-energy-consumption-can-power-an-entire-country-but-eos-is-trying-to-fix-that/#559c0a7d1bc8.

Asimismo, el Gobierno chino detuvo en febrero de 2018 el trading de monedas virtuales, así como los procesos de minado.