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Bitcoin como reserva de valor

A raíz de las caídas de los mercados financieros en los últimos meses el oro está siendo protagonista como posible activo refugio, y por extensión algunos analistas miran hacia Bitcoin para ver si es cierto que cumple su promesa como activo para preservar valor como muy bien suele explicar Fernando Nieto.

En mi opinión, es aún demasiado pronto para que el mercado seleccione claramente a Bitcoin para este propósito pues parece que todavía no se han dado por reconocidas y contrastadas sus cualidades para preservar el valor. ¿Cuales son esas cualidades? Pues muy resumidamente que no tiene riesgo de custodia o contrapartida, no tiene riesgo de redenominación, tampoco es posible diluir su valor aumentando la cantidad total en circulación, no se deteriora con el tiempo y es relativamente barata de almacenar. 

¿Qué significa que no tiene riesgo de custodia o contrapartida? Pues que siempre que las custodie uno mismo, evidentemente no existe riesgo de que la entidad que te las custodia amanezca quebrada un lunes (Banco Popular) y que el Gobierno esa vez no sea capaz de cubrir las pérdidas de los depositantes. O si estuviéramos en un patrón oro, que el Gobierno le haya requisado el oro a esta entidad, cosa que por cierto ha pasado una y otra vez a lo largo de la historia. Bitcoin no tiene este problema.

¿Qué significa riesgo de redenominación? Pues que la cuenta de tu banco no amanezca un lunes redenominada en otra unidad monetaria. Lamentablemente en Argentina saben mucho de esto. Bitcoin no tiene este problema.

¿Que significa que no se diluya su valor? Que no se emitan más unidades arbitrariamente difuminando el valor de tu porción del pastel. Esto es algo muy evidente con las monedas fiat, la inflación. Y en mucha menor medida es algo consustancial a la naturaleza del oro, pues todos los años se mina un 2% del stock total de oro existente sobre la tierra. Esta pérdida de valor del oro siempre ha pasado relativamente desapercibida pues históricamente la economía tiende a crecer anualmente un porcentaje similar. Al compensarse una cosa con la otra el poder adquisitivo del oro no cae y tiende a mantenerse muy estable a largo plazo. Eso puede ser interesante desde un punto de vista monetario, o no, eso sería discusión para otro artículo. Pero desde el punto de vista de reserva de valor, es evidente que una dilución anual del 2% es un lastre que Bitcoin no va a tener.

En cuanto al coste de almacenamiento físico es obvio que dada su naturaleza digital tanto Bitcoin como la moneda fiat y la deuda tienen clara ventaja sobre el oro físico. Eso sí, en Bitcoin la conservación de las claves no es una tarea fácil y entraña riesgos. En eso todavía queda mucho por mejorar.

Bitcoin es una herramienta para un propósito, y como todas las herramientas su valor reside en el ahorro de costes con respecto a sus alternativas. Los competidores más directos de Bitcoin son el oro y los activos de deuda de menor riesgo, entre los que incluyo la deuda soberana de los países más solventes y las principales monedas fiat (dólar, euro, yen, libra, franco suizo, etc.).  Pero a día de hoy, visto el comportamiento disparatado de todos los Gobiernos emitiendo deuda y los bancos centrales emitiendo moneda, encontrar activos de deuda seguros está siendo cada vez más difícil, y el oro, como hemos explicado, tiene un coste por dilución del 2% anual más los costes de almacenamiento.  

Estas cualidades objetivas de Bitcoin son las que son, y no tengo el menor reparo en afirmar categóricamente la clarísima superioridad objetiva de Bitcoin con respecto a sus competidores más directos. Ahora bien, esta es mi opinión, y por muy en lo cierto que yo crea estar, de nada sirve si el mercado no opina lo mismo. Y en esas estamos, en que el mercado descubra y reconozca las cualidades de Bitcoin.

No hay nada mejor para que los hombres orienten correctamente sus intereses económicos que observar los grandes beneficios obtenidos por aquellos individuos más hábiles que decidieron aceptar, durante mucho tiempo, bienes de alta capacidad de venta a cambio de todos los demás.

Carl Menger, 1871