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Bitcoin, el geriátrico monetario

Muchos se quejan de que Bitcoin es lento e ineficiente, y que en esas condiciones es imposible que pueda llegar a ser una moneda generalmente aceptada. Sin embargo,  Hugo Nguyen nos explica de forma muy gráfica y brillante por qué esa lentitud e “ineficiencia” es necesaria. 

Bitcoin parece ir contra el sentido común sacrificando descaradamente cualquier atisbo de eficiencia, en particular es ineficiente en dos facetas:

  • Procesa muy pocas transacciones por segundo
  • La comunicación se realiza por difusión masiva (broadcast).

¿Cuántas veces hacemos una actividad de forma más lenta a propósito, cuando sabemos hacerlo de forma más rápida?  ¿En qué trabajo vamos contando a todo el planeta todas y cada una de las tareas que vas realizando a cada segundo que pasa?  

Para hacer todo esto todavía más demencial si cabe, no solo tú tienes que ser lento, todos los demás también deben serlo.  Y no solo tú tienes que gritar lo que haces a todo el mundo, todos los demás también te gritan a ti.

Para colmo, la red Bitcoin está compuesta por miles de usuarios. Si se está usted imaginando un enorme asilo de ancianos donde todos sus residentes andan muy despacito y se gritan continuamente para poder oírse unos a otros, está usted en lo correcto.

¿A qué se debe este aparente despropósito? Muy sencillo, es imprescindible que cualquiera que lo desee pueda ser capaz de verificar todas y cada una de las transacciones que se han realizado en el pasado y que se realicen en el futuro. ¿Por qué es imprescindible? Porque si esta verificación queda delegada en un tercero, entonces Bitcoin ya no sería Bitcoin, sería similar a cualquier otra moneda como el euro o el dólar, y para ese viaje, la verdad, no hace falta tanta alforja.     

Bitcoin, la unidad monetaria, no es distinta en esencia a un calendario o al conjunto de los diez numerales del sistema numérico decimal (0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9), es decir, un conjunto fijo de elementos que cualquiera es libre de usar. Es crucial tener en cuenta los conceptos “fijo” y “libre de usar”, porque estas dos características son incompatibles con que el conjunto esté administrado por terceros. Si el conjunto está administrado por terceros, automáticamente surge la necesidad de tener que confiar en que se mantendrá el carácter fijo y libre del dichoso conjunto.

Hablar de confianza implica sí o sí hablar de un contrato con un tercero, de unas obligaciones que un tercero tiene que cumplir. Como ya he explicado en artículos anteriores, las monedas actuales como el euro o el dólar son obligaciones de su emisor. Por tanto, no tiene ni el más mínimo sentido que Bitcoin requiriera de confianza en terceros y sea una moneda como las demás, no aportaría nada nuevo.

Bitcoin es otra cosa, y tiene que serlo, o si no desaparecerá. Es lógico pensar que si el mercado demanda y valora Bitcoin, lo hace por aquellas cualidades diferentes a las de sus competidoras, y las cualidades “conjunto fijo” y “libre acceso” claramente lo son. Hasta qué punto el mercado demandará estas características es algo que está aún por descubrir.

Y la existencia de estas cualidades sólo serán constatables por cualquiera si los medios técnicos necesarios para poder poseer y transmitir unidades de ese conjunto fijo son accesibles para cualquiera. Por eso Bitcoin funciona como un geriátrico, porque el mercado selecciona aquella implementación de Bitcoin que protege dichas cualidades más eficazmente, en detrimento de otras implementaciones, como Bitcoin Cash, que prometen otras cosas como la velocidad a costa de dificultar su acceso para todos, cuando cualidades como la velocidad no son diferenciales con respecto a las monedas ya existentes (euros mediante SEPA, Visa, Paypal o Bizum).  

Para dejar bien claro lo que quiero transmitir sobre la accesibilidad, veamos un ejemplo con el oro y otros metales. Si para poder distinguir el oro del cobre fueran necesarios equipos extremadamente costosos, difícilmente el oro podría haber sido mejor dinero que otros metales. La ductilidad del oro (por eso se mordía) y sobre todo una densidad muy superior a la de los metales más abundantes, permitía que cualquiera pudiera distinguir una moneda de oro de una moneda de cobre, ya que a igualdad de tamaño la de oro pesa más del doble que la de cobre.

Los bienes económicos presentes, como el oro, el trigo o la sal, se distinguen de los contratos (bienes futuros) porque su utilidad depende únicamente de las cualidades del propio bien, sin importar quién lo produjo; mientras que los contratos representan obligaciones que dependen del comportamiento de un tercero. Y cuando se trata del Dinero, esto es una característica esencial, porque una de sus funciones básicas es que sirve para zanjar deudas. Si la moneda que utilizamos para zanjar una deuda es a su vez otra deuda, difícilmente estaremos zanjando nada.   

El conjunto abstracto de 21 millones de Bitcoin es en sí mismo un bien presente, ninguna unidad de ese conjunto representa la obligación de nadie. Mientras los medios para acceder a ese conjunto sean accesibles para cualquiera, entonces tendremos acceso a Bitcoin.   

Si por la razón que sea esos medios dejan de ser accesibles para cualquiera y son sustituidos por otros que impliquen confiar en alguien, y lo siguen llamando Bitcoin, tenga por seguro que le están mintiendo. Le están intentando impedir el acceso a Bitcoin.

No quisiera concluir el artículo sin resaltar la idea de que Bitcoin como concepto está por encima de la tecnología y siempre estará ahí, ya no se puede eliminar ni borrar. La única forma de perder el acceso a Bitcoin es porque fracasemos o, peor aún, nos autosaboteemos en el desarrollo de los medios técnicos necesarios para acceder a ella.