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Bitcoin y el despilfarro de energía

El consumo de electricidad por parte de los equipos informáticos necesarios para el funcionamiento de Bitcoin es probablemente una de las cuestiones peor entendidas por parte de los medios de comunicación generalistas e, incluso, de algunos economistas de renombre como Nouriel Roubini.

Explicado de forma muy simple, para poder tener una certeza razonable de que el registro de transacciones de Bitcoin se mantiene íntegro es necesario que existan muchas copias distribuidas de dicho registro por todo el planeta y que además todas esas copias estén siempre actualizadas y sean idénticas en todo momento.  De esa forma podemos controlar que nadie haga trampa gastando más de una vez las mismas Bitcoins. 

Para conseguir esa distribución e integridad hace falta algún incentivo que motive a muchas personas a poner a disposición de la red sus equipos informáticos para mantener copias de ese registro.  Ese incentivo es el proceso que popularmente se conoce como “minería”, y consiste básicamente en premiar con una cantidad determinada de Bitcoin a aquellos que decidan ayudar a añadir transacciones y mantener el registro, siempre cumpliendo las reglas del sistema. Para conseguir ese premio es necesario resolver un problema matemático cuya dificultad se incrementa cuantos más “mineros” participen en el proceso, y se reduce cuando hay menos “mineros”.  De esta manera, a imagen y semejanza de la minería del oro, cuando el precio de Bitcoin sube y la dificultad se mantiene entran más mineros en el juego (que a su vez provocan un incremento de la dificultad) y cuando el precio baja se retiran los mineros menos rentables. Cuanto mayor sea la dificultad del problema, más capacidad de proceso es necesaria para resolverlo y, por tanto, mayor el gasto en electricidad.

A medida que el precio de Bitcoin ha ido subiendo en los últimos años, el negocio de la “minería” se iba tornando más rentable, por tanto, más mineros entraban en el juego y la dificultad aumentaba, y también el gasto en electricidad puesto que se multiplicaba la potencia y el número de equipos de minado en funcionamiento.

En mi opinión, el debate sobre si Bitcoin gasta “demasiada” energía queda inmediatamente zanjado desde el momento en que los propietarios y usuarios de Bitcoin están dispuestos a pagar por el servicio que proporcionan. Me explico con un ejemplo: si diéramos por hecho que todas las personas respetan la propiedad privada y que nadie debería apropiarse de lo ajeno, podríamos decidir no guardar bajo llave nuestro dinero en efectivo, o los bancos podrían prescindir de cajas de seguridad o decidir no utilizar furgones blindados para transportar dinero. Pero como no vivimos en “deberialandia”, sino en el mundo real, la seguridad es necesaria para evitar el abuso por parte de ladrones y aprovechados. Así que, por reducción al absurdo, si el precio que fija el libre mercado por asegurar la integridad de la red Bitcoin es un despilfarro, entonces gastarse el dinero en cajas fuertes, furgones o en firewalls también lo sería.  

Pero es que, además, resulta que los equipos para minar Bitcoin son relativamente fáciles de transportar e instalar, y a medida que avanza la tecnología, la economía de escala hace que los equipos de minado sean cada vez más eficientes y baratos. Esto implica que pueden colocarse o recolocarse en los lugares donde la electricidad sea más barata, que suele coincidir con aquellas fuentes de generación que con más frecuencia generan excesos de oferta, y esas son precisamente las energías renovables. Es decir, cuando hay que desaguar una presa, el sol brilla o el viento sopla, pero en ese momento no hay demanda para consumir toda esa electricidad, allí está Bitcoin para aprovecharla. No es de extrañar, por tanto, que el 77% de la energía que consume Bitcoin provenga de fuentes de energía renovables. Dudo que existan muchas industrias que tengan un porcentaje de consumo de energía renovable igual o superior a Bitcoin.

Lo realmente interesante del mix energético de Bitcoin no es que Bitcoin contamine poco, sino que ayuda a las fuentes de energía renovables a ser más rentables, equilibrando la demanda de electricidad cuando esta escasea con respecto a la oferta, favoreciendo las economías de escala de las fuentes de energía renovables y, por tanto, su desarrollo.

Es cierto que el número de transacciones por segundo que es capaz de procesar la red Bitcoin es muy inferior al del sistema financiero tradicional, por lo que el consumo energético por transacción on-chain de Bitcoin es en efecto muchísimo más elevado que sus alternativas. Pero también es necesario aclarar que las soluciones off-chain que aumentan exponencialmente el número de transacciones que es capaz de procesar Bitcoin, como Lightning Network, suponen un incremento ínfimo en el consumo de energía por cada transacción.

Por otro lado, los críticos de Bitcoin suelen comparar su coste energético con el consumo anual de algún país como Irlanda o Dinamarca, pero curiosamente no lo comparan con el consumo mundial de energía de sus competidores. Y digo mundial porque es importante recordar que Bitcoin es un sistema de pagos global. Si consideramos que el competidor de Bitcoin es el oro, entonces habrá que comparar el coste energético global de la minería de oro y de su transporte. Si la alternativa a Bitcoin es la moneda fiat (yen, dólar, euro, libra, etc.), entonces habrá que compararla con el coste en electricidad para el acuñado e impresión de monedas y billetes en todo el mundo más la parte proporcional del consumo energético destinado a servicios de cobros y pagos que necesitan las entidades financieras que conforman todo el sistema monetario mundial (bancos centrales, cámaras de compensación, bancos comerciales, Visa, Mastercard, etc.) para sus centros de procesos de datos, edificios centrales, sucursales, furgones, cajeros automáticos, transporte de empleados, etc.  

En definitiva, si Bitcoin despilfarra o no energía es algo que tendrá que decidir el mercado. Bitcoin es un sistema para realizar pagos que desde 2009 ha estado disponible el 99,98% del tiempo 24 horas al día, 7 días a la semana; cualquiera puede participar sin ningún tipo de discriminación por edad, sexo, raza, religión o nacionalidad; cualquiera puede desarrollar nuevos servicios sobre Bitcoin, no se puede manipular al antojo del banquero central o político de turno devaluándola, ya sea de la noche a la mañana o lentamente a lo largo de los años. Y hasta hoy, el veredicto del mercado es que está dispuesto a pagar por el consumo eléctrico necesario para disfrutar de todas estas cualidades.