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Capital social, acción colectiva e intervención estatal

La concesión del Premio Nobel de Economía 2009 a Elinor Ostrom (junto a Oliver Williamson) levantó gran entusiasmo entre algunos economistas, mientras que otros, acaso la mayoría del mainstream, recibieron la noticia con gran frialdad, en gran parte por la ignorancia acerca de su persona y obra. Una ignorancia que es sintomática, puesto que refleja el escaso interés que despierta entre buena parte de la ortodoxia académica el tipo de discurso que la caracteriza, cuya formación original está en las ciencias políticas.

Sin embargo, las contribuciones de Ostrom aportan realmente luz para comprender mejor los procesos sociales. Un ejemplo de ello es su trabajo donde sintetiza y sistematiza las aportaciones que en las últimas décadas se han realizado en torno al capital social y su relación con la acción colectiva. El capital social engloba diversos aspectos como el nivel de confianza entre los agentes, la existencia de redes entre éstos, o las normas sociales e instituciones informales. La acción colectiva se ocupa de estudiar los procesos de provisión de bienes colectivos.

El trabajo de Ostrom nos ofrece una alternativa a la perspectiva hobbesiana de Mancur Olson en su clásico libro La lógica de la acción colectiva. Olson, como exponente de las teorías de la acción colectiva que Ostrom llama de "primera generación", piensa que las potencialidades de la cooperación voluntaria son muy reducidas para resolver problemas de acción colectiva, por lo que considera necesario recurrir a la intervención de una autoridad externa (el gobierno mediante el uso de la fuerza). Por el contrario, Ostrom, como exponente de las teorías de la "segunda generación", confía en la capacidad de autoorganización de los propios individuos –lo que, no obstante, no quiere decir que consideren el papel del gobierno irrelevante–.

El contraste entre estas dos perspectivas no es nuevo, sino que ha estado presente en muchos puntos de la historia de las ideas. Por ejemplo, guarda cierta relación con la tradición hobbesiana por un lado, y la tradición de la Ilustración Escocesa por el otro.

El aspecto determinante que puede explicar esta divergencia en las perspectivas está en los supuestos o concepción del agente social, objeto de estudio. Como señala Ostrom en su trabajo, los teóricos tipo Olson suponen individuos atomizados, y totalmente egoístas –en coherencia con la tradición neoclásica básica–. En cambio, Ostrom apuesta por un enfoque notablemente más realista y rico, suponiendo el caso de Olson como un caso particular dentro de una gran variedad de situaciones, en que diferentes tipos de individuos (entre totalmente altruistas y totalmente egoístas) coexisten, relacionándose entre ellos, compartiendo experiencias y transmitiéndose información.

Esta segunda es la perspectiva que denomina del capital social, cuya definición no es clara ni fácil de acotar, pero cuyo potencial se hace manifiesto en la lectura del detallado survey que realiza Ostrom sobre la literatura más relevante. Destacan, por poner un caso, las referencias que utilizan esta perspectiva para estudiar los problemas de desarrollo económico en el continente africano.

Dentro del capital social aparecen conceptos importantes para la explicación de los fenómenos sociales. Resalta el importante papel del grado de confianza existente en una sociedad para determinar el desempeño económico. Como dijo Kenneth Arrow (otro Nobel), "prácticamente toda transacción económica posee un elemento de confianza, ciertamente cualquier transacción conducida en un periodo de tiempo. Se puede argumentar plausiblemente que gran parte del atraso económico en el mundo puede explicarse a partir de la falta de confianza mutua".

En efecto, en aquellas sociedades donde solamente existe confianza entre individuos con fuertes lazos familiares, el grado de división del trabajo y del conocimiento, de especialización productiva o de economías de escala se limita en gran manera. Así es normal encontrar en las sociedades más atrasadas, o de menor confianza mutua, estructuras empresariales más cercanas al modelo familiar y de pequeña empresa.

Interesante es también el énfasis que pone Ostrom, a modo muy hayekiano, en la importancia del conocimiento de las circunstancias locales y particulares a la hora de resolver problemas de acción colectiva –tema que ilustra con el caso de la construcción de infraestructuras–, lo que da luz sobre un enfoque de las instituciones más complejo, en el que la interpretación de éstas es tan importante como su contenido formal.

Por último, sus argumentos acerca del papel del gobierno y la intervención pública en la acción colectiva son de sumo interés. Así, sostiene Ostrom que "[l]as soluciones que se basan en la autoridad externa pueden fácilmente conducir a un intento de imponer reglas uniformes que no toman en cuenta las condiciones locales. Las reglas uniformes impuestas no sólo no logran movilizar al capital social en el nivel local para resolver problemas concretos, sino que pueden dar como resultado la destrucción total de los recursos de capital social ya existentes".

O que las instituciones gubernamentales "[f]acilitan la creación de capital social cuando se autoriza un espacio amplio para la autoorganización fuera del ámbito de la acción gubernamental requerida". Por el contrario, "cuando se hacen completamente responsables de grandes ámbitos de las actividades humanas, no permiten la entrada a otros esfuerzos en estos campos. Cuando los gobiernos nacionales se vuelven propietarios de todos los bosques u otros recursos naturales o cierran escuelas y hospitales manejados por grupos religiosos con la intención de proporcionar ellos mismos todos los servicios educativos y de salud, destruyen una inmensa provisión de capital social que es de por sí escasa. Rara vez puede remplazarse esto con rapidez. La creación de ciudadanos dependientes en vez de ciudadanos emprendedores reduce la capacidad de los individuos para generar capital".

Es de reseñar, además, que esta perspectiva de la intervención pública no nace de su particular ideología liberal, ni siquiera solamente de la reflexión teórica, sino que surgen de numerosos estudios de caso donde la misma Ostrom ha observado con detalle las instituciones y reglas prácticas locales, y la forma en la que se llegaban a acuerdos cooperativos sin necesidad de una autoridad externa.