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Confusión entre dinero y crédito: Bitcoin es dinero

Las monedas que utilizamos a diario como el euro o el dólar son monedas basadas en crédito, es decir, su valor depende del comportamiento futuro del emisor. Son obligaciones o pasivos del emisor.

El lector podría replicar que para el Banco Central Europeo emitir un billete de 5 euros no implica obligación alguna, pues no se le puede exigir nada al emisor a cambio de ese billete. Esto es un error, pues el BCE sí que se obliga a aceptar esos euros a cambio de cancelar deudas contra él, por tanto, si el BCE se obliga a aceptarlo, quien sea propietario de ese billete tiene un derecho contra el BCE. 

Es fácil darse cuenta de la naturaleza de obligación o pasivo del euro si hacemos el sencillo ejercicio mental de pensar qué pasaría si el Banco Central Europeo desapareciese y ninguna otra entidad lo sustituyera para asumir sus funciones. El valor del euro caería a cero, o en el mejor de casos a una pequeña fracción de su valor motivado por la esperanza de que alguna otra entidad o un nuevo banco central lo repesque, del mismo modo que la deuda de una empresa quebrada puede tener algún valor residual debido a la esperanza de que el deudor sea reflotado o pudiera llegar a pagar una parte de su deuda.

El euro es, por tanto, un pasivo, un crédito que utilizamos como moneda.

Si lo comparamos con la plata o el oro y hacemos el mismo ejercicio mental, ¿qué pasaría con una moneda de plata pura si el productor muere, desaparece o quiebra? Nada. Es irrelevante. El valor de la moneda de plata depende de las cualidades de la propia moneda, que además se pueden verificar sin tener que recurrir a quién lo fabricó.

La moneda de plata no es ningún crédito, no es el pasivo de nadie. Es dinero.

¿Y qué razón hay para reservar la palabra “dinero” a aquella moneda que no es el pasivo de nadie? Pues en una conversación informal no habría ninguna razón. De la misma manera que informalmente decimos “peso 80 kilogramos” ya que decir “mi masa son 80 kilogramos” sonaría pedante a pesar de ser lo correcto.  

¿De qué sirve entonces hacer esta distinción? Pues para una cuestión crucial. Si un crédito puede consistir en prestar dinero, pero dinero y crédito son la misma cosa, ¿quién es el acreedor y quién el deudor? Si yo pago una deuda con algo que a su vez es una deuda, ¿Queda realmente zanjada la deuda? Si el BCE cuando emite euros se está endeudando (crece su pasivo), ¿por qué decimos que es prestamista de última instancia?

No debe sorprendernos que, mientras no exista una clara distinción entre dinero y crédito, nuestras economías estén mórbidamente endeudadas. Ni tampoco que los bancos centrales tengan el protagonismo que están teniendo en esta crisis pues realmente existe la creencia de que los bancos centrales crean dinero en sentido estricto, que son verdaderos prestamistas.

Para acabar con esta situación habría que volver a un sistema monetario basado en dinero y no en crédito. Pero, por ejemplo, utilizar oro físico es extremadamente caro e ineficiente, sobre todo para las transacciones a distancia. Para utilizar de forma eficiente el oro son necesarios créditos pagaderos en oro que puedan transferirse digitalmente. El problema es que quien emita esos créditos ha de custodiar el oro, y la experiencia histórica demuestra de forma irrefutable que el custodio acaba apropiándose del oro que se le entregó, es cuestión de tiempo.

Bitcoin soluciona este problema ya que no es necesario un tercero que las custodie para poder ser transmitidas digitalmente, pues su naturaleza ya es digital. Las cualidades de Bitcoin pueden verificarse sin tener que recurrir a quien las fabricó ni a ningún otro tercero. Bitcoin es dinero, no es la obligación de nadie. Bitcoin zanja deudas.

“No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar”. F.A. Hayek, 1984