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Contra la reindustrialización forzada

Hace algunos días, el anuncio del cierre de la planta de Nissan en Barcelona contribuyó a remover la arena del debate político y económico de alto voltaje, que tanto caracteriza a la democracia española. En el plano económico, el debate sobre la reindustrialización de España ya venía de antes, pero se ha intensificado estos días a raíz del cierre de la planta de Nissan y la central de Alcoa. Dicho debate sobre una supuesta reindustrialización se ha centrado principalmente en un mayor dispendio de subvenciones públicas, apoyo institucional e incluso se ha llegado a hablar de nacionalizar las plantas industriales de algunas de estas compañías. Poca gente ha tomado en serio la vía de la nacionalización, promovida principalmente por Gabriel Rufián, Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, pero el problema está en que la poca gente que ha tomado en serio la opción de la nacionalización de ambas plantas son precisamente personas que se encuentran en el Gobierno o tienen una gran influencia sobre sus decisiones. Debemos pensar que el problema va mucho más allá del cierre de dos plantas industriales. Tal y como señalaba el diario El Mundo esta semana, desde junio de 2018, 6.794 compañías del sector industrial echaron el cierre en España, y ha sido el parón económico producido por el coronavirus el detonante de la mayoría de los cierres, pues ha causado la desaparición de 4.500 empresas industriales de las previamente mencionadas entre los meses de marzo y abril.

Debemos tener en cuenta que, aunque el confinamiento haya supuesto la puntilla para miles de estas empresas, eso únicamente refleja la extrema fragilidad de la estructura productiva y el tejido empresarial español. Partimos de que previamente a la crisis del coronavirus, la media de disponibilidad de caja de las empresas españolas no llegaba prácticamente a los 50 días, y aunque se hayan desarrollado ciertas políticas para tratar de inyectar liquidez al tejido productivo de la economía española, estas no han resultado ser eficientes, ya que la mayor parte de la liquidez puesta a disposición de las empresas se dispuso a través de un plan de avales públicos, ignorando la situación de debilidad actual de muchos bancos, lo cual ha restado eficacia a dicha política.

Por todo ello, debemos mirar más allá. Debemos analizar los problemas estructurales de la economía española, y pensar en atajarlos de raíz, para tener un modelo económico más sólido y resistente frente a crisis económicas futuras. En esta línea, cabe analizar dos aspectos muy interrelacionados y que, a mi modo de entender la situación, pueden haber sido dos de los principales detonantes encubiertos en el largo plazo que puedan haber propiciado el cierre de muchas de estas empresas o, en su defecto, haber contribuido a su extrema fragilidad financiera frente a situaciones de inestabilidad económica. Los aspectos más importantes por estudiar al respecto son, por un lado, la débil productividad de la economía española (tanto laboral como en términos de PTF), y también, en relación con esto, el aumento de los costes laborales unitarios.

Actualmente, la PTF de la economía española acumula siete trimestres contiguos de contracción,  el año 2006 fue la última vez que ocurriese algo similar. A la par de dicho descenso de la productividad, el coste laboral por trabajador se ha incrementado a un ritmo del 1,5% interanual a lo largo de los dos últimos trimestres, lo cual, unido al llamativo descenso de los niveles de productividad agregada, consumó un incremento del 1,9% del coste laboral unitario en el cuarto trimestre del año 2019, algo que no sucedía, de nuevo, desde el año 2006. Aunque dicha tendencia de estancamiento de la productividad y aumento de los costes laborales se haya acelerado recientemente, el problema de la productividad -tanto en términos de productividad laboral como agregada- es un defecto endémico de la economía española, que conviene estudiar algo más a fondo.

En este aspecto, si nos basamos en datos de la OCDE para calcular la variación de la productividad laboral de la economía española (en términos de PIB por hora trabajada), empleando 2010 como año base, observaremos que desde entonces, la economía española incrementó su productividad un 7,8%, mientras la media de la UE-28 la incrementaba un 8,7%, y países referentes del modelo económico liberal, como Irlanda, en el periodo 2010-2019, incrementaban la productividad laboral un 42,4%. Se podría realizar un análisis de datos mucho más exhaustivo, y en él, por supuesto que encontraríamos algunos países comparables como Italia, que lo han hecho peor que España al respecto, pero esto no exime de la culpabilidad de no haber querido afrontar prácticamente ninguna reforma estructural, lo que ha sido posiblemente una de las principales causas de abandono de miles de empresas industriales .

Si aplicamos la Ley de Okun al caso particular de la economía española, observaremos que esta presenta una mayor volatilidad en términos de la relación entre crecimiento económico y destrucción o generación de empleo. Es decir, el ritmo de creación (o destrucción) de empleo es mucho más sensible a la tasa de crecimiento (o contracción) de la economía española, en comparación con el resto de países europeos. Esto puede explicarse en parte por la ineficiencia que caracteriza el mercado laboral español, ya que mientras en la gran mayoría de países la productividad laboral es procíclica, en España tiende a comportarse justo al contrario, actuando como una variable contracíclica, lo cual ocasiona que en periodos de crisis económica el pertinente ajuste se realice a través de un mayor incremento del desempleo y no tanto a través de una moderación salarial generalizada o una reducción del numero de horas trabajadas per cápita (algo que la reforma laboral del año 2012 logró mejorar ligeramente).

Al respecto, cabría la posibilidad de que algunos críticos alegasen que aunque la economía española presente bajos niveles de productividad laboral y un mercado laboral caracterizado por la ineficiencia y la inflexibilidad, quizás sus niveles agregados de productividad estuvieran mucho más relacionados al progreso técnico global y, por lo tanto, hubiesen aumentado más intensamente. Pero tampoco es el caso. El crecimiento de la productividad total de los factores (PTF), mucho más sensible a los efectos de la inversión en capital, presenta también los peores resultados junto a Italia. En concreto, de nuevo acudiendo a datos de la OCDE, del año 2010 al año 2016 (últimos datos disponibles en la OCDE para España), la PTF aumentó un 0,77%, mientras la de Italia para el mismo periodo, descendía un 0,66%.

Por lo tanto, en esta línea, debemos plantearnos cuáles son las principales causas de que la economía española se encuentre tan estancada en términos de crecimiento de la PTF. Aunque para muchos pueda resultar increíble, la economía española sufre de un exceso de capacidad instalada, es decir, padecemos de un exceso de capital en relación con el volumen de producción total, lo cual se traduce en que la capacidad productiva de la economía española no sea plenamente explotada, y consecuentemente se estanquen los niveles de productividad (Serrano et al., 2017). Esto viene en gran parte propiciado por el exceso de inversión en capital tangible como maquinaria, naves industriales, construcciones, etc., en lugar de capital intangible como I+D, formación, software, etc. (Corrado et al., 2009). Por poner la situación en contraste, en Estados Unidos o el Reino Unido, la inversión en capital intangible se sitúa ligeramente por encima del 12% del PIB, mientras en España no sube del 6%. Por concretar, en Estados Unidos, la inversión en intangibles es mayor que en activos tangibles, mientras en España es menos de la mitad. Asimismo, la composición de la inversión en activos intangibles de la economía española no ayuda. En España, más de la mitad de la inversión en intangibles se destina a publicidad y diseño (actividades que contribuyen generalmente menos al crecimiento de la productividad agregada), mientras en países líderes en inversión en capital intangible como EE. UU., Suecia o Reino Unido, más del 50% de dicha inversión se destina a innovación para la reestructuración organizativa. No debemos olvidar que los intangibles acarrean un efecto spillover positivo sobre el crecimiento de la productividad. Es decir, no solo aumenta la productividad del sector donde se ha realizado la inversión, sino que este efecto se propaga indirectamente a múltiples sectores de la economía, multiplicando la repercusión sobre la PTF. (Haskel et al., 2014).

Como se ha comentado con anterioridad, las características y dinámicas internas del mercado laboral español tampoco ayudan a incrementar la productividad, laboral en este caso. La rigidez del mercado laboral contribuye a transformar las crisis en histéresis, en términos de empleo, lo que dificulta la reasignación de recursos disponibles en el mercado, tal y como detallé en otro artículo. Los altos niveles de temporalidad laboral desincentivan en gran parte la inversión en intangibles como investigación o formación de los trabajadores, lo cual dificulta el crecimiento de la productividad en el medio y largo plazo.

Todo ello cabría estudiarlo con mayor detenimiento, e incluso realizar ciertas propuestas al respecto en relación con reformas estructurales que deberían afrontarse si deseamos cambiar el statu quo de la productividad de la economía española. Queda pendiente para algún artículo futuro.

En definitiva, lo que trataba de mostrar a través de este escrito es que la economía española no precisa de una reindustrialización forzada, que únicamente contribuiría a agravar aún más el exceso de capital fijo y capacidad productiva que actualmente lastran la productividad de la economía española. Definitivamente, expropiar plantas industriales vacías, tal y como proponían ciertos políticos hace algunos días, no es, ni de lejos, la solución a las deficiencias estructurales del tejido industrial español. Necesitamos ser más competitivos, invertir más en capital intangible y promover una industria sólida y de alto valor añadido. Pero nada de ello ha de hacerse a través de un organismo de dirección centralizada. Por ello, debemos posicionarnos contra la reindustrialización forzada.

Referencias

OECD (2019), Compendium of Productivity Indicators.

Serrano, L.; Martínez, F.; Pérez García, M.; Mas Ivars,E.; Uriel, J. (2017), “Acumulación y Productividad del Capital en España y sus Comunidades Autónomas en el siglo XXI”, Fundación BBVA.

Corrado, C.; Hulten, C.; Sichel, D. (2009), “Intangible Capital and US Economic Growth”, Review of Income and Wealth.

Haskel, J.; Corrado, C.; Jona-Lasinio, C. (2014), “Knowledge Spillovers, ICT and Productivity Growth”, Georgetown Univeristy.