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¿Cuántos impuestos pago?

Es una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez y a la que no todos han encontrado respuesta. La mayoría son asalariados a los que su nómina no deja ver la realidad. Y no se la deja ver por algo muy sencillo: al Estado no le interesa.

Para una persona corriente, la nómina es aquello que le ingresan en el banco el día 30 de cada mes. Puede ver, si se molesta en mirar, que unos porcentajes le son deducidos del sueldo en concepto de IRPF y seguridad social, pero respira aliviado al ver que, aunque le quitan un pico, no supera el 25-30% del sueldo.

Pero la realidad es muy distinta. El Estado, muy preocupado por nuestra comodidad, nos ha privado de la obligación de calcular cuánto le pagamos y de realizar la transferencia a sus arcas. Gracias a su generosidad, es la empresa la que debe realizar estas gestiones e ir quitándonos de nuestro sueldo el porcentaje oportuno que él establece. Por supuesto esta deducción se realiza en cada paga para que el dinero nunca llegue a nuestras manos y no se nos ocurra pensar que ha sido alguna vez nuestro.

Además ha establecido la curiosa norma de que sea la empresa la que pague una cuota a la seguridad social en nuestro nombre(aparte de la pagada por el empleado). Afirman que es un pago que realiza la empresa por el hecho de contratar a un trabajador; algo curioso si tenemos en cuenta que su montante se fija en el 32% del sueldo bruto que cobre el asalariado hasta un tope de 11-12 mil euros. Digo que es curioso porque, teniendo en cuenta que ese dinero se va a dedicar a pagar la pensión de cada asalariado (en realidad se dedica a pagar la de los jubilados presentes), tendría que ser éste, y no la empresa, quien hiciera las aportaciones como en cualquier otro tipo de plan de pensiones.

¿Por qué ha escogido el Estado este método? Es muy sencillo, si la mayor parte de los 12 millones de asalariados del sector privado viera que de cada nómina se les extrae el 50% del sueldo en vez del 25%, seguramente el sacrosanto Estado de Bienestar iba a hacer aguas. Los socialistas afirman que esto no es así, que lo hacen para obligar a las malvadas empresas a pagar unas cuotas que el trabajador no podría asumir, ya que si no las pagaran la empresas los trabajadores tendrían que asumir la cuota de su actual sueldo y el empresario se embolsaría la cuota que actualmente paga a la S.S. aumentando su insaciable codicia.

Esto es profundamente absurdo. Si los trabajadores tuvieran que pagar 500 euros más al mes al Estado, es totalmente evidente que pediría ese dinero a la empresa para seguir trabajando en ella. Un trabajador, y cualquiera, calcula siempre su sueldo después de impuestos, no antes. Pero es más, los sueldos en España, por desgracia, están vinculados a los convenios colectivos. ¿De verdad los sindicatos son tan estúpidos como para no incluir en el sueldo de los trabajadores el dinero que éstos van a tener que pagar a la S.S.? ¿Y las malvadas empresas van a oponerse a pagar un dinero al trabajador que ya están pagando a la S.S. y, por tanto, forma parte del coste que ese trabajador tiene?

No, la única función de la cuota del empresario a la S.S. es ocultarle al asalariado que le están quitando la mitad del sueldo en cada nómina. Que la mitad de los 20 días que trabaja al mes, de las 20 mañanas que se levanta a las 6 de la mañana, de los mil problemas que ha tenido que solucionar, en definitiva, de las infinitas penurias que van aparejadas a un trabajo, han sido para que el Estado se embolsara el fruto de su esfuerzo. Ni más ni menos que la mitad: semiesclavitud, nunca mejor dicho. Durante la mitad de nuestra jornada, durante la mitad del año o durante la mitad de nuestra vida trabajamos para otros, no para nosotros mismos. Ese es el secreto que guarda el Estado con una operación tan simple como trasladar una cuota al empresario (minoría mal vista) en vez de dejárselo al verdadero generador de la riqueza con la que se paga (inmensa mayoría que decide las elecciones).

Además, hay un efecto colateral que casi nadie sabe, excepto los economistas con aspiraciones a Ministro; en tiempos de crisis, como los que vivimos, a los políticos se les llena la boca diciendo que no van a tocar los derechos de los trabajadores. Pero, mira por dónde, los trabajadores desconocen que la empresa está pagando por ellos una suma bastante importante a al S.S., y por tanto, como cualquier derecho desconocido por su beneficiario, es pisoteado sin contemplaciones bajando esa cuota para liberar al empresario de esa carga, pero sin que en el convenio laboral (esa maravilla que salva al pobre trabajador de la opresión) se traslade esa cantidad al sueldo del empleado.

Se podría pensar que esto sólo afectaría a los actuales jubilados, que son los que perciben el dinero que se recauda de las cuotas, pero no. Los jubilados siguen cobrando su pensión, puede que congelada, y el dinero no recaudado con la bajada de las cuotas sale del aumento de un otro impuesto que con toda seguridad será pagado en su 90% por los asalariados.

Pero el Estado no se conforma con esto, todavía queda el segundo pago más importante que hace el trabajador: el IRPF. Este no lo puede ocultar y se le descuenta al trabajador de su sueldo bruto, pero se hace de la manera más astuta para, en primer lugar, disimular el montante total del pago y, por otro, hacer que sea prácticamente imposible que pueda evadir ni un céntimo.

¿Cómo lo hace? De nuevo, pasándole la pelota a la empresa, que está obligada a gestionar el pago del impuesto sin que el trabajador pueda intervenir. Además este pago se realiza en cómodos plazos, como en la teletienda, y de forma inmediata. Así el asalariado nunca llega a ver el dinero y muchas veces no es consciente del monto total que el Estado le está deduciendo de sus ingresos.

¿Cuál tendría que ser el método? Pues el mismo que se sigue con los autónomos: pagar por trimestres o por ejercicio fiscal. De esta forma el trabajador desembolsaría las cantidades de golpe, conociendo cuánto paga exactamente y con la posibilidad de pedir desgravarse el IVA de la gasolina, comida, etc., de los impuesto que paga como hacen el resto de sociedades.

Muchas personas pensarán que exagero y que las ventajas de conocer cuántos impuestos pagan los asalariados no compensan las desventajas de las comodidades a las que tendrían que renunciar. A todas esas personas les sugiero que entren en la web www.cuantosimpuestospago.com y pongan la cantidad bruta de su sueldo. Luego que piensen en pagar al Estado en cada declaración de la renta 10 mil (en caso de ser mileurista), 15 mil (en caso de tener un sueldo medio) o incluso 21 mil (en caso de tener un sueldo de clase media-alta) euros de golpe.

¿Sorprendido, eh? Ahora sabe cuántos impuestos paga, cuándo y por qué. Solo queda por saber qué va a hacer al respecto.