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El pensamiento monetario de Juan de Mariana (II)

En el primer artículo sobre el pensamiento monetario del padre Juan de Mariana pudimos comprobar la hondura de su concepción de la moneda y de su función económica. Ahora vamos a atender a cómo describe los perversos efectos del envilecimiento de la moneda y la inflación. En su Tratado sobre el vellón comienza por recoger varios argumentos que se esgrimen a favor de la rebaja de la cantidad de dinero en las monedas, y luego expone los peligros que él ve en ese expolio. Aquí recogemos tanto lo que expone en ese breve tratado como lo que había dejado escrito en su De rege et regis institutione.

Argumentos a favor de reducir el peso de la moneda

Inflación. Eso es a lo que se enfrenta Juan de Mariana. A la decisión de la Corona de rebajar la moneda de vellón, pero mantener su valor legal. El jesuíta repasa los argumentos que se aducen a favor de dicha medida, y luego los verdaderos resultados.

Las detalla los argumentos a favor de rebajar la moneda en el Capítulo VII de su Tratado, y las traemos aquí:

  • “El ahorro de gran cantidad de plata que sin ningún provecho en esta moneda de vellón se consumía, lo cual se ahorra con bajarla de ley”. (Se ahorraría plata)
  • “Que no la sacarán del reino y habrá en él para el comercio gran cantidad de moneda”.
  • “Se excusará este reino de tantas mercadurías como de fuera vienen, las cuales no servían sino de llevarse la plata nuestra y de pegarnos sus costumbres y vicios”.
  • “El rey sacará por este camino gran interés, con que socorrerá sus necesidades, pagará sus deudas, quitará los juros que le consumen, sin hacer agravio a ninguna persona”.

Inconvenientes

1) Inflación

Dice Juan de Mariana en el Tratado (Capitulo X): “Y no hay duda sino que en esta moneda concurren las dos causas que hacen encarecer la mercaduría. La una, ser, como será, mucha sin número y sin cuenta, que hace abaratar cualquiera cosa que sea, y por el contrario, encarecer lo que por ella se trueca”. Y añade: “Segunda ser moneda tan baja y tan mala que todos la querrán echar de su casa, y los que tienen las mercadurías no las querrán dar sino por mayores cuantías”.

Es decir, de nuevo Juan de Mariana acude a la cantidad y a la calidad de la moneda para explicar su valor, y por tanto su precio. Un precio bajo de la moneda, que se manifiesta en precios altos de las cosas por las que se cambia. En inflación.

2) Cálculo económico

Otro motivo es el cálculo económico. Ya hemos visto cómo para Mariana los precios son resultado del mercado, pero también guían la acción de las personas. Si la moneda cambia su valor, dice en este Capítulo (X) del Tratado, “vista la carestía, se embarazará el comercio forzosamente”.

¿Por qué? Nos lo ha adelantado en el Capítulo V: “No hay duda sino que el peso, medida y dinero son el fundamento sobre que estriba toda la contratación y los nervios con que ella toda se traba, porque las más cosas se venden por peso y medida, y todas por el dinero. Lo que pretendo decir aquí es que como el cimiento del edificio debe ser firme y estable, así los pesos, medidas y moneda no se deben mudar, porque no bambolee y se confunda todo el comercio”.

Los precios permiten un cálculo económico de beneficios y costes y, por tanto, son el fundamento que guía el comportamiento de quienes participan en el mercado. Y si se trastocan, hacen temblar el sistema.

3) Precios máximos

Otro inconveniente. La inflación será un fastidio para todos, y mermará las ganancias que querrá sacar el Rey, pues sus propias monedas irán perdiendo valor con la inflación. De modo que resulta tentador recurrir a leyes de precios máximos para embridar la inflación. Lo había explicado muy bien en De Regis: “Y aun cuando el príncipe, como desea, tasase el precio de las mercancías por la ley, en lugar de conseguir el remedio que intenta, aumentará el mal; porque nadie habrá que quiera vender a aquél precio inferior, siempre que se compare con la apreciación común”. Es decir, que habrá desabastecimiento. Inflación y precios máximos igual a desabastecimiento. Algo que conocen bien en Venezuela.

Vuelve a tratar el asunto en su Tratado, y lo hace con estas palabras (Capítulo X): “Querrá el rey remediar el daño con poner tasa a todo, y será enconar la llaga porque la gente no querrá vender alzado el comercio, y por la carestía dicha la gente y el reino se empobrecerá y alterará”. Pero añade aquí una nueva variante, y es que la combinación de inflación y precios máximos es un círculo vicioso: “Visto que no hay otro remedio, acudirán el que siempre, que es quitar del todo o bajar el valor de la dicha moneda”, lo que constituye, dice, un “infame latrocinio”.

No puedo menos que recordar el famoso libro de Friedrich A. Hayek Camino de servidumbre, que advertía de que las medidas intervencionistas crean efectos negativos, y que los políticos, para atajarlos, suelen adoptar nuevas intervenciones que introducen nuevos problemas. Esto había sido dicho 435 años antes por Mariana.

4) Ley de Gresham

Otro efecto negativo de rebajar el valor de la moneda sobre el legal: Lo que conocemos como ley de Gresham.

Vamos corriendo a sus palabras (Tratado, Capítulo IX): “La verdad es que el vellón, cuando es mucho, destierra la plata y la hunde; la causa porque al rey pagan sus rentas en plata, y su majestad paga juros, criados y ministros en vellón, con que se apodera de la plata, y de ahí pasa a los extranjeros”.

Es decir, el Rey no acepta la moneda rebajada por él, sino que aceptará plata, y se hará con toda la que pueda para atender sus necesidades. Pero Juan de Mariana añade aún otro motivo por el que la plata desaparecerá del mercado: “y aún la poca que queda a los vasallos no parece, porque todos quieren gastar más el vellón que la plata”. En definitiva, todos sueltan la moneda mala (el vellón) y atesoran la buena (plata).

Este fenómeno no se da en un mercado libre, en el que no tendría sentido. La Ley de Gresham (recibe el nombre por el financiero inglés Thomas Gresham), en las circunstancias que describe Mariana, se produce porque hay una moneda, el vellón, que tiene menos valor real que legal. Y por tanto decimos que es mala y por ello la gente se deshace de ella, y la lleva al mercado. Mientras que la otra, que es la que conserva el valor y por eso decimos que es buena, la atesora.

¿Dónde queda, pues, el argumento a favor de rebajar el vellón en que habrá más abundancia de plata y por tanto más prosperidad? Como ha demostrado Juan de Mariana, nada de nada.

Esta es, efectivamente, otra de las consecuencias de esta intervención en la moneda. Pero aún quedan más.

5) Se interrumpe el comercio internacional

Todo lo antedicho se refiere a la moneda de vellón. Pero Mariana, que insisto no ha escrito un panfleto sino todo un tratado de teoría monetaria, no quiere concluir el libro sin mencionar a la plata y al oro.

Dice Mariana que “A la verdad la moneda, y más la de plata, por ser tan usual y tan cómoda para todo, es el fundamento verdadero de la contratación, el cual alterado, todo sin remedio empeorará”. Y por el papel que tiene la plata también en el comercio internacional, éste se resentirá, y lo mismo ocurre con el oro.

Hemos visto cómo entre los argumentos que se aducen para adoptar esta medida está que se interrumpirá el comercio internacional. La plata, se dice, no saldrá de España, lo cual tiene el efecto positivo de que no importaremos bienes extranjeros, y con ellos los vicios y la corrupción de sus costumbres provenientes de fuera.

Este argumento no seduce a nuestro hombre, que en el Capítulo XI del Tratado, dice: “La necesidad que tiene España de las mercadurías de fuera, como de lienzos, papel, libros, metales, cueros, obrajes de toda suerte y aún a veces de trigo, y como de acá se pueden llevar mercadurías en tanta cantidad, forzosa cosa es que la plata supla su falta, porque no han de dar los extraños sus mercadurías de gracia”. Pero a falta de plata, faltarán también esos bienes que necesitamos, y que podríamos comprar de fuera con provecho.

6) Caída de los ingresos

Aún queda un argumento a favor de rebajar la moneda. El único argumento cuyos objetivos aducidos coinciden con los intereses de la Corona tal como los entiende. Y se trata de la proposición de que al hacerlo el Rey obtendrá cuantiosos beneficios, con los que podrá cubrir sus necesidades.

Pues bien, en palabras de Juan de Mariana, ni ese argumento quedará en pie. Si sigue por ese camino, advierte el autor a Felipe III y a su corruptísimo valido, un “daño irreparable”: “Que el rey mismo empobrecerá y sus rentas bajarán notablemente”.

El motivo es fácil de entender: “Porque demás que al rey no puede estar bien el daño de su reino por estar entre sí tan trabados rey y reino, claro está que si la gente empobrece, que si el comercio falta, no le podrán al rey acudir con sus rentas”, dice en el Tratado.

De ello ya le había advertido en De Regis: “Paralizado y casi suprimido el comercio y a la vez reducidos a los naturales a la indigencia que es consiguiente, es muy natural que los impuestos reales sufran graves atrasos y escaseces: y de esta manera vendrá el príncipe a sufrir las consecuencias perjudiciales de un lucro momentáneo y pequeño”.

No deja de ser notable esto que apunta Mariana. Según afirma Elena García Guerravi, Doctora en Historia Moderna y que está especializada en la historia monetaria del período, los beneficios de la corona con la acuñación de monedas de oro y plata fue superior a los que otorgaba la manipulación de la moneda de vellón, pero éste es un beneficio inmediato y seguro.

Y, según decía Juan de Mariana, inmediato y seguro, pero pasajero y con un alto coste.

7) Odio

Aún tendrá un efecto más, éste de carácter político. El robo generalizado del pueblo, y el caos económico resultante, llevarán al repudio del rey por el pueblo. Dice Mariana en su Tratado: “Quiero concluir con representar el mayor inconveniente de todos, que es el odio común en que forzosamente incurrirá el príncipe por esta causa”. Este juicio adquiere en su obra una especial importancia, ya que Juan de Mariana dice que el poder legítimo del rey proviene del consentimiento del pueblo.

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