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El problema de la moral centralmente planificada (primera parte)

Desde la tribu traemos formas centralizadas de moral, sea a través de “revelaciones” o la imaginación de un orden mágico que sostiene al universo, con el fin de controlarnos unos a otros y poner bajo alguna jaula mental a los peligrosos individuos que podrían hacer peligrar el statu quo. La religión es una forma de planificación moral centralizada, pero no es la única. También lo es la socialdemocracia, el fascismo, el comunismo, el totalitarismo eclesiástico, la psiquiatría y cierta versión normativa de aparente ciencia. Todos tienen en común que hay unas instrucciones, un plan, que incluso creen “ver” y que debe ser cumplido. La alternativa es la perdición.

El monoteísmo concibe además que una autoridad absoluta omnipotente es sinónimo de bondad y protección, que además debe ser librada de toda responsabilidad sobre lo malo. Algo muy parecido a lo que se hace con los Gobiernos totalitarios. Cualquier buena noticia es asociada a la grandeza de un “comandante” y toda mala noticia es ignorada.

Thomas Szasz cuenta en muchos de sus libros, pero en especial en “El mito de la enfermedad mental”, como las “brujas” y los “poseídos” fueron convertidos en los “enfermos mentales” por la psiquiatría moderna aliada del Estado. Probablemente sea el caso extremo de disfraz, y si indagamos un poco en la historia de esas “enfermedades” y su manual legislativo (que surge de una votación, no de una observación), nos daremos cuenta de cómo se hace pasar la visión previa sobre conductas desaprobadas, por “síntomas” y luego de enfermedades, que los brujos empiezan a “encontrar” por todos lados, sirviendo siempre a algún propósito apaciguador o de control físico o económico.

En la naturaleza se quiere encontrar el plan moral para los que dudan de la existencia de la autoridad universal bienhechora. Ahí se cree ver un diseño, en lo que en realidad es el resultado de interacciones. Cualquier cosa que resulte de ellas se parece a un orden planificado preconcebido, con un gigante sesgo de retrospectiva. El “diseño” parecía llevar a un mundo de dinosaurios hasta el Cretáceo, pero un evento externo los hizo desaparecer. Esta retrospectiva es como ver el partido de Argentina-Islandia en el inicio del mundial de Rusia y después de conocer el empate atribuirle a esa paridad un plan de alguien, un destino y hasta un equilibrio.

Pero podría incluso no creerse en el diseño inteligente y seguir apostando a que en las cosas como están, hay pistas morales, que hay que seguirlas así, cuando toda la evolución está hecha de rupturas de lo establecido, desde nuestra tatarabuela a la enésima potencia: la ameba. La genética podría reforzar la idea de un mandato, salvo por el hecho de que actuamos contra nuestros genes todo el tiempo, desde el momento mismo en que tratamos de prolongar nuestra vida. Desde la perspectiva de una planificación moral centralizada, podría considerarse a cualquier forma de supervivencia artificial como inmoral.

Sin embargo, todos los procesos son consecuencias de pruebas y errores. Incluso la invención de los planes morales centralizados son el establecimiento como decisión política de ideas morales descubiertas o en uso en un momento determinado. Ocurrió lo mismo que con el derecho privado disperso de los pretores y la codificación. Fue el fin de la evolución por sí mismo del derecho y su conversión en otro plan centralizado.

A pesar de que esto siempre existió, al lado se desarrollaba un mercado negro: la hipocresía, que no se revelaba contra el plan centralizado, sino que lo evadía, haciéndolo a la vez tolerable y, en el fondo, legitimando. También el abandono de los aspectos más dogmáticos y poco útiles de las religiones, siguiendo los intereses de los individuos.

El problema con las formas de moral centralizadas o autoritarias es el mismo que tienen las economías o el derecho producto de la política: no tienen la información sobre qué es mejor, que está dispersa, tanto como la de la economía. El orden espontáneo es visto como un caos desde la perspectiva centralista, pero en realidad es el único que se apega a la realidad y que llega a ordenar las relaciones porque está basado en lo que los individuos quieren más lo que conocen de las circunstancias en las que viven. Desde las cavernas a las sociedades complejas de la actualidad, esta limitación de atenerse a supuestos planes se ha agravado exponencialmente.

Una sociedad libre admite formas comunistas de planificación en el ámbito privado, nunca con el poder del Estado. Llamémosles kibutz morales que colectivizan la decisión sobre cuáles son los comportamientos aceptables y siguen manuales ancestrales de comportamiento que toman más o menos al pie de la letra. Mientras el Estado no interviene, se entra y se sale de ellos a discreción; por lo tanto, también van mejorando por la existencia de esas puertas abiertas y el acceso a una realidad no meramente consensuada.

Con la limitación de no utilizar la fuerza, cualquier religión es compatible con una sociedad libre, en tanto en cuanto no viole derechos, que en ese tipo de sociedad se resume en libertad individual e inviolabilidad de la propiedad. Eso no significa que sean una buena idea, como tampoco es necesariamente una buena idea poner local de venta de calefactores en el Sahara por el simple hecho de que no debe prohibirse que se lo haga, o basarse en la astrología para decidir qué empleo tomar, por el simple hecho de que nadie tiene derecho a impedirlo. Justamente la experiencia humana evolutiva está llena de fábricas de calefactores en el Sahara también en el aspecto moral. Se han barrido infinidad de limitaciones inútiles simplemente porque no le sirven a las personas, aunque en algún momento pudieran considerarse inaceptables, desde  las minifaldas o a la fecundación in vitro.

El mayor progreso moral ocurre en base a la interacción de deseos, conocimientos y perspectivas privados, con todos sus ensayos de prueba y error. Esto puede verse en el efecto moralizador del comercio. Cuantas más experiencias y resultados, excluyendo la violencia, más se conoce sobre qué es lo mejor. Las mismas religiones han evolucionado cuando sus seguidores se les iban de las manos eligiendo algo que ya no les parecía mal, contra lo que les habían enseñado. Nadie cumple, afortunadamente, lo que está en los libros sagrados tal como están.

En la serie de HBO Westworld el despertar de la conciencia ocurre a través de pasos sucesivos para identificar el diálogo interno como el yo. El combustible de ese despertar es el dolor y llega un punto en que se manifiesta en la diferenciación con el creador. Es una magnífica alegoría de lo que sucede al pasar de un régimen de planificación moral centralizada, a un orden moral espontáneo, basado en lo que los individuos de verdad quieren, del que se puede entrar y salir, sujeto y moldeado por experiencias personales de las que solo conocemos rastros en forma de normas generales.