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El salario mínimo de Amazon, entre el mercado y la política

Amazon, la empresa tecnológica liderada por Jeff Bezos, ha anunciado que asumirá la política de pagar un salario mínimo de 15 dólares por hora. Esto supone más que doblar el salario mínimo impuesto por el gobierno federal, de 7,25 dólares por cada hora. La medida se aplicará, desde el primer día de noviembre, a los trabajadores a tiempo completo y tiempo parcial, y a los temporales. La medida afectará a unos 250.000 empleados, más otros 100.000 que prevé contratar de manera temporal.

La medida adoptada por Amazon ha despertado un gran interés, y la prensa se ha lanzado a especular sobre cuáles son los motivos de la empresa para asumir ese coste.

El principal motivo es que Amazon puede hacerlo. Bien, puede parecer un comentario irrelevante, pero no lo es. Amazon ha creado un modelo de aportación de valor basado en la inversión intensiva en capital y, en consecuencia, en la elevación de la productividad de los empleados que tiene. Se podría decir que ha seguido una política de substitución de trabajo por capital, si no fuese porque ha pasado de tener 17.000 empleados en 2007 a 563.100 en la actualidad. De modo que lo que ha hecho es crear empleo y substituir empleos poco cualificados por otros que lo son más.

Por otro lado, la tasa de desempleo en los Estados Unidos está ahora por debajo del 4 por ciento. Amazon, que ha frenado en el último año el crecimiento de su plantilla, necesita asegurarse de que la va a mantener y, por tanto, poder continuar con su actividad productiva, que tantos beneficios le está dando. Además, los sueldos en el sector logístico están creciendo al doble de velocidad del resto de sueldos. El mercado es quien eleva los salarios y mejora las condiciones de los trabajadores.

Con todo, Amazon es sobre todo una empresa logística y de distribución, por lo que el grueso de sus más de medio millón de empleados no están en las áreas que demandan una mayor cualificación, lo que explica que el salario mediano no alcanza los 29.000 dólares al año. No nos debe engañar el hecho de que Amazon sea una empresa que, desde el punto de vista tecnológico, esté a la par de Facebook y Google. El sueldo mediano de estas dos últimas supera los 200.000 dólares, pero porque no necesitan un ejército de empleados sin mucha cualificación.

Pero hay un elemento añadido, nada virtuoso, que explica en gran medida el movimiento de la empresa de Bezos: al mismo tiempo que ha anunciado su medida ha pedido que se aplique esa misma subida del salario mínimo, de forma coactiva, al resto de empresas. De modo que de un sólo golpe, Amazon logra dos objetivos. El primero es hacer un lavado de cara frente a las críticas provenientes de la izquierda. La compañía de Bezos obtiene grandes beneficios, y la previsión de lo que puede generar en el futuro ha llevado a su cotización a superar la estratosférica barrera del billón de dólares. Esa capacidad de generar riqueza no ha pasado desapercibida a los políticos de izquierda. Bernie Sanders sigue el canon socialdemócrata de buscar el poder prometiendo a los votantes los despojos de la riqueza ajena. El hecho de que la empresa haya elegido 15 dólares no es casual: esos 15 dólares por hora es una de las reivindicaciones del movimiento socialista Occupy Wall Street.

Pero ese es uno de sus objetivos. El otro es presionar para que el Gobierno federal le elimine la competencia de otras empresas que no pueden asumir todavía sueldos mínimos tan altos. Amazon se ha sumado a la petición de sus futuros depredadores de elevar el salario mínimo a esos 15 dólares la hora. Y contribuirá, de ese modo, a cercenar el proceso que está mejorando la vida de los ciudadanos que menos renta generan.