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Hayek, Friedman y la renta mínima

Pablo Iglesias nos decía el 10 de abril en Twitter que urge “impulsar un Ingreso Mínimo Vital Puente para dar seguridad a miles de hogares que no pueden esperar más.” El Más País de Errejón se presentó a las elecciones con un programa electoral donde prometía implementar una renta que “garantice un suelo de ingresos a todas las personas que se encuentren por debajo de los 600 euros”. Y el ministro Escrivá en entrevista a El País el día 13, también de abril, declaraba que el ingreso mínimo “va a ser estructural, permanente, viene para quedarse”.

Este debate sobre una renta universal, una renta mínima o básica ha sido muy recurrente en la confrontación política y en las campañas electorales del último lustro. Pero ¿qué dicen los autores liberales al respecto?

En el segundo volumen de Derecho, legislación y libertad: El espejismo de la justicia social, Hayek afirmaba que no existe razón para que en una sociedad libre “el Gobierno no se ocupe de facilitar oportuna ayuda ante la estricta necesidad garantizando de manera general un mínimo nivel de ingresos, ni para que deje de establecerse un umbral de bienestar por debajo del cual nadie se vea obligado a permanecer. Arbitrar tal tipo de garantías contra el infortunio extremo ha de redundar, sin duda, en beneficio de todos”.

Milton Friedman, en Capitalismo y Libertad, apuesta por un impuesto negativo sobre la renta. El concepto de impuesto negativo consiste en un subsidio o renta garantizada para todos los ciudadanos sin ingresos, o con ingresos por debajo de algún nivel mínimo, que irá desapareciendo si la persona que lo percibe comienza a aumentarlos.

Puede resultar sorprendente leer de estos dos pensadores afirmaciones del estilo “no existe razón alguna […] para que el Gobierno se ocupe de facilitar la oportuna ayuda” y pudiera llevarnos a pensar que comparten las mismas ideas en este tema que autores como Philippe van Parijs, Robert van der Veen, el vicepresidente segundo del Gobierno, el discípulo de amado de Laclau o el expresidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal.

Pero no es así, no nos confundamos porque todos hablen en algún momento de su obra, discurso o trabajos técnicos de garantizar por parte del Estado unos ingresos mínimos a aquellos que se encuentran en una situación de necesidad.

En primer lugar, y si atendemos a la obra de Hayek, su defensa de una ayuda por parte del Estado para aquellas personas que no tienen ingresos o que, aún teniéndolos, no son suficientes para sostenerse con una cierta dignidad; contrasta con sus tesis sobre la Justicia y el Estado de derecho. Según su concepción del Estado de derecho, y como apunta en Camino de Servidumbre, el uso de los poderes coercitivos del Estado debe estar regulado por normas preestablecidas. Con lo cual, el Estado se limitará a establecer reglas aplicables a tipos generales de situaciones en las que todos nos podríamos encontrar, pero cuyos efectos en un caso concreto serían imposibles de determinar.

Aquí encontramos la primera diferencia, por ejemplo, con lo apuntado por el ministro Escrivá en sus declaraciones del día 17 de abril en Herrera en Cope. Según el ministro, el instrumento legal que regirá la futura renta mínima se caracterizará por atender a la casuística del posible millón de beneficiarios.

Para Hayek, y en palabras de Caridad Velarde en su libro Hayek: una teoría de la Justicia, la Moral y el Derecho, el orden económico no sufre porque al margen de él se salga al paso de las necesidades particulares de determinados individuos. Lo que propone es que se evite que los mecanismos del mercado se utilicen para la solución de problemas concretos; ya que, de esta forma quedaría viciada su misión y su funcionamiento.

En cuanto al concepto de renta mínima de Friedman, bajo el nombre de impuesto negativo sobre la renta. Es importante realizar varios apuntes prácticos que van más allá del mundo teórico y de las ideas de Hayek. En este impuesto será la Agencia Tributaria quién pagará al ciudadano con un tipo único y eliminando los beneficios fiscales. Además, lo concibe como un subsidio en dinero efectivo, y no a través de la promesa de la prestación de servicios públicos; tiene el objetivo de aumentar la libertad de acción de los beneficiarios, ahorrar costes administrativos y evitar aquellas situaciones en las que una persona subsidiada no trabaja, o trabaja menos de lo que podría, por miedo a perder su subsidio.

La idea de aumentar la libertad de acción del subsidiado en la elección de los servicios en los que quiere emplear su dinero, se sustenta en la premisa de que, ante los fallos de mercado, el Estado debe promover el bien común cuidándose de hacerlo con carácter monopolístico y amenazando al sistema de mercado. Por lo tanto, el impuesto negativo sobre la renta, al igual que sus famosos cheques escolares, lo que pretenden es que se mantengan los mecanismos de competencia por parte de los prestadores de servicios.

Volviendo al ministro Escrivá, y su proyecto de ingreso mínimo vital, sí que comparte un punto de similitud conceptual con los objetivos que se proponía Friedman en su impuesto negativo. El de evitar aquellas situaciones en las que una persona subsidiada no trabaja por miedo a perder la prestación. En la misma entrevista que mencionamos, destacó que la futura renta pretende fomentar la búsqueda de empleo. Por lo tanto, propone que no se extinga inmediatamente después de encontrar un trabajo sino cuando se disponga de una situación económica estable.

Pero, teniendo en cuenta que comparte Consejo de Ministros y está trabajando mano a mano en este nuevo subsidio con el autor de Disputar la Democracia. Un libro donde el vicepresidente segundo tiene un capítulo titulado “Power is power ¿Ajedrez o boxeo?”, donde se puede leer:

“Lo que hemos visto en América Latina en las últimas décadas es ajedrez y voluntad, esto es, la asunción, por parte de la izquierda y de los movimientos populares, de estrategias electorales para el ejercicio de al menos una parte del poder del Estado, algo que debe ser además nuestra referencia fundamental, a la vista de sus notables resultados. […] Los Gobiernos progresistas latinoamericanos están lejos de haber acabado con el capitalismo y las injusticias derivadas del mismo, pero han jugado al ajedrez con habilidad logrando importantes avances. Con todo, aunque solo podamos jugar al ajedrez, nunca hay que olvidar que power is power”.

Cabe preguntarse: ¿cómo evitará que la futura renta mínima vital se convierta en un subsidio que forme parte de la estrategia electoral para el ejercicio de una parte del poder del Estado? ¿Le permitirán al ministro sus compañeros del consejo evitar aquellas situaciones en las que una persona subsidiada no trabaja, o trabaja menos de lo que podría, por miedo a perder su subsidio? Recordemos que el atavismo y el tribalismo, ya sea en su vertiente socialista o conservadora, pone límites a la libertad y al crecimiento de la sociedad abierta.