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Inmigración (XXVI): seis expatriados por cada emiratí

“Es extraño que pequeños Estados como Singapur o los Emiratos Árabes Unidos acojan proporcionalmente a mayores flujos de inmigrantes que extensos Estados como EE UU o los de Europa occidental, mejor protegidos y con menor densidad poblacional”. Kerry Howley.

El petróleo, el gas natural, el comercio y el sector inmobiliario son las fuentes principales de ingresos de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). La contratación masiva de trabajadores extranjeros empezó a darse en todos los países de la península arábiga cuando comenzaron las explotaciones petroleras intensivas a principios de los años 70 del siglo pasado.

Concretamente, los EAU dieron acogida a un número muy considerable de inmigrantes mediante la introducción de programas públicos de trabajo temporal (los denominados Kafala Sponsorship System). La mayoría de los inmigrantes viven hoy en sus ciudades principales como Dubai, Abu Dhabi o Sharjah. Son trabajadores tanto de poca como de alta cualificación. El país es un gran señuelo que sigue atrayendo cada año de forma creciente a los extranjeros por las interesantes ofertas de trabajo que existen allí.

La forma actual de gobierno en los Emiratos Árabes Unidos (EAU) es una monarquía federal absoluta. Está compuesta por siete territorios federales conocidos como emiratos. Tras el fin del protectorado del Reino Unido en diciembre de 1971, seis jeques (luego se les unió un séptimo) formaron ese mismo año una unión federal. Tienen unificadas a partir de entonces las fuerzas armadas, la política exterior, la emisión de moneda y su membresía dentro de la OPEP pero cada emirato conserva una considerable autonomía política, judicial y económica.

Más inmigrantes que emiratíes en los EAU

Los EAU son extremadamente abiertos en asuntos migratorios. Esto ha dado lugar a una inmigración muy numerosa procedente de todas partes del mundo. A resultas de ello, los emiratíes nativos son minoría en su propio país. De los 9,2 millones de habitantes que hay censado según últimos datos de 2013 en los EAU, los nacionales representan sólo el 15% de la población (1,4 millones de emiratíes) frente a los extranjeros que suponen el 85% de la población restante (7,8 millones). Esto sin contar con la inmigración ilegal, por lo que podría dar una proporción de seis inmigrantes aproximadamente por emiratí viviendo en los EAU.

La comunidad india constituye, con diferencia, el grupo más numeroso de la población total del país. Se calcula que viven allí casi tres millones de inmigrantes procedentes de la península del Indostán (en su mayoría de los estados del sur de Kerala y Tamil Nadu). Suponen cerca del 30% de la población total del país.

Los pakistaníes son el segundo grupo étnico más grande de los EAU con una población de más de 1,2 millones; se trata de la tercera mayor comunidad paquistaní en el extranjero, por detrás de la diáspora paquistaní en Arabia Saudí y el Reino Unido. Por su parte, los inmigrantes de Bangladesh forman la tercera comunidad extranjera más numerosa en los EAU con un millón de ellos aproximadamente. Asimismo destacan el más de medio millón tanto de filipinos como de egipcios en los EAU; por debajo de esa cifra hay inmigrantes de una cincuentena larga de países diversos. Todo ellos están distribuidos en los distintos emiratos. Los inmigrantes están abrumadoramente presentes en todos los sitios habitables del país. Pocos nativos se sienten gravemente amenazados por ello. La presencia de extranjeros forma parte del entorno local.

Migrantes temporales, una tendencia regional

La gran mayoría de los inmigrantes que trabajan en los EAU son temporales. Esto mismo sucede también con el resto de países del Golfo. Estos extranjeros no trabajan allí con vocación de permanencia ya que lo hacen en paralelo a la cultura y sociedad locales, no como parte de las mismas. No reciben tampoco ayudas públicas ni tienen derechos políticos reconocidos. Esto hace que su número se pueda incrementar todos los años de manera exponencial. Tomada la zona en su conjunto (Bahrain, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí y los EAU), la población total regional pasó de unos 9,8 millones de habitantes en 1975 (con una proporción de 90,3% nacidos nativos y 9,7% nacidos en el extranjero) a más de 41 millones en 2010 (57,3% nacidos nativos y 42,7% nacidos en el extranjero), siendo los EAU los campeones en dicho ratio de trabajadores expatriados como hemos reseñado antes.

Los emiratíes viven a cuerpo de rey, comparten además un sentimiento de superioridad frente a los de fuera. En general, los empleos públicos son desempeñados por los nativos y los privados por los extranjeros. La tendencia ha sido tan fuerte que el propio gobierno ha implementado políticas de “emiratización” para fomentar a sus nacionales el pasarse al sector privado pues se teme que haya una desconexión demasiado acusada entre ambos mundos. Se ha impuesto, por tanto, a las empresas la obligación de contratar un cupo mínimo de emiratíes en sus respectivas plantillas.

Pese a esa separación y jerarquización entre nativos y extranjeros, las formas tradicionales de gobernar y las costumbres locales coexisten con la globalización y se ven influidas por ella. El principal catalizador de la modernización económica y social del país es la presencia y el trabajo de una numerosísima población migrante que reside en los Emiratos Árabes Unidos. No obstante, hay todavía no pocos desafíos a los que los EAU deben hacer frente.

Abusos inaceptables en el sistema de patrocinio Kafala

La mayor deficiencia en la contratación del sistema de patrocinio de extranjeros en los EAU es que el permiso de residencia del inmigrante queda ligado por completo al patrocinador o empleador por lo que se limita totalmente la movilidad del trabajador y su poder de negociación; asimismo este sistema incita al trabajador extranjero a pasarse a la clandestinidad si toma la decisión de fugarse de su empleador en caso de sufrir abusos o preferir trabajar en negro para otro empleador.

Hay constatación de violaciones serias contra los derechos humanos de inmigrantes en algunos sectores de los EAU (sobre todo en el servicio doméstico) y abusos en otras industrias como las malas condiciones de trabajo, la confiscación del pasaporte por parte del empleador/patrocinador o la denegación del pago de salarios. El gobierno ha hecho tímidos progresos tales como permitir la entrada a observadores imparciales como la Human Rights Watch, instaurar el descanso del mediodía en trabajos al exterior (desde 2005) para evitar lesiones por quemaduras solares, prohibir la práctica de la confiscación de pasaportes por parte del empleador o la puesta a punto del sistema obligatorio de pago electrónico y automático de salarios (desde 2009) excepto para trabajadores del servicio doméstico.

Programas de amnistía para ilegales y naturalización para legales

El gobierno de los EAU es relativamente tolerante con la existencia de trabajadores irregulares en su territorio. Ha lanzado diversos programas de amnistía (2007 o 2012) para facilitar la regularización de aquellos trabajadores en situación de ilegalidad.

No está descartada por completo la naturalización de los inmigrantes, pero sus requisitos son mucho más estrictos que en otros países. Según la Ley Federal de los Emiratos Árabes Unidos, un inmigrante puede solicitar la ciudadanía emiratí después de haber residido en los Emiratos Árabes Unidos durante 20 años de forma ininterrumpida, siempre que no haya sido condenado por ningún delito y pueda hablar con fluidez el árabe.

La tendencia a la relativamente fácil acogida de inmigrantes temporales seguirá siendo lo predominante no solo en los EAU sino en todos los países del Golfo. Para algunos occidentales les resultará odioso el racismo con que los nativos de estos países tratan a los trabajadores extranjeros (sean o no cualificados), pero lo cierto es que allí nadie va obligado y permite enriquecerse a los cualificados y ganarse bien la vida a millones de pobres trabajadores que allí acuden. Me parece que no deberíamos criticarles tan sobradamente desde los países occidentales cuando imponemos al inmigrante mil barreras de acceso pese a otorgarle más fácilmente la ciudadanía y la igualdad de derechos al foráneo trabajador que consigue finalmente establecerse entre nosotros tras una férrea (y, a veces, mortal) criba en la frontera. 


Este comentario es parte de una serie acerca de los beneficios de la libertad de inmigración. Para una lectura completa de la serie, ver también: I,IIIIIIVVVIVIIVIIIIXXXIXIIXIIIXIVXVXVIXVIIXVIIIXIXXXXXIXXIIXXIII, XXIV y XXV.